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| 5/9/2005 12:00:00 AM

Igualdad y transporte urbano

El ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa explica por qué un modelo de ciudad basado en el carro aumenta la desigualdad entre ricos y pobres.

Las ciudades deben tomar la decisión explícita de restringir severamente el uso del automóvil, porque de otro modo se agrava la exclusión y la desigualdad. Pocas cosas son tan efectivas para la construcción de equidad como lograr que incluso quienes tengan automóvil se movilicen en transporte público. La inversión en infraestructura vial y su mantenimiento absorbe recursos que se podrían destinar a mejorar la vida de los ciudadanos más necesitados, por ejemplo con jardines infantiles, colegios, o parques. Contrariamente a lo que se supone en principio, entre más avanzada es una ciudad, menos se usa el automóvil. Zurich es la ciudad más rica de Europa y sólo el 20 por ciento de su población se moviliza diariamente en automóvil. La situación es similar en Ámsterdam, Copenhague o Berlín. Y en Manhattan, la gran mayoría de los hogares ni siquiera tiene automóvil. La inversión en vías de alta velocidad estimula el crecimiento urbano de baja densidad en las afueras de la ciudad. Las ciudades colombianas típicas tendrían un área unas 20 veces mayor que la actual si tuvieran la densidad de la ciudad norteamericana típica. Sería imposible entonces proveer transporte público de bajo costo y alta frecuencia, por lo largo de los trayectos y el bajo número de pasajeros potenciales sobre un eje dado. Esos barrios de jardines amplios, alejados del comercio y del transporte público perjudican la movilidad de los pobres, los niños, los viejos y todos los que no dispongan de un automóvil. Son excluyentes. Cuando los grupos de ingresos altos se van a vivir en municipios aledaños, generalmente sin problemas agudos de pobreza, no contribuyen con sus impuestos locales y tarifas de servicios públicos a atender las necesidades de los pobres de la ciudad. Se agudiza así la desigualdad. Además, por supuesto los ahorros de una sociedad que no quema diariamente millones de dólares en combustible en largos trayectos de autopista desde los barrios campestres a la ciudad es más sostenible en lo ambiental y más competitiva; puede gastar más bien en cultura, restaurantes, ropa y otros bienes cuyo consumo genera más empleo y crecimiento económico. Mientras que el automóvil es un medio de diferenciación social, el uso del transporte público, la bicicleta y los espacios públicos peatonales integra a los ciudadanos en condiciones de igualdad. Entre más amable es la ciudad para los carros, menos amable es para la gente; especialmente para los más pobres, que no tienen casas amplias, jardines, clubes, vacaciones u otras alternativas distintas del espacio público. Las vías de alta velocidad son como cercas en un potrero de vacas, que encierran, amenazan, deshumanizan el entorno. Entre más lento el tráfico y más amplias las aceras, mejor es la calidad de vida de un sector. Los pasos a desnivel no sólo no son indicios de progreso, sino monumentos a la desigualdad. Salvo que hagan parte de un sistema de transporte público masivo. De todos modos los viaductos deterioran la calidad humana de la ciudad. Tratar de resolver los embotellamientos de hora pico con más infraestructura vial no sólo es regresivo porque quita recursos a soluciones para los más pobres, sino que es inútil. Los automotores siempre crecen más que los metros cuadrados de vía; y hay que recordar que para el tráfico es igual tener el doble de automotores que el mismo número de automotores que recorren el doble de la distancia, que es lo que ocurre si se les facilita más y más infraestructura vial. En Colombia los automotores matan casi 500 ciclistas anualmente. Cada ciclista que muere atropellado en una vía sin ciclorruta demuestra falta de democracia. Montar en bicicleta es más eficiente que caminar, pero es movilidad humana natural. Restringir los bicitaxis como lo ha hecho el gobierno nacional en lugar de exigir ciclorrutas es equivalente a prohibir caminar donde no hay aceras. Lo democrático sería más bien exigir andenes amplios y ciclorrutas en todas las vías. ¿Será que los únicos ciudadanos que tienen derecho a movilizarse sin peligro de muerte son aquellos que disponen de un automóvil? En las ciudades colombianas la gran mayoría de la población no dispone de un automóvil, pero están hechas para la minoría que dispone de uno. Ciclorrutas-senderos peatonales también son indispensables en las carreteras. Estamos muy preocupados por construir autopistas de doble calzada para los automovilistas de las ciudades, ignorando por completo las necesidades de los campesinos para quienes las carreteras son el camino al cultivo o la escuela. De modo que utilizando el transporte público, la bicicleta y caminando a la tienda se construye más igualdad que con muchos discursos supuestamente de izquierda. * Ex alcalde de Bogotá
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