Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/08/29 00:00

Juan David, el último paciente del Materno Infantil

A pesar de haber sido dejado a la mano de Dios, el Materno Infantil se niega a agonizar. Allí, frágil, sigue luchando por su vida un bebé de apenas 5 meses.

Juan David, el último paciente del Materno Infantil Foto: Guillermo Torres - Semana

Duerme en la única cuna disponible. Es de varillas blancas aunque están peladas por el tiempo. Está en un colchón que durante años han usado otros bebés. Y también está arropado por dos cobijas teñidas del color de muchos otros niños que han pasado por allí. Es Juan David, el único huésped que hoy tiene la Clínica Materno Infantil. Tiene 5 meses de edad y sin saberlo se ha convertido en la única razón para que el hospital siga latiendo.

A la entrada de la clínica hay mucho bullicio. No sólo porque se trata de uno de los lugares más caóticos y de alto tráfico de Bogotá sino por la algarabía de los 150 empleados que en representación de todos los que trabajaron para el hospital, reclaman para que la nueva administración les pague 12 meses de salario que no han recibido y sus debidas prestaciones.

Quienes hoy cuidan a Juan David, ya firmaron contrato con la Clínica Victoria, la nueva arrendataria y están a la espera de que les sean remunerados los salarios que se les adeudan.

Un neonatólogo, una jefe de enfermeras, dos enfermeras auxiliares y una trapista respiratoria hoy le hacen compañía a Juan David, quien no para de llorar si no está en brazos de alguno de sus acompañantes rutinarios. Antes 750 empleados solían estar al cuidado de los pequeños y sus mamás, en el único hospital de cuarto nivel en el cuidado de neonatal en el país.

Debido a una displacia broncopulmonar, Juan David ha estado conectado al oxígeno desde su nacimiento, lo que ha provocado algunas deficiencias en sus pulmones, y como consecuencia de esto que después de cinco meses de nacido todavía necesite ayudas respiratorias. Sin embargo, con su actual situación de salud y la evolución que ha presentado, Juan David pudiera estar en su casa.
Pero no posee un hogar, su mamá decidió desde el momento de su nacimiento que no se harían más compañía, por eso, su próximo destino será Bienestar Familiar, organización que no lo recibe hasta que no dependa de ninguna ayuda para respirar.

Tras el cierre parcial del Hospital, su próxima administración suministra a Juan David todos los insumos para su cuidado pues todo el material del Materno está en inventario. Así 120 camas para recién nacidos, 28 para cuidados intensivos y 60 para maternas de alto riesgo se encuentran a la espera de volver a ser utilizadas para el cuidado de más vidas; mientras tanto reposan apiladas en algunas habitaciones del hospital que permanecen clausuradas con motivo del inventario del próximo arrendatario.

Algunas veces Juan David recibe visitas de otros bebés en la sala de cuidados intensivos. Son bebés que hacen parte del programa mamá canguro y que con anterioridad tenían programada su cita. Estas visitas han ido menguando con el tiempo puesto que tan sólo se está dando cumplimiento a las consultas que se habían programado.
Con la compañía constante de la imagen de María Auxiliadora y el Divino Niño, este bebé, que nació sin el dedo del corazón en su mano derecha, “llora todo el día y no soporta la idea de sentirse sólo” pero, le damos mucho cariño, tal vez el llanto es la necesidad de sentir afecto”, comentan las enfermeras a su cuidado.

“Si esto continúa abierto hay que seguir luchando por la vida, pero también tenemos que seguir luchando por nuestros derechos y por nuestra dignidad”, comenta una de las enfermeras al cuidado de Juan David, empeñada en su tarea de salvar la clínica por medio de su trabajo.

El futuro de la clínica por el momento está en manos de la protesta y del tiempo que Juan David tarde en recuperarse completamente, así lo dijo a SEMANA.COM el médico Miguel Otálora, neonatólogo a cargo de Juan David: “Estamos a la espera de que la situación se solucione de la mejor manera para todos, y que en manos de la administración del Hospital La Victoria podamos seguir cuidando muchas vidas más”.

Cuando termina el recorrido entre letreros que piden a La Victoria que se retire del hospital, entre camas apiladas, incubadoras esperando sus próximos usuarios y toda una indumentaria sumida en el deterioro y el tiempo, una protesta por la dignidad y el reconocimiento de un año de salarios atrasados da la bienvenida al aparcadero del hospital. En el centro del patio, una camilla vacía con algunos de los empleados sentados, se erige como símbolo de la muerte paulatina del Materno que pareciera no querer dejar partir a su pequeño motivo.

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