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| 9/23/2002 12:00:00 AM

I.I. Reflexiones después de la ruptura

HERNANDO GÓMEZ BUENDIA.-Pasó lo que tenía que pasar. Se rompió el proceso de paz. Y se rompió porque estaba amarrado a la zona de distensión. Es cierto que nunca hubo un verdadero proceso de paz, pero todos perdimos con la ruptura. En adelante arreciará esta guerra, que menos que guerra es una larga matazón inútil. Los actos de las Farc serán más descaradamente criminales, igual que la respuesta de los paramilitares. Por lo demás, un proceso de paz mal planteado nos ha hecho llegar a la conclusión equivocada de que la paz negociada no es posible. Es ésta una conclusión trágica en sus resultados.

REVISTA SEMANA.-A1 poner término al proceso, el Presidente alegó que el secuestro del avión de Aires era un acto terrorista y que la zona de distensión se había convertido en un santuario para toda suerte de delitos, lo que todo el mundo sabía. Pero la razón de fondo era que al Presidente se le había agotado el espacio político. La tregua prevista para el 7 de abril era imposible. Los militares no iban a aceptar la inmovilización en un país con 34 mil homicidios al año y 3 mil secuestros. La guerrilla, por su parte, no iba a concentrar en el Caguán los efectivos de sus cien frentes, lo que abría la perspectiva de cien caguancitos, para alarma de todo el mundo. La percepción de esa alarma y la comprensión de aquellas imposibilidades llevaron al Presidente a aprovechar el secuestro del avión para producir la ruptura.

EL TIEMPO.-El proceso comenzó en medio de las angustias electorales de hace cuatro años: por eso se aceptó entregar una zona de distensión de un tamaño excesivo, sin ningún tipo de reglamentación ni de verificación. Y el proceso termina manejándose con el apremio de buscar mayorías electorales, o sea, de la misma manera que empezó.

DANIEL SAMPER PIZANO.-Lo que hizo que el Presidente decidiera liquidar el proceso no fue el incidente del avión ni el secuestro de un senador cosas que no eran ninguna novedad de parte de las Farc-, sino el clima de las encuestas adversas al proceso y favorables a la mano dura. Lo que por agua viene por agua se va. La campaña electoral de 1998 nos trajo este proceso y la del presente año se lo lleva. Se le mezcló oportunismo electoral a un tema como el de la paz que debería ser un propósito por encima de urnas y partidos.

MAURICIO VARGAS.-Lo que el Presidente hizo fue subirse de último en el tren de la historia. Colombia está viendo un auténtico levantamiento popular, pero no contra el Establecimiento-por incompetente y corrupto que sea- sino contra las guerrillas que pretenden apropiarse de una vocería popular que nadie les ha acordado.

CARLOS EDUARDO JARAMILLO.-Lo que me sorprendió fue que no se les hubiera respetado a las Farc el plazo pactado de 48 horas para desocupar la zona. Es cierto que la guerra es guerra, pero la diferencia entre el gobierno y los que delinquen es que aquél tiene que cumplir la ley y honrar sus compromisos. Por lo demás, es cierto que el Presidente tenía que romper el proceso por agotamiento del espacio político. Cuando el gobierno anunció que los acuerdos de tregua estaban avanzando, la respuesta del país fue que no debería cedérsele ni un milímetro más a la insurgencia.

[Muy pocos analistas se refirieron a lo que Carlos Eduardo Jaramillo llama el conejazo de las 48 horas. Si las Farc hubieran roto el proceso tomando presos a los negociadores del gobierno, con el argumento de que la guerra es guerra, habría sido un gran escándalo. Mucho más escandaloso, por venir del gobierno, es el ataque de éste a los guerrilleros sin darles el plazo establecido para abandonar la zona.]

EL TIEMPO.-Después de la ruptura el Presidente ha recibido un plebiscito de apoyo. Todas las miradas de un país que ha estado desgarrado por profundas divisiones convergen en este momento hacia la institucionalidad. Esto debería ser aprovechado para un cambio de rumbo. Es necesario realizar reformas sociales para combatir la pobreza y reducir la desigualdad, y hay que profundizar el carácter democrático de las instituciones. El Establecimiento debe sepultar muchas de las convicciones responsables de haber llevado al país a esta crisis.

