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| 2/28/2005 12:00:00 AM

La diversión ha desplazado a la exigencia en la Santamaría

Un encierro con edad envió Agualuna. El maestro Rincón con sapiencia y paciencia. Tejela con voluntad pero descargando la suerte. El Capea con entrega, lