Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/12/27 00:00

Historia de la llegada al poder de una travesti

Por primera vez en Colombia y tal vez por primera vez en el mundo, una travesti es elegida en la junta directiva de un partido político de izquierda

Diana es miembro del Polo Democrático Alternativo aun cuando para inscribirse como tal debiera llamarse William Enrique.

William Enrique Navarro San Juan se describe a sí misma como una ella, un hombre homosexual, travesti y puta. Le gusta pensarse y que la llamen Diana. No se asume una trabajadora sexual porque considera que en este país no puede serlo, ya que las de su profesión no tienen el reconocimiento y el estatus que otorga todos los derechos de los que goza un trabajador que con menos esfuerzo vende su cerebro o está en otro campo laboral.

Diana es miembro del Polo Democrático Alternativo aun cuando para inscribirse como tal debiera llamarse William Enrique, ya que por no haberse operado y ser reconocida como “femenina” en su documento de identidad, cada día, al leerlo, se sienta estigmatizada y vulnerada porque el Estado ha querido negarle la posibilidad de ser lo que realmente está siendo. Es una líder activa del Polo de Rosa, el sector Lgbt de dicho partido.

Su liderazgo se inició muy temprano cuando siendo estudiante en el Instituto La Salle de Barranquilla se asumiera homosexual y algo femenina. Precisamente por vestir una prenda diseñada por ella misma uno de sus maestros, llamado Ángel de la Hoz, fue el primer “demonio” que la presionara para que fuera “todo un varón”y la separara socialmente del grupo de sus compañeros de estudio, quienes nunca la rechazaron,

Ella es una travesti, así prefiere denominarse, pero en la lucha política en una transgenerísta, ha aceptado dicha denominación a regañadientes porque es el término aprobado en el sector Lgbt y porque es el “políticamente correcto”. Reconoce que el trabajo político en estos temas es incipiente, que éste debe evolucionar y de ahí su decisión de, con sus compañeros de la ONG Conspira, hacerse participante activa en el Polo.

Se niega a hacer la política tradicional del manzanillismo y la sonrisa fingida, no desea “lamerle la suela del zapato a ningún líder político” y menos aun, aceptar la doble moral que algunos le piden cuando le exigen ser “menos evidente”. Prefiere ser auténtica, nunca negarse ni negar lo que es, lo que le interesa y de lo que vive.

Precisamente por ser puta y travesti se inicia su reconocimiento social y político. Lo logra siendo líder de las personas en el ejercicio de la prostitución y participando activamente en la decisión de la construcción de las “zona de alto impacto” del barrio Santa Fe, en Bogotá. De allí pasa a la Mesa Lgbt de Bogotá y posteriormente al Polo de Rosa.

Para Diana, estar en un grupo político tiene ganancias: puede hacer presencia; demostrar que las travestis no solo deben ser reconocidas por ser prostitutas, peluqueras o artistas sino seres con múltiples cualidades y posibilidades, ciudadanos, sujetos de derechos y seres políticos. Quiere que los suyos sean aceptados como un sector social con plenitud de derechos y posibilidades, que a ella se le reconozca su trabajo con uno de los sectores más estigmatizados, el de las prostitutas y prostitutos, como un trabajo igualmente político que el de otros lideres trabajando en otros temas, pero además, exige que se dé una participación mucho más activa a la minoría más minoritaria, la de los y las tras.

Le gusta trabajar con Gaviria porque reconoce en él el respeto activo, su capacidad por validar la diferencia y la aceptación de todas las diversidades. Prefiere transformar todas sus diferencias en ventajas y dar un sentido a todas las coyunturas internacionales y nacionales como las políticas en algunas ciudades para los sectores Lgbt o la discusión del proyecto de ley sobre las parejas del mismo sexo.

En la junta directiva del Polo Democrático Alternativo es igualmente la minoría más minoritaria, es la única travesti dentro de las ocho personas que en representación de los y las Lgbt de todos los nodos del país fueron elegidos democráticamente para dicho cargo. Lo suyo no debe reconocerse como una acción afirmativa de los excluidos y las excluidas sino como una necesidad vital en un partido en cuyo nombre se recalca la alternatividad.

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