ANTONIO CABALLERO.-Las cosas cambiarán en Colombia cuando el Establecimiento comprenda que nada se logra con combatir militarmente a la subversión, y que la victoria en la guerra no equivale a la paz. La receta de la represión es inútil. Funciona mucho mejor y es menos costosa la receta de justicia social que llevan proponiendo desde hace 50 años la izquierda exterminada y la guerrilla que se ha fortalecido gracias a ese exterminio.

RUDOLF HOMMES.-Hay que encontrar la forma de fortalecer el Estado y realizar a la vez cambios económicos profundos. Es necesario transformar el Estado colombiano en cuestión de meses para atraer a la mayoría de la población con una propuesta nacional que contribuya a restablecer el orden y a crear condiciones económicas y sociales más equitativas. Ante un conflicto que lleva más de cuarenta años, no se ha hecho nada en serio para hacerle frente.

[Aportaciones léxicas: Cachaza, colombianismo. Descaro. Tupé. Desfachatez. (Se usa con tener: tener cachaza). Ejemplos: 1. La declaración del ex presidente Gaviria ante el foro de Anif y Fedesardollo en febrero de 2001 en relación con la crisis colombiana: "La evolución del país con posterioridad a mi gobierno me ha dejado perplejo". 2. Lo expresado por Hommes. . .-aquí un extracto del anterior párrafo.]

ALFREDO RANGEL SUÁREZ.-La política tanto como la guerra tienen ahora nuevas agendas. Ya le hemos dado la oportunidad a la paz, ahora hay que dársela a la guerra. Las Fuerzas Militares ya no podrán limitarse al rutinario "control del orden público" ni la guerrilla podrá continuar simplemente su parsimoniosa "acumulación de fuerzas". Cada cual tendrá que buscar resultados políticos y militares trascendentales. Los blancos a golpear tendrán que ser más ambiciosos, las formas de operar más audaces y los resultados más contundentes. Para responder al desafío que se abre, el Estado deberá aumentar el gasto militar y el pie de fuerza y acudir a medidas legales extraordinarias.

ANTONIO CABALLERO.-Cada vez que el Ejército ha gozado de recursos y rienda suelta, el resultado de sus ofensivas contraguerrilleras ha sido el fortalecimiento de la guerrilla: las campañas persecutorias del brazo armado del Estado y de sus oscuros aliados han arrojado en brazos de la subversión a muchos de los desplazados y sobrevivientes. De ahí que las Farc no le teman a la guerra: saben que les conviene.

ANTONIO NAVARRO WOLF.-En los años 901as Farc consiguieron ventajas militares sustantivas que las inclinan a soñar con la toma del poder por las armas. De ahí que no hicieran nada por buscar la paz. Más bien propiciaron la ruptura en el convencimiento de que sus fuerzas crecerán con el enfrentamiento, como ocurrió otras veces en el pasado. Pero hoy ese cálculo es equivocado. En este momento las FFAA y los paramilitares están creciendo más que las mismas Farc. De otra parte, el gobierno va a contar con el apoyo prácticamente ilimitado de EEUU y probablemente de otros miembros de la comunidad internacional.

SEMANA.-Unas tropas mejor equipadas y lideradas ya han disuadido a la guerrilla de seguir por el camino de la "guerra de posiciones" que alguna vez intentaron. El fiasco de la columna guerrillera que trató de avanzar por el Guaviare en agosto pasado y fue detenida por la Fuerza de Despliegue Rápido es apenas un ejemplo de la mayor capacitación de las Fuerzas Armadas.

ANTONIO NAVARRO WOLF.-Está claro que la acción del ejército del aire no va a permitir las operaciones de grandes contingentes guerrilleros, a menos que éstos desarrollen una capacidad antiaérea que actualmente no tienen. La guerrilla seguirá actuando en pequeños grupos, casi imposibles de detectar y localizar, contra la infraestructura del país.

