Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/11/1980 12:00:00 AM

Intentar morir y fracasar en el intento

Las mujeres en Bogotá atentan más contra su vida pero mueren menos que los hombres. María Mercedes Tello explica por qué las mujeres fracasan en sus intentos de suicidio.

El mapa de los suicidios de Carolina Ortiz* está grabado en su piel. Surcos y rayas en sus brazos y cuello quedaron como huellas de una carrera que le ganó a la muerte: nunca fueron suficientes ni la cuchilla de afeitar, ni la navaja del abuelo.

Carolina es una joven de 17 años, delgada, de cabello corto con mechones rojos y mirada esquiva. Parece una adolescente bogotana promedio salvo porque lleva cuatro intentos de suicidio a cuestas. La primera vez que intentó acabar con su vida fue hace cuatro años, cuando su mamá la descubrió besándose con su vecina de apartamento. Escandalizados, sus papás decidieron cambiar de barrio y a Carolina el mundo se le vino encima. Desde entonces, su padre la mira con desconfianza y su mamá no le permite salir sola ni un minuto. Adicionalmente, el teléfono de la familia Ortiz es controlado por la empleada doméstica, que tiene orden de no pasarle llamadas de mujeres que no sean previamente aprobadas por la mamá.

La vigilancia familiar se volvió insoportable. Una tarde Carolina no aguantó más y se cortó las muñecas. Paradójicamente, gracias a esa misma vigilancia se salvó. Al darse cuenta la madre de que Carolina no salía del baño y tampoco respondía a sus llamados, violentó la cerradura. La jovencita se hallaba sentada en el piso de la ducha llorando, rodeada de sangre.

La mamá cuenta que la ha llevado al psiquiatra, al psicólogo e incluso al sacerdote en busca de ayuda. Tras el último intento de suicidio de Carolina, un médico le preguntó si sabía algo de las amistades de su hija. Ella enfatizó que su niña era muy juiciosa y que no le gustaba tener amigos, ni novio, porque le hacían perder el tiempo. "Siempre ha sido tan juiciosa, tan responsable con el estudio", dice su mamá, que no se explica por qué su Carito quiere matarse.

La misma pregunta la hizo el psicólogo que la atendió por primera vez. "El tipo quería hacerme creer que ella era gay. Como si a los 13 años a una niña le pasaran esos pensamientos por la cabeza", dice su madre para explicar por qué no volvieron a la terapia.

Carolina trata de encontrar respuestas a lo que le sucede. No le gustan todas las chicas, no se considera gay, pero no puede olvidar a su vecina de apartamento. Para Carolina, ella era la única persona en el mundo que la comprendía.

Fracasar en el intento

La historia de los intentos de suicidio de Carolina es una de las tantas que se viven en Bogotá, donde muchas mujeres, llevadas por la depresión, tratan de quitarse la vida aunque su objetivo no siempre es morir.

En los cinco primeros meses de 2003, la Secretaría de Salud de Bogotá registró 362 intentos de suicidio, el 60 por ciento de ellos practicados por mujeres. Sin embargo, sólo una mujer por cada cinco hombres murió por su propia mano.

¿Por qué las mujeres intentan suicidarse más que los hombres pero fracasan más que ellos en su intento?

Bogotá no es ajena a los problemas que acompañan el desarrollo acelerado de las ciudades. El estrés, el hacinamiento, la soledad y la ansiedad hacen parte de la vida de la gente. La depresión, la peste de las ciudades en este siglo, contagia por igual a hombres y mujeres pero cada género la enfrenta de manera diferente.

Aunque no se han realizado estudios profundos sobre las causas que llevan a las mujeres a fallar en sus intentos de suicidio, el doctor Henry Alejo Alejo, psicólogo epidemiólogo de la Secretaría de Salud Pública de Bogotá, se atrevió a dar una hipótesis relacionada con factores culturales. Específicamente, con las ideas que manejan las personas sobre lo que significa ser hombre y ser mujer en nuestra cultura.

La autosuficiencia, la fortaleza y el éxito, según lo plantean los teóricos, son reglas del comportamiento masculino. Los varones no se permiten mostrar debilidad física o emocional. En este sentido, los hombres tienden a subestimar la depresión, la soledad y la angustia, y no acuden a un especialista en busca de ayuda. Cuando ya es demasiado tarde, apelan al suicidio. "Especulando un poco, los hombres no resisten fallar, ni perder" explica el funcionario. Los hombres no pueden fracasar ni aun en la muerte.

