Domingo, 22 de enero de 2017

| 2003/11/03 00:00

Homenaje a un grande

El maestro del cine italiano Federico Fellini, murió hace diez años, después de convertirse en un hito del séptimo arte. Hoy el mundo le rinde un homenaje.

El cine recuerda por estos días a Federico Fellini. Roma, Nueva York y su natal Rimini le rinden un sentido homenaje al director ganador de cinco Oscares y reconocido por películas como 'Ocho y medio', 'La Strada' y 'La dolce vita'.

Luego de más de 50 años de haber comenzado su carrera, sus filmes, recordados alrededor del mundo, son objeto de estudio de todos los aprendices de director. De hecho, Woody Allen y Brian de Palma reconocen sin recato que el cineasta italiano es el inspirador de algunas de sus obras. En el caso de Allen, ello es evidente en 'Stardust Memories' y 'Manhattan'.

Para alargar la lista de reconocimientos, Fellini fue puesto en vida en la categoría de los directores más influyentes de todos los tiempos, al lado de Chaplin, Ray, Kurosawa, Welles y Eisenstein. Y además, se hizo acreedor de cinco premios Oscar, uno de ellos por su trayectoria en 1992, un año antes de su muerte.

Y es que él, nacido en 1920, logró hacer lo que ningún cineasta de su tiempo. Para comenzar, llegó al séptimo arte por accidente. Los primeros años de su vida los pasó en un circo al que llegó tras escapar de su casa. A los 17 años, publicó sus primeros dibujos, obedeciendo a una afición cultivada desde su infancia. El resultado: escenas llenas de humor y sátira que le dieron gran reconocimiento. A ese oficio se dedicó por más de una década, hasta que se topó con Roberto Rosellini en 1943, cuando le pidió hacer unos bocetos para su próxima película.

Pero no fue precisamente como dibujante que trabajó con el director, uno de los más famosos de ese entonces. Lo hizo como guionista y ayudante de dirección en las películas 'Roma, ciudad abierta' (1945) y Paisá (1946). Con la experiencia obtenida, dirigió sus primeros filmes, 'El jeque blanco' (1952) y 'Los inútiles' (1953). A partir de eso se hizo acreedor de una carrera propia, pues después llegaron 'La Strada' (1954), con la que ganó su primer premio de la Academia y 'Almas sin conciencia' (1955), solo para comenzar un larga lista (ver filmografía).

Uno de los hechos que lo hizo célebre, tiene que ver con 'La Strada', su lanzamiento al estrellato. La película, protagonizada por su esposa Giulietta Masina y Anthony Quinn no había despertado gran estupor en los críticos antes de ganar el Oscar, pues estaba filmada en blanco y negro -algo que en ese entonces era signo de atraso y decadencia- y además no contaba una historia rosa con final feliz. Pero sorprendió. Cuando se convirtió en un éxito internacional, los productores le pidieron que rodara una continuación ante la inminencia de jugosas ganancias. Fellini se negó, argumentando la necesidad de hacer películas ajenas al interés económico.

Ese desprendimiento lo lamentaría más tarde, cuando enfrentara problemas para financiar 'La Dolce vita' y además, tuviera que abandonar la filmación de 'El viaje de G. Mastorna' por falta de presupuesto a pesar de tenerla bastante adelantada. A esa película a medias le debe el nombre de otro éxito, merecedor de su tercer Oscar, 'Ocho y medio', por ser ese el número de su obra.

El director italiano también se ganó un espacio importante en el séptimo arte por sus personajes, llenos de comportamientos y experiencias autobiográficas. Era tan marcada la caracterización, que no demoraron en obtener el ostentoso calificativo de "personajes fellinianos".

También era reconocido por la dificultad que representaba trabajar con él. En varias ocasiones se vio en problemas a la hora de encontrarle un productor a sus obras y los actores nunca dieron buen testimonio de su comportamiento. Él mismo declaró en una oportunidad que "para un artista, incluso la vida sentimental es superficial. No me creo capaz de tener sentimientos profundos si no están relacionados con el cine. Soy de naturaleza apacible, pero para obtener un resultado artístico soy capaz de ser duro, cruel". De ello también puede dar fe su esposa, quien en numerosas ocasiones le dijo a los medios que lo dejaría a causa de sus recurrentes infidelidades. Pero nunca lo hizo y murió de pena moral después del fallecimiento del director, ocurrido el 31 de octubre de 1993, a causa de un ataque cerebral.

Eso ocurrió hace diez años y el mundo no podía dejar pasar el decenio de su muerte desapercibido. En Roma, por una parte, Fellini fue recordado con un concierto de las bandas sonoras de sus filmes interpretadas por célebres músicos de jazz en la Plaza del Capitolio. Así mismo, la Alcaldía organizó la muestra "La Roma de Fellini", compuesta por más de 300 fotografías de él desde que llegó a la ciudad en 1939. Además se pueden apreciar 34 de sus dibujos de mujeres realizados durante los últimos años de su vida. Estarán disponibles hasta las primeras semanas de noviembre.

En Rimini, su ciudad natal, se presentaron una serie de seminarios sobre la influencia del maestro en el séptimo arte. Además, el 30 de octubre fue inaugurada frente a su tumba una escultura monumental de arte contemporáneo del artista italiano Arnaldo Pomodoro.

En Nueva York, por último, el museo Guggenheim está proyectando todas sus películas, con copias nuevas reeditadas por los estudios romanos de Cinecitta, donde Fellini rodó la mayoría de sus películas. También está exponiendo una serie de dibujos realizados por él. Algunos son inéditos. Se trata de 70 retratos de personajes, artistas y gente común que lo inspiró a lo largo de más de 40 años de carrera. La muestra luego será trasladada a París.

El décimo aniversario de la muerte del Federico Fellini es tan sólo una excusa para recordar las controvertidas y sustanciosas obras que lo hicieron uno de los grandes maestros de la industria que él criticaba. Prueba de ello es una de sus tantas frases célebres, "el negocio del cine es macabro, grotesco. Es una mezcla de partido de fútbol y de burdel". Sin embargo, el arte no ahorra esfuerzos para demostrarle su cariño, admiración y respeto.

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