Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/04/03 00:00

Juanes me creía muerto

Carlos Alberto Giraldo escribe el perfil de Octavio Mesa, ídolo de la música guasca y carrilera e inspirador de la estrella latina Juanes.

La primera vez que al músico Octavio Mesa Gómez lo dieron por muerto él dormía plácidamente en un estudio de grabación, después de terminar su turno de vigilante y de haberse bebido media botella de aguardiente antioqueño. Era 1976, la disquera estaba quebrada y al cantante y a su conjunto les tocaba hacer todo. Una frase suya resume aquella época: "Llegué a ser celador, siendo un gran ejecutivo de la fábrica".

El teléfono de la compañía discográfica repicó y repicó. Pero Mesa, además de 'noqueado' por las copas ingeridas, estaba aislado por el hermetismo de la cabina y lejos del mundo de los vivos que madrugaban a esa hora. Mientras tanto, en la radio los locutores les daban a los fanáticos de la música guasca y carrilera la fatal noticia: "Fue muerto el cantante Octavio Mesa, en el barrio Lovaina (el de las prostitutas de Medellín), por sujetos desconocidos que le propinaron tres tiros de revólver".

Como en aquella oportunidad, Mesa Gómez revivió una vez más el pasado 4 de septiembre de 2004, en el vestíbulo de un hotel de Medellín, cuando se encontró con la superestrella de la música latina Juanes. El mismo Juanes que alguna vez simplemente era el niño Juan Esteban Aristizábal, que gozaba y tarareaba las canciones de doble sentido y otras algo más groseras que Mesa Gómez interpretaba en las emisoras locales y en las pianolas de los bares y las cantinas.

Juanes, que pese a haber indagado por la suerte de Mesa lo creía muerto, se llevó tremenda sorpresa cuando vio aparecer a su ídolo de infancia. Pronto los dos se fundieron en un abrazo que le dejó a Mesa la sensación de que le habían partido la espalda. "Ese güevón de Juanes tiene mucha fuerza, casi me ahorca", dice. Ambos dejaron escurrir un par de lágrimas.

Apenas habían transcurrido unos minutos y ya los dos cantaban sus composiciones. Octavio se dejó venir con una dedicatoria a aquel muchacho tan espontáneo como él: "Se llegó este grande día que yo tanto había soñado/ se llegó este grande evento que yo siempre lo he esperado/ el homenaje a Juanes lo tiene muy merecido/ se lo dice Octavio Mesa con toditos sus sentidos". Esa admiración mutua estaba atravesada por lo que cada uno tiene de original y directo. Dos personas que hablan sin "tapados", al decir de Mesa.

El veterano compositor de música popular que anda en boca de todos por ser una de las fuentes de las que bebió Juanes en su juventud, y del que la superestrella latina dice tener todos sus discos, cree que algunas de sus interpretaciones sirvieron de base a la composición del éxito La camisa negra. "Le dio ideas una canción mía de doble sentido: 'yo salí un poquito bobo/ pero no he sido maaa... riposa vas volando/ anoche me vi con Julia, casi me arranca el chiii... quito dejá esa cosa'. Y él dice: 'mal... parece que sólo me querés/ hijue... pura, purita tu mentira'. Ahí está la cosa", explica Mesa.

En aquel alto

Para llegar a la casa del músico Octavio Mesa, en el barrio Manrique de la zona nororiental de Medellín, hay que remontar la avenida 45, una calle fogosa, llena de talleres de mecánica y soldadura, donde se apiñan también sobre las aceras los vendedores del comercio informal. Pero su marca, su sello más visible y audible es el tango: allí están la estatua en homenaje a Carlos Gardel y una decena de cafetines que muelen melodías porteñas día y noche. La vía, por supuesto, lleva el nombre del zorzal argentino que murió en esta ciudad en un accidente aéreo en 1935.

