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| 2/14/2005 12:00:00 AM

¿Juan Pablo II es un retardatario?

El papa se la juega por los pobres y desvalidos sin miedo a enfrentar a los más poderosos y arrolladores poderes económicos y políticos, asegura el Sacerdote jesuita Carlos Novoa

Sin lugar a dudas Juan Pablo II es un personaje polémico. Para unos es un retardatario, mientras que para otros se trata de un gran dirigente de talla mundial que ha marcado grandes hitos en la arena internacional, al punto que connotados medios de información lo califican de ser el personaje del siglo XX. Demos una visión panorámica sobre el devenir de los 26 años de este papado con el fin de obtener argumentos en torno a este importante debate.

La gran pasión de Juan Pablo II es Jesús, es decir, la practica del amor y la solidaridad. De acá que el Papa polaco sea un gran enamorado de la humanidad, de sus alegrías y dolores. Y esta fe y entrega total es evidentemente la fuente del gran compromiso del sucesor de Pedro con la justicia, los desvalidos y la construcción de una nueva sociedad, la civilización del amor, como él la llama.

Desde este camino, Juan Pablo II se la juega por los pobres y desvalidos de este mundo acogiéndolos y denunciando con valentía las opresiones de las que son objeto, sin miedo a enfrentar a los más poderosos y arrolladores poderes económicos y políticos. Por esto en tantas ocasiones, por ejemplo, en su viaje a México en 1979, con voz tronante y apasionada, cargó contra las injusticias que habían alterado las vidas de los pobres de América Latina y acusó a los responsables de que siguiera oprimiéndose a los que no tenían poder.

De la misma manera es un fuerte crítico del llamado neoliberalismo económico, que solo está generando la "globalización de la miseria", la cual ya tiene en su haber 3.600 millones de hambrientos en el mundo, o sea más del 60 por ciento de la humanidad. Frente a esta tragedia, el obispo de Roma está llamando a todas las naciones, y en especial a las más ricas, a empeñarse en la configuración de la "globalización de la solidaridad" en la superación del hambre y de todo tipo de discriminación.

Una persona llena de la pasión por la justicia típica de Jesús siempre está más allá de cualquier alinderamiento ideológico. Y este es el caso del sucesor de Pedro que siempre ha luchado contra la inhumanidad, hállese donde se halle. De aquí que su aporte a la caída de la dictadura comunista haya sido notable, al igual que su rechazo a la hegemonización universal del neoliberalismo económico. Al fin y al cabo se trata de la inclemente dictadura del dinero que socava en lo hondo la dignidad humana de tantos pueblos.

Los males de este mundo que tanto nos aquejan sólo podrán ser superados en la medida en que se asuman las responsabilidades correspondientes. Y a este respecto, el obispo de Roma ha dado un estimulante testimonio cuando ha pedido perdón al mundo por los pecados de la Iglesia Católica. En este sentido es ilustrativo el siguiente texto de los biógrafos de Karol Wojtila, Carl Bernstein y Marco Politi: "El Papa ha urgido a todos los creyentes a pedir perdón por los pecados -y crímenes- cometidos por los católicos en siglos pasados. Cuando la propuesta se divulgó en abril de 1994, en cartas enviadas por el Secretariado de Estado del Vaticano a los 140 cardenales del mundo entero, muchos de los príncipes de la Iglesia no ocultaron su oposición a la idea.

La invitación revolucionaria a un mea culpa solemne estaba contenida en un memorando de siete páginas: "¿Cómo podemos guardar silencio sobre todas las formas de violencia que han sido perpetradas en nombre de la fe? ¿Sobre las guerras religiosas, los tribunales inquisitoriales y otras formas de violar los derechos del individuo? Es significativo que estos métodos coercitivos que violan los derechos humanos han sido aplicados luego por las ideologías totalitarias del siglo XX (...) La Iglesia también debe realizar un examen independiente de los lados más oscuros de su historia. La noción de un examen global de conciencia por parte de la Iglesia Católica, una revisión crítica de toda su historia, no tiene precedentes".

Los conflictos militares del siglo XX en todo el mundo dejaron un saldo de 120 millones de muertos. Mientras en 2003 la humanidad invierte 900.000 millones de dólares estadounidenses en gastos militares, con sólo la tercera parte de esta suma se hubieran podido solucionar las siguientes urgentes necesidades de los países pobres: salud, nutrición, educación primaria y agua potable.

Esta terrible realidad de la carrera armamentista y las confrontaciones armadas ha llevado a Juan Pablo II a declarar que "la guerra siempre es una derrota de la humanidad", al conformarse esta como un mal sin igual respecto al cual debemos empeñarnos en su total eliminación, y apuntar a la consolidación del desarme total, simultáneo de todas las partes y efectivamente controlado. Por este motivo, el papa Wojtila se ha opuesto a la guerra del Golfo Pérsico (1991), a la intervención militar de la Otan en la ex Yugoslavia (1998), a la confrontación armada en Palestina que dolorosamente continúa y a la invasión contra Irak (2003), la que califica de "injusta, inmoral e ilegal". En todos estos casos ha exigido la salida pacífica y negociada.

