Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/10/29 00:00

La derrota del Cacique

Por Tadeo Martínez

José Name Terán, dirigente político.

A pesar de las encuestas la derrota de José Name Terán es una sorpresa, no le funcionaron ni la maquinaria ni la alianza con Char y Gerlein. Se cierra un oscuro capítulo en la historia política del Atlántico

Desde el momento mismo en que José Name Terán lanzó su candidatura en diciembre de 2006, dijo que quería aspirar a la Gobernación del Atlántico para devolver en inversión social la confianza que durante 40 años depositaron en él, eligiéndolo consecutivamente al Senado hasta el 2002. Name se quería retirar en hombros, quería hacer en cuatro años lo que no había hecho en cuarenta.

Pero eso no va a ser posible, pues la derrota que recibió el domingo lo saca del juego político en el momento en que su vida declina, ya pasó los setenta y su salud no es la mejor. En el último año adelgazó 26 kilos. José Name estaba acostumbrado a ganar y a pesar de tantos enemigos y detractores había logrado mantenerse vigente.

Desde que se anunció la alianza Name, Char Gerleín, con Name candidato a la gobernación y Alejandro Char, candidato a la alcaldía, en Barranquilla hubo opiniones encontradas sobre la conveniencia e inconveniencia de esta poderosa sociedad política, para muchos inderrotable, para otros intimidante, pero ya se había demostrado que se les podía ganar, como cuando aspiraron Bernardo Hoyos y Gustavo Bell, quienes derrotaron una coalición igual de fuerte que apoyaba en esa época a Carlos Rodado y a Pedro Martín Leyes.
 
Una dura campaña

La campaña no fue fácil para Eduardo Verano, tampoco para Name. Para Verano porque el Partido Liberal había quedado debilitado, de ser la fuerza mayoritaria pasó a ser minoría y para Name porque la imagen negativa le impedía superar una intención de voto que en su mejor momento llegó al 33 por ciento, cuando se hizo la “alianza de los cuatro” en torno a la candidatura de Verano. En ese momento hubo un empate técnico, pero el resultado final demostró que la intención de voto que se había manifestado desde el principio (osciló entre 22 y el 30 por ciento), se mantendría hasta el final, pues el cacique de los caciques obtuvo un 28.76 por ciento de los votos contra el 46.41 por ciento del candidato liberal.

Con su derrota queda sepultado el caciquismo en su máxima expresión. Al desaparecer Name de la escena política se cierra el círculo de los grandes compradores de votos. Si algo hay que reconocerle a la Registraduría Nacional es el esfuerzo por brindar unas elecciones transparentes. Durante el último mes el Registrador Nacional, Carlos Galindo, visitaba semanalmente la ciudad para supervisar detalles y coordinar que no faltara nada para evitar la repetición de delitos electorales tan comunes en cada elección en la ciudad. Incluso, el último día hizo rotación de jurados electorales y en el último año hubo ocho delegados.

Pero el legendario cacique que tanto ha dado de que hablar en el país, no fue el único perjudicado por los controles establecidos por la registraduría. Los exconcejales Laureano Acuña, Alejandro Munárriz y Oswaldo Díaz grandes electores, no lograron sacar adelante sus candidatos y candidaturas a la asamblea del Atlántico y al concejo de Barranquilla.
 
La depuración de las costumbres
 
Es claro, entonces, que un control efectivo de la organización electoral si ayuda en la depuración de las costumbres políticas. Pero también ayudaron los barranquilleros y atlanticenses que salieron a votar masivamente a pesar de una pertinaz lluvia que caía desde la madrugada hasta el mediodía, cuando comenzó a despejarse la atmósfera y el clima electoral. Contra todos los pronósticos y el mal tiempo, el 50.58 por ciento de los atlanticenses salieron a votar y dieron una lección castigando al gran gamonal, que en sus años de mayor poder controló las empresas de servicios públicos, alcaldías, gobernación, el sector salud, los Seguros Sociales y la Universidad del Atlántico.