Por el contrario, atentar contra la vida y no morir no representa una vergüenza para las mujeres. Aceptamos que ellas llamen la atención de los demás a través de grandes despliegues emocionales. La historia cuenta cómo ellas han manipulado sentimientos de otros con las lágrimas, las enfermedades y diversos actos que las ponen como víctimas. Podría suponerse entonces que los primeros intentos de suicidio de las mujeres son gritos de auxilio que generalmente no son escuchados, y no una verdadera amenaza contra su propia vida.

Porque aunque las mujeres se permiten expresar con mayor libertad sus sentimientos, dificultades en el amor o en el trabajo las pueden desestabilizar emocionalmente y crearles trastornos depresivos. Ellas acuden al psicólogo o al psiquiatra en busca de ayuda con más frecuencia que los hombres, o al menos buscan a familiares y amistades. Pero no siempre consiguen la atención necesaria. Es cuando algunas apelan a métodos más drásticos.

Elizabeth Torres* es un claro ejemplo. Cuando ella se enteró de que su novio le había sido infiel con su mejor amiga, la rabia y el dolor llenaron sus días. Las imágenes del infiel con la traidora se le habían convertido en una pesadilla. Quería acabarlos pero no perderlo a él.

"Yo, una mujer estudiada, no podía hacer escándalos. Tenía que conservar la dignidad ante todo, pero tenía que hacer algo para que él se arrepintiera de lo que me había hecho y no volviera a acercársele a ella", manifiesta esta mujer de 35 años, abogada y profesora universitaria.

El día de Navidad, una semana después de haberse enterado del engaño, Elizabeth se tomó varias pastillas para dormir y colocó a un lado el frasco vacío. Minutos antes de hacerlo había dejado un mensaje en el contestador telefónico de su novio.

El hombre acudió tan pronto escuchó la despedida. Fue trasladada a un hospital, y el novio se sintió tan culpable que decidió vivir con ella. Sin embargo, meses después la relación se terminó. Para presionarlo a volver, la mujer se cortó las venas. Esta vez, él no acudió en su ayuda; tan sólo llamó a una vecina para que la auxiliara. Cuenta que su novio no quiso saber nada más de ella. Y ella, como muchas mujeres que atentan varias veces contra su vida antes de concretar el suicidio, aceptó que en realidad no quería morir.

De la vanidad depende el método

Esto no quiere decir que las mujeres siempre fallen en sus intentos de suicidio. Según las estadísticas de 2002, las mujeres de los 15 a 24 años y de 45 a 59 son el grupo de mayor riesgo. Posiblemente el enfrentarse a los primeros desengaños amorosos, el asumir un proyecto de vida, la presión para conservarse jóvenes o la desvalorización de la vejez las motivan a atentar contra sus vidas.

Los informes de Medicina Legal muestran cómo en Colombia, por lo general, las mujeres se intoxican o se ahorcan mientras los hombres emplean armas de fuego, se tiran al vacío o a un vehículo en movimiento. Las razones que se esgrimen para explicar este comportamiento giran en torno a que las mujeres no tienen acceso fácil a las armas de fuego, y a que los hombres optan por formas más violentas para morir.

Bogotá es atípica en este sentido. Durante el año 2002, la diferencia en el método escogido para morir no mostró diferencia significativa entre mujeres y hombres. La manera violenta de dispararse para atentar contra la vida propia no fue exclusiva de los varones. Las armas también estuvieron al alcance de ellas.

Como cosa curiosa, cuando las mujeres disparan un arma para suicidarse, el tiro va dirigido al pecho, nunca a la cara o la cabeza. Hasta en la muerte las mujeres son vanidosas. El día que intentan el suicidio se ponen el mejor vestido, se maquillan y casi siempre la ropa interior es nueva. "De allí que eviten quedar desfiguradas y prefieran métodos que no alteren su estética", explica la psicóloga Laila Cristina Díaz, de Fundamor, una fundación especializada en prevención de suicidios con sede en Pereira. Esto explica por qué prefieren intoxicarse.

Hasta el momento no existe un seguimiento por parte de las instancias de salud del Estado a casos de tentativa de suicidio para evitar que las mujeres vuelvan a intentarlo. Las familias tampoco suelen comprometerse de manera efectiva a tratar de entender las llamadas de atención que hacen sus hijas, hermanas, madres o cónyuges a través de estos actos extremos. El silencio y el temor al qué dirán impiden abrir los ojos al drama que encierra cada evento suicida.

* Nombres cambiados por petición de las fuentes

Organización internacional que trabaja en la prevención del suicidio. Tiene información en 15 idiomas y por supuesto la encuentra en español

Fundación Amor a la vida
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.