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| 10/18/2006 12:00:00 AM

Indígenas, tristeza y muerte

Mow be, el líder e interlocutor de los Nukak Makú, se suicidó al no poder ayudar a su pueblo a regresar a lo profundo de la selva. Esta es la angustiante historia de la última tribu nómada de Colombia.

Mow be, el líder de la última tribu nómada de Colombia, los Nukak Makú, se suicidó al no poder encontrar una solución rápida y efectiva a la situación de desplazamiento por la que está atravesando su pueblo, que ahora se encuentra concentrado en un casco urbano de San José del Guaviare contrario a la tradición de caminantes que anida en sus espíritus. La información fue confirmada por la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, en un comunicado, el líder falleció en un hospital de Villavicencio.

Mow be fue líder desde niño en su pueblo. Con tan sólo 7 años presenció el primer desplazamiento forzado cuando salió de la selva con otros 243 Nukak en busca de bienestar y seguridad para su tribu, que empezó a ser víctima de la violencia y de extrañas enfermedades. Su padre murió y en 1990, él, y sus hermanos se quedaron con los colonos, junto a ellos Mow Be, asumió el nombre de Belisario y aprendió el español. Cuando creció decidió regresar con su tribu y allí se casó con una mujer de su grupo Nukak, y desde entonces, al ser el único que hablaba bien el español, se convirtió en la voz oficial de su pueblo.

Desde que los Nukak empezaron a extinguirse hace poco más de 15 años, este líder se abanderó de la lucha ante el Estado por los derechos de su comunidad. Los últimos días de su vida estuvo dedicado a solicitar por todos los medios posibles los recursos para que los 160 Nukak que se encuentran alojados por el gobierno en San José del Guaviare en la reserva forestal del Barracón, pudieran regresar a sus tierras pues están sumidos en una profunda depresión por la inconformidad con las características del territorio donde se encuentran.“Mow be, estuvo en Bogotá para hacer oír su pedido. Después nos llamaba urgentemente por teléfono para preguntar qué habíamos conseguido, se le sentía desesperado”, dijo a SEMANA.COM Luis Ebelis Andrade, director de la Onic.

Los Nukak se quieren marchar porque dicen que en el actual territorio donde fueron alojados se sienten encerrados en una pequeña selva. Dicen que el espacio que tienen allí no es suficiente para moverse, para avanzar, para cazar, y para llevar su vida de grupo normalmente, por eso asumen la responsabilidad de llegar a su tierra pese a la actual situación de conflicto.

En vista del etnocidio que en los últimos años se ha cometido con los Nukak, el gobierno decidió ubicar a los indígenas de manera transitoria en Puerto Ospina, en el Guaviare, con el fin de que retomaran el camino por sus propios medios a su territorio. Pero, hoy los Nukak se quejan de que su pueblo ya ha sido víctima de muchos cambios, dentro de este grupo de indígenas hay varios ancianos que ya no son capaces de desplazarse hasta su territorio natal caminando, pues el viaje a pie, como acostumbraban hacerlo en otras épocas, tardaría más de seis meses.

Los indígenas piden otras soluciones, según Ebelis Andrade, lo que el gobierno ha hecho hasta el momento no ha sido suficiente. “Esas no son las respuestas que necesita el pueblo Nukak, eso han sido estrategias paliativas, no ha habido una estrategia de solución a sus problemáticas, no se ha procurado el respeto a las etnias, y eso es lo que reclaman los Nukak”.

“El pueblo empezó a exigirle demasiado, le cargaban la responsabilidad de no interlocutar bien. Él sólo pedía algunos recursos para conseguir las lanchas para poderse irse junto a su grupo para su territorio, decía que estaba desesperado que el pueblo lo estaba presionando y que no sabía qué hacer, tal vez esa fue la única solución que encontró”, puntualizó Andrade.

Los Nukak fueron contactados por primera vez en 1988, para entonces este grupo étnico sumaba por lo menos, 1.300 indígenas, pero ahora son menos de 500. El diagnóstico es desalentador. Mow Be, su voz ante el país, se suicidó por su impotencia para remediar la situación por la que atravesaba su pueblo y el desespero de no poder atender a las peticiones que todos los Nukak le hacían.
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