Mesa Gómez vive en el número 81-39. Es una vivienda arrendada, de dos habitaciones, que comparte con su señora, dos hijos y una nieta. Sobre la pared que está tras la silla principal de la sala están enmarcadas las carátulas de algunos de sus discos más exitosos, entre ellos uno titulado Relajos del Arriero, que a los seis meses de haberse publicado, en 1975, había vendido 1'400.000 copias. También hay imágenes de sus inicios como voz principal del dueto Los Gorriones, de música carrilera.

Hoy la vida del cantante transcurre en medio de la austeridad. Un hijo que le ayudaba a pagar los servicios se marchó y los bolsillos están apretados: hace varias semanas que no se presenta con su conjunto y sólo tiene un contrato para junio próximo. Con humor y picaresca, don Octavio me relata la última de sus calamidades: "Un sujeto que escuchó un aviso que puse en la radio para vender el equipo de amplificación vino y me lo compró, pero el hijueputa me metió un cheque falso de 4.300.000 pesos (1.500 dólares). Cómo es la vida, yo bien guerriao y me meten un cheque chimbo". Don Octavio está esperando que el ladrón vuelva, para recibirlo muy amablemente con el machete que se cuelga al cinto durante las presentaciones.

Con el paso de los minutos, Mesa Gómez se emociona y me revela que sus canciones montañeras ya entraron en la era del DVD. Enciende el televisor y me enseña las grabaciones. Le pide a su hijo Róbinson que le ponga la canción que se llama El zapatero. Él aparece reparándole las sandalias a una joven de unos 20 años que viste minifalda negra. En medio de risas recuerda que cuando dijeron "cámara, acción", él atinó a mirar a la dama muy abajo. "¡Ayyy, hombre, y a esta edad cuando vi todo eso casi me quedo ciego!".

Mesa es un hombre autóctono al que no han podido someter las modas musicales y que no perdona sus aguardientes diarios, muy puntuales, a las 6 de la tarde. Llega a la tienda de la esquina y Carlos, desde la barra del establecimiento, le pasa la caja azul de un litro y unas tijeras. A don Octavio le gusta cantar "copetoncito". Recuerda con gratitud que una vez en una fiesta del Día de Madres, el maestro de ceremonias, que era el sacerdote del corregimiento Santa Elena, de Medellín, les dijo a las señoras: "Recuerden el aguardientico de Octavio". Y por esa gracia divina, Mesa y sus músicos salieron premiados con un maletín lleno de botellas que tardaron varias semanas en desocupar.

Antes de partir, después de un mediodía pasado por las risas y la calidez que le inspira a cualquiera este cantante más antioqueño que una bandeja paisa, me ofrece como regalo una copia de su DVD. En medio de las limitaciones que afronta, deja aflorar su generosidad, pero me resisto y lo compro. Al fin y al cabo es todo un artista que se codea con Juanes y que a mí también y a muchos paisas, hay que reconocerlo, en una que otra reunión pasada con aguardiente, nos ha puesto a cantar sus montañeradas y sus letras tan picantes y divertidas.

Octavio Mesa está muy vivo y para confirmarlo me dijo que les compartiera esta canción que compuso aquella vez que lo dieron por muerto y que le viene tan bien ahora que lo vuelven a mencionar después de que Juanes le reconoció sus méritos y su influencia: "Muchos de ustedes creían que había desaparecido/ y contentos pregonaban se tostó este malparido/ pero ven aquí me tienen vivito, sano y coliando/ bebiendo con berraquera y con mi guitarra cantando".

Desde la puerta de la casa el viejo se despide. Mece tranquilo el brazo derecho. Su mayor alegría es conocer a Juanes y haberle inspirado, con sus canciones de doble sentido, La camisa negra. Octavio Mesa está seguro de que en algún momento el teléfono de su casa va a sonar. Del otro lado de la línea escuchará la voz de un muchacho tan original y tan paisa como él, para ayudarlo e invitarlo a cumplir la promesa que se hicieron cuando se vieron por primera vez: subir a la tarima para cantar juntos.

*Periodista de Semana

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