Un líder evangélico como Juan Pablo II se empeña en hacer propias las alegrías y los dolores de las personas y en buscar salidas humanas de verdad a las grandes tragedias de la sociedad actual. Entre ellas se encuentra la discriminación de la mujer que el sucesor de Pedro ha censurado de tantas maneras, combatiendo de forma denodada la explotación económica femenina, su exclusión por motivos de raza, la trata de blancas y la prostitución, entre otras calamidades en este sentido.

Al respecto ha insistido en la importancia de la radical igualdad entre los sexos querida por Dios desde la creación al hacer a la mujer, como al hombre, a su imagen y semejanza. Esta igualación divina no borra su diversidad, fuente de particular riqueza en la convivencia humana, insiste el Papa. De aquí que "el modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus obras y de sus Palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la dignidad de la mujer. Por esto, las mujeres que se encuentran junto a Cristo se descubren a sí mismas en la verdad que él enseña y que él realiza", afirma él.

Un hombre de finura humana y espiritual es afín al mundo de las artes. Desde este horizonte, Karol Wojtila es un artista apasionado y se ha desempeñado como actor de teatro, dramaturgo y poeta de gran talla. Su obra escénica El taller del orfebre es una muy bella y profunda recreación del sentido de la vida humana y de la acción de Dios en ella. En 1999 escribió una sugerente y evocadora 'Carta a los artistas', síntesis maravillosa de su rica experiencia estética y de las vastas posibilidades que ofrece la conjunción del mundo artístico y cristiano para el crecimiento integral de mujeres y hombres.

Como persona de ciencia, el Papa polaco es un hombre de la universidad, en la cual ha enseñado e investigado, obteniendo su doctorado en filosofía con una magistral tesis sobre los valores en el pensamiento de Max Scheler. Por esto, él es un abanderado de la autonomía de las ciencias y la libertad de investigación, y nos señala cómo la "Iglesia, aceptando la legítima autonomía de la cultura humana y especialmente la de las ciencias, reconoce también la libertad académica de cada estudioso en la disciplina de su competencia, de acuerdo con los principios y métodos de la ciencia, a la que ella se refiere, y dentro de las exigencias de la verdad y del bien común".

Al constatar que hoy por hoy en el desarrollo científico impera cada vez más la razón instrumental y el ánimo de lucro egoísta en contra del bienestar general, el sucesor de Pedro viene invitando a la universidad católica para que impulse una ciencia "con el fin de garantizar que los nuevos descubrimientos sean usados para el auténtico bien de cada persona y del conjunto de la sociedad humana". En esta línea, dicha universidad debe promover "el desarrollo de los pueblos que luchan por liberarse del yugo del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas y de la ignorancia".

Karol Wojtila es un teólogo de muchos quilates y en este campo sus aportes también han sido muy valiosos. Mucho impacto han causado en la opinión pública mundial sus famosas catequesis sobre el cielo y el infierno, en las cuales ha precisado muchos y muy nocivos equívocos. Nos indica él que el cielo, como la plenitud de la existencia humana en el amor, "no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes sino una relación viva y personal" con el Dios Jesús de la misericordia, el perdón y la generosidad total. De la misma manera nos señala que en la construcción de la auténtica fraternidad acá en la Tierra, el cielo empieza a acaecer.

Respecto del infierno afirma el Papa que "no se trata de un castigo infligido por Dios desde el exterior" sino ante todo de un producto del propio hombre, que al encerrarse en el egoísmo y la praxis de la injusticia, rechaza el amor y la misericordia divinas. Por ende, el infierno no es un lugar espacio temporal sino ante todo, la situación de aquellos que niegan al Señor y al hermano y cuya tragedia se inicia en este mundo, sostiene el Obispo de Roma.

Juan Pablo II, sin guardar ningún temor frente a los grandes de este mundo, les ha recordado sus responsabilidades con los hambrientos y necesitados. Así lo ha hecho con el presidente Bush en una reciente entrevista, en la cual le dijo que la nación estadounidense "tiene una especial responsabilidad" en la solución de los gravísimos problemas que hoy afligen a la humanidad, dados los muchos recursos que posee. Asimismo le señaló la urgencia del empeño de Estados Unidos en el desarrollo de políticas que garanticen "la dignidad humana y la igualdad de las mujeres y hombres de la tierra" en el acceso de todos a los medios necesarios para garantizar su crecimiento integral. Igualmente le insistió en la necesidad de la apertura a los inmigrantes, la cancelación o significativa reducción de la deuda externa de los países pobres, la promoción de la paz mediante el diálogo y la negociación y la primacía del derecho.

Asimismo se manifestó el Papa polaco a la clase dirigente colombiana durante su visita a nuestra patria en 1986: "Perciban y emprendan con valentía, hombres dirigentes, las innovaciones necesarias para el mundo que los rodea (.) Y no olviden que ciertas crisis de la historia habrían podido tener otras orientaciones, si las reformas necesarias hubiesen prevenido tempestivamente, con sacrificios valientes, las revoluciones explosivas de la desesperación".

* Sacerdote jesuita, experto en ética y teología
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