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| 4/21/2006 12:00:00 AM

La debacle de Nepal

Nepal se prepara para una tragedia. Sara Guevara guía a los lectores por los vericuetos del conflicto de esa lejana región.

Rodeada por ocho de las diez montañas más altas del mundo, incluyendo el Monte Everest, la única monarquía hindú existente se tambalea. No han bastado sus más de dos mil años de historia ni los muchos conflictos generados por quienes persiguen el poder en este minúsculo y pobre país que pareciera convertirse tarde o temprano en una nueva zona de influencia de la China o de la India.

Con casi la mitad de su población bajo la línea de pobreza y un terreno que dificulta cualquier desarrollo, los nepalíes se han lanzado a la calle, desafiando las estrictas leyes militares impuestas por el actual monarca, el Rey Gianendra, que temeroso de perder el trono, ha ordenado varios días de toque queda con la orden explícita de matar.

Al momento, los cables de prensa hablan de más de cien mil personas que marchan desde diversos puntos del país hacia Katmandú para enfrentarse a las barricadas y a los militares que guardan la capital.

La historia se remonta a 1989, bajo el gobierno del Rey Birendra, cuando los partidos de oposición nepalíes se unieron para exigir una democracia multipartita que reemplazara al sistema de panchayats -un consejo nacional bajo la orden ejecutiva del rey en el que no participaban partidos políticos. La propuesta fue recibida por el gobierno nepalí de entonces como un desafío directo a su control, y las protestas, en muchos casos pacíficas, fueron reprimidas con violencia. Sin embargo, luego de meses de huelgas, toques de queda y presión internacional el gobierno decidió levantar la prohibición sobre todos los partidos políticos y aceptó la figura de la monarquía constitucional.

Las expectativas del pueblo nepalí en esta nueva democracia se desplomaron rápidamente. A la severa situación económica se le sumaron luchas intestinas, incluso dentro del bien organizado Partido Comunista que asumió el poder en 1994 pero que rápidamente perdió el favor del congreso ante el temor de que los comunistas se estuvieran afianzando demasiado en el poder.

Aún así, el nuevo aliento democrático había logrado cierta libertad de prensa, mejoría en la situación de derechos humanos y alivio económico especialmente en la clase media.

El impulso duró poco tiempo. En 1996 una facción del antiguo Partido Comunista de Nepal, de tendencia maoísta, declaró la “Guerra de los Nepalíes”. El grupo rápidamente pasó de la política a una guerrilla cuyo único objetivo aparente ha sido desde entonces la abolición de la monarquía y la imposición de un “nuevo sistema democrático”. La reacción del entonces Rey de Nepal a los ataques fue contundente. En el 2001 ordenó un ataque frontal de sus fuerzas armadas contra las guerrillas desatando un conflicto que ha dejado miles de muertos y más de cien mil desplazados.

La larga historia

Pero la historia nepalí no podía ser más trágica. En junio de 2001, el Príncipe Dipendra, heredero al trono, protagonizó una masacre en la que asesinó a toda la familia en el palacio real. Según las fuentes oficiales nepalíes, el crimen se habría cometido luego de una impresionante borrachera y una disputa familiar ante la negativa de su madre de aceptar a su novia como futura esposa.

Otras teorías sugieren que fue su propio tío, el actual Rey Gianendra, el autor intelectual de la matanza concebida con el ánimo de llegar al trono.

Desde entonces la estabilidad de Nepal se ha deteriorado aún más. En septiembre del año pasado, y ante la sensación de que su reino iba hacia la anarquía, el Rey Gianendra destituyó a todo el gobierno, declaró el estado de emergencia y asumió todas las funciones ejecutivas, no sin antes prometer elecciones democráticas en el año 2007.

Las protestas actuales coinciden con el Año Nuevo nepalí que se celebró a mediados de este mes. En los pocos despachos de prensa que salen del reino, los nepalíes del común dicen no creer en el rey, estar hartos de la lucha de la guerrilla maoísta y sedientos de una democracia real. Piensan que tomando las calles obligarán al monarca a dimitir o por lo menos a convocar elecciones parlamentarias lo más pronto posible.

Los partidos políticos anteriormente enfrentados se han acercado y se han convertido en una presión colosal para Gianendra, que los ha acusado de unirse a la guerrilla y de sembrar el caos e incitar a la violencia.

Entre tanto, los ciudadanos se aprovisionan de agua, alimentos y artículos de primera necesidad esperando un desagradable desenlace y se preguntan si la guerrilla maoísta cumplirá la promesa de someterse a las reglas del juego democrático aunque los resultados no le sean favorables.

Ante la presión internacional, especialmente de la India, y la inminencia del colapso de su país, en su último discurso televisado el Rey de Nepal ha tomado la decisión salomónica de retornar al sistema democrático y conservar tan solo tu título constitucional. Sin embargo, su permanencia como monarca continúa en duda. Muchos aseguran que la intención tan solo es tranquilizar al país y que sus días están contados.








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