Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/07/11 00:00

La difícil década de los años ochenta

El historiador Stephen J. Randall acaba de publicar el libro ‘Alfonso López Michelsen. Su vida, su época’. Una completa biografía –de Villegas Editores- de una de las figuras de la vida política e intelectual más importantes del país en el último siglo. Fragmento.

La difícil década de los años ochenta

Fue una década difícil para el ex presidente López Michelsen y para la nación. Colombia entró en la que quizás ha sido una de las épocas más violentas y de mayor carga política, de su historia. Sin embargo, López Michelsen continuó ejerciendo un liderazgo en el Partido Liberal, cuyo destino y carácter había contribuido a formar a lo largo de los últimos 20 años y, en 1982, se postuló de nuevo, esta vez sin éxito, como candidato a la presidencia. Más adelante se vio envuelto en la controversia que surgió alrededor del conflicto entre los líderes del cartel de las drogas y el gobierno de Betancur y, hacia el final de la década, sirvió como mediador para que Manuel Antonio Noriega renunciara a la presidencia de Panamá y evitar así un enfrentamiento con el Gobierno de los Estados Unidos y con la Organización de Estados Americanos.
 
Además de sus contribuciones formales a la política, mantuvo una estrecha vida familiar y viajó extensamente, incluso a la República Popular China, la Unión Soviética, Alemania, en varias ocasiones a Cuba y con frecuencia a Miami, en parte gracias a sus vínculos de trabajo con la Universidad Internacional de Florida. Antes de su segunda campaña, fue director del Partido Liberal y, por cierto tiempo, su director único, cuando Carlos Lleras se retiró.
 
Por invitación personal de Fidel Castro, durante la devastadora crisis de la deuda externa de América Latina en los años ochenta, asistió y fue ponente del encuentro que Castro convocó en 1985 para examinar la situación y hacer un frente común de no pago, en la región. Al agradecer la invitación, López Michelsen escribió al mandatario cubano, indicando que iría siempre y cuando se tratara de un foro de libre discusión y abierto a todo tipo de ideas. Castro asintió: ese era, en efecto, el espíritu del debate. Ya en Cuba, la ponencia de López Michelsen se centró en el argumento de cómo Latinoamérica, simplemente no tenía recursos para soportar tal grado de endeudamiento pero, asunto que molestó bastante a Castro, López Michelsen se pronunció en contra del desconocimiento de la deuda.

Durante la década López Michelsen también se dedicó, con ahínco, a escribir, manteniendo un estricto horario que combinaba con algunas horas de esparcimiento dedicadas a otra de sus pasiones, el golf. En particular, después de las elecciones de 1982, sintió que al retornar a la escritura y a sus quehaceres intelectuales, en realidad regresaba a su llamado real, a su pasión, como si su enorme contribución a la evolución del liberalismo colombiano hubiera sido solamente un rumbo alterno, más tangencial a esta vida de reflexión que disfrutaba con plenitud. A lo largo de la presidencia de Belisario Betancur fue entonces un crítico incansable de su gobierno.
 
Contribuyó de forma regular con El Tiempo, tanto a través de su propia columna como con artículos especiales para las Lecturas Dominicales. Redactó además el prólogo para la publicación de 1979 de la Cámara de Representantes: “La concentración de la riqueza y del ingreso en Colombia”, publicado más tarde en Obras selectas en 1985. También contribuyó ampliamente con diversas publicaciones, entre ellas Credencial y Economía Colombiana, en la que se publicó la ponencia que ya había presentado en 1985 en La Habana, a propósito de la crisis de deuda que estaba golpeando las economías latinoamericanas y los mercados globales.
 
Más adelante publicó también Parábola del retorno, una colección de sus discursos (1982 y 1987). El volumen contenía además las ponencias dadas como director del Partido Liberal, sus reflexiones sobre los desarrollos políticos durante la presidencia de Betancur, y su análisis de algunos aspectos de la política exterior colombiana. La variedad de temas tratados en sus escritos refleja tanto la sorprendente diversidad de sus lecturas, como el alcance de su curiosidad intelectual y su capacidad para captar la esencia de los asuntos más técnicos o sofisticados.
 
Como era de esperarse, la mayoría de estos escritos versa sobre temas políticos y van desde un estudio de la Constitución de 1886, hasta los riesgos del uso del plebiscito en la determinación de asuntos políticos. En 1984 escribió que la reforma agraria era la clave, para lograr la paz en el conflicto interno colombiano. Al año siguiente trató el tema de los Estados fallidos, en una importante ponencia pública en la Universidad Distrital de Santander. En 1987, al retomar un asunto sobre el que ya se había pronunciado en varias ocasiones, durante su presidencia, discutió cómo el café continuaba siendo esencial para la estabilidad política colombiana. Aparte de todo lo anterior, como también era de esperarse, escribió sobre poesía y literatura, historia, política exterior y hasta gastronomía.

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