Para muchos observadores que prefieren el anonimato, con la derrota de Name se cerró la taquilla de la compra venta de votos, una costumbre que comenzó precisamente en sus primeros años en política en los años 70, cuando era jefe de la oficina de pesos y medidas en la alcaldía de Barranquilla, único cargo desempeñado en su vida administrativa, con excepción del cargo de Ministro de Trabajo que desempeñó durante la administración Barco.

Name quería retirarse por la puerta grande para dejarle a su hijo, el hoy Senador José David Name, un terreno abonado y mejorar la opinión que existe sobre su nombre. Pero el peor contendor que tuvo fue él mismo, nunca pudo superar la opinión adversa. Primero porque con su aspiración le cerró el paso a la gente que hacía política con él, el nepotismo ha sido una de sus prácticas más destacadas.
 
Y en segundo lugar la alianza Name, Char Gerlein no parece haber funcionado, pues mientras Alex Char obtenía un 58 % de los votos depositados en Barranquilla, Name no superaba el 28 por ciento. Al anunciarse la alianza uno de los reproches que se le hizo a Alejandro Char fue unirse a alguien con tamaño desprestigio, en especial si Char no lo necesitaba.
 
Una explicación necesaria
 
La explicación que todo mundo se atrevía a aventurar era que se trataba de una alianza para impedir que Name derrotara a Char en la Registraduría y siempre se traía a colación la derrota que Ventura Díaz, pupilo de Name, había propinado a Alex Char cuando aspiró a la gobernación en el año 2000 y la diferencia entre uno y otro fue inferior a los dos mil votos.
 
Char ganaría la disputa jurídica en el Consejo de Estado y fue gobernador del Atlántico por pocos meses al final del periodo 2000 – 2003. A todos sorprendió la alianza porque la rivalidad entre Fuad Char y José Name parecía insuperable, más aún si se tiene en cuenta que durante la campaña de 1991, cuando Char apoyó a Gustavo Bell y al padre Hoyos, Antonio Char, hijo mayor de Fuad, fue víctima de un atentado que el exsenador atribuyó a sus enemigos políticos. Name lo denunció por injuria y calumnia. Esa enemistad terminó acentuándose en la campaña de 2000, cuando Char insinuó que el triunfo de Ventura había sido fruto de un fraude. La justicia le daría la razón dos años después. Por eso sorprendió que se hubieran unido.

Pero a Name tampoco le funcionaron las uniones de último momento, como el sorpresivo apoyo de Edgar Perea que había hablado pestes de las maquinarias y de los políticos corruptos y la de la excandidata a gobernación Marieta Morad, que no repercutieron en la votación a su favor como se esperaba.

El manejo electoral de los municipios atlanticenses distintos a Barranquilla, había sido una gran fortaleza para el cacique Name, que tradicionalmente alcanzaba una gran votación en ellos, tales como Palmar, Piojo, Manatí, Puerto Colombia, Sabanalarga, pero en ésta, su aspiración mas sentida, sus compadres, tenientes electorales, ante el temor de perder espacios políticos a nivel local, también optaron por darle la espalda al gran cacique Name, porque no hay otra explicación para que su opositor hubiese ganado en 15 de los 21 municipios del Atlántico.

Este triunfo de los barranquilleros y atlanticenses se ensombrece cuando se analizan los resultados electorales, porque se asoma una nueva maquinaria, con mucha fuerza, la del Alcalde Guillermo Hoenigsberg, quien puso al servicio del Acuerdo Caribe (3 concejales y un diputado) toda la maquinaria del Distrito y la de la Nación, dado que aun el sábado estaban repartiendo cheques de Familias en Acción y carnés del Sisben, prometiéndoles a los maestros contratados el pago de las ocho mesadas atrasadas.

Hoy, los Barranquilleros, con el humor carnestolendico que les caracteriza dicen que Name desde Bocas de Ceniza se pregunta si el jefe de su movimiento será José David Name o Guillo Hoenigsberg, el alcalde que tendrá que acomodarse en un nuevo escenario donde la figura tutelar que lo llevó a la alcaldía y la que lo respaldó en los momentos difíciles, Name, no estarán controlando los destinos de Barranquilla y el Atlántico.


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