EL TIEMPO.-Nadie se atreve a negar la capacidad de las Farc para desestabilizar a través del terrorismo. Son unos 16 mil guerrilleros en un país donde circulan centenares de toneladas de dinamita de manera clandestina. Las Farc tienen además milicias urbanas que se han ido consolidando desde 1989 en Medellín, Bogotá, Cúcuta y Cartagena y que servirán como punta de lanza en cualquier ofensiva terrorista. Ante estas amenazas las acciones oficiales siempre serán insuficientes, y se requiere un Jefe del Estado que trace nuevas estrategias en lugar de ponernos en manos de San Miguel Arcángel.

REVISTA CAMBIO.-Aunque las Fuerzas Armadas están mejor que nunca, no carecen de problemas. Los 60 mil soldados profesionales y los más de 100 efectivos regulares pueden no ser suficientes para la doble tarea de combatir con la guerrilla y cuidar la infraestructura de torres, puentes, carreteras y demás. E1 apoyo internacional les permitirá sin embargo fortalecerse. En EEW no hay discusión en torno a continuar con la idea de aportar alrededor de 500 millones de dólares anuales para las tropas colombianas. El Pentágono estudia la posibilidad de realizar interceptaciones telefónicas, vigilancia aérea de movimientos humanos con aviones P3, hacer uso de radares, aviones espía y fotografías de satélites frente a cualquier sospecha de terrorismo.

SEMANA.-La guerra abierta contra la guerrilla, en la que desempeñará un papel clave la defensa de la infraestructura, exige un pie de fuerza que el ejército no tiene. De otra parte' con el fin de las negociaciones de paz cesa la presión ejercida por las Farc para que los paramilitares sean enfrentados por el Estado. Todo ello va a tener el efecto perverso de que los particulares sigan financiando a las autodefensas y que éstas continúen fortaleciéndose.

ANTONIO NAVARRO WOLF.-Por el lado paramilitar, es previsible una intensificación de sus acciones contra la población, especialmente en el sur de Colombia. Probablemente la batalla más encarnizada será la que se libre por el control de las plantaciones de coca, por su importancia como fuente de financiación de la guerra irregular.

SEMANA.-El negocio multimillonario del narcotráfico atraviesa toda la guerra, la financia, define su geografía, marca su estrategia militar y amenaza perpetuarla. Durante el proceso de paz este tema no fue abordado, por lo que puede decirse que la negociación nunca despegó.

ANTONIO CABALLERO.-Ahora está de moda achacarle la existencia de la subversión al negocio del narcotráfico. Pero éste no es la causa del fenómeno de la guerrilla ni está en su origen. Y si las guerrillas se han multiplicado no es gracias al narcotráfico sino a la guerra-aunque es verdad que el narcotráfico alimenta a las guerrillas, tanto como a las autodefensas paramilitares.

SEMANA.-Más que las armas o la ideología, el narcotráfico es el verdadero combustible de la confrontación armada en Colombia. Paramilitares y guerrilleros derivan de esa industria ilícita más de la mitad de sus finanzas. La conformación de sus fuerzas ha obedecido a una lógica territorial relacionada con el negocio de la droga. El Catatumbo y el Putumayo son ejemplos de regiones donde esos dos bandos se disputan el control de más de 70 mil hectáreas. El mapa de la guerra en Colombia se superpone al de los cultivos y la ruta del tráfico de la coca ya procesada. De ahí que Urabá sea hoy uno de los bastiones más codiciados por ambos bandos. Si bien es cierto que la extirpación del narcotráfico no es condición imprescindible para lograr la paz, es un hecho que mientras no se ataque eficazmente este frente los grupos armados seguirán existiendo.

EL TIEMPO.-Con la presión de EEUU empezó en 1995 una fuerte campaña contra los cultivadores de coca en Perú y Bolivia con un éxito fulminante: los cultivos en ambos países se redujeron a menos de la tercera parte. Ese éxito fue tan sólo aparente, porque en el mismo lapso esos cultivos se multiplicaron en Colombia por más de tres (de 50.900 hectáreas en 1995 a 163.000 en 2000). Las cerca de cien mil hectáreas fumigadas el año pasado en pleno avance del Plan Colombia dejaron las cosas como estaban: se calcula que sigue habiendo, mal contadas, las mismas 160.000 hectáreas. La campaña punitiva en Perú y Bolivia todo lo que logró fue cambiar de lugar los cocales. El haber convertido a Colombia en centro de producción de drogas ilícitas es la fuente de buena parte de los males y la violencia que aquejan al país, de lo tortuoso del proceso de paz y del fortalecimiento sin precedentes de los paramilitares y la guerrilla. Antes, cuando aquí nos ocupábamos de la elaboración y transporte de la droga, el negocio era urbano. Hoy está en manos de quienes se desenvuelven en el monte. Se siembra donde hay condiciones. ¿Y qué mejor que una jungla tropical llena de grupos armados para cuidar cultivos y laboratorios? En la cadena global del narcotráfico países como Colombia son apenas el eslabón más débil. Mientras un kilo valga 25 mil dólares en EEW siempre habrá cultivos y tráfico, y allí donde éstos se localicen habrá armas, violencia e inestabilidad política e institucional. Para que cese la destrucción de nuestro país por cuenta de la droga es necesario que los países consumidores se decidan a legalizar y reglamentar el consumo-y afrontar con políticas de salud pública el problema de sus jóvenes consumidores.

[Uno desearía que el excelente editorial de El Tiempo de febrero 24 de 2002, aquí extractado, fuera base de la posición oficial de Colombia ante organismos y foros internacionales.]

MARIANO AGUIRRE.-Lo que puede ocurrir ahora es que EEW incluya a Colombia dentro de su plan de lucha contra el terrorismo. Para ello, podría asimilar su caso al de Afganistán apoyándose en tres factores: la droga, la dispersión de los actores armados y la importancia geopolítica del país. Si EEW adopta una política agresiva de acuerdo con esos términos, Europa no podría levantar más su voz.

JUAN MARIÁTEGUI.-La afganización de Colombia y de toda América del Sur puede perturbar el proceso democrático en la región. De acuerdo con la política de lucha a escala global contra el terrorismo, Bush se propone conseguir que los países andinos acepten la instalación de una base militar estadounidense en territorio peruano, con miras a lo que ocurre en Colombia.

EL TIEMPO.-La mayoría de los colombianos, que en estos últimos años soñaban con la paz' hoy coquetean con otra ilusión: la de acabar el conflicto por la vía militar. Habría que recordarles a los que sueñan con esta posibilidad que todos los conflictos de este tipo terminan en la mesa de negociaciones.

ANTONIO CABALLERO.-Comparto el lúgubre pronóstico del candidato presidencial Lucho Garzón: el gobierno y la guerrilla se volverán a ver las caras en una mesa de negociación después de otro millón de muertos.

ANTONIO NAVARRO WOLF.-Estoy seguro de que volverá a haber negociaciones de paz cuando todos descubran que aquí nadie derrota totalmente a su adversario. Las condiciones para esa nueva negociación dependerán de lo que pase en el terreno militar de ahora en adelante.

ALFREDO RANGEL SUÁREZ.-La guerra tiene como última función barajar nuevas condiciones para reiniciar conversaciones de paz. El esfuerzo militar que las partes realicen tendrá consecuencias políticas absolutamente críticas. Ello definirá el tipo de proceso de paz que tendremos en el futuro. Si el pulso militar se resuelve en favor del Estado, la negociación se realizaría en medio de una tregua y la guerrilla se inmovilizaría en pocas y pequeñas zonas desmilitarizadas, con verificación internacional. Si gana la guerrilla, se negociaría sin cese al fuego, la zona del Caguán se mantendría o se ampliaría y los acuerdos alcanzados tendrían que ser ejecutados de inmediato por el Estado bajo la supervisión armada de la insurgencia.

EL TIEMPO.-El reto del Estado es mantenerse dentro de la institucionalidad para ganar la legitimidad ante la población colombiana y decirle así a la guerrilla que se equivoca al soñar con victorias militares y que es preciso trabajar por una negociación política seria y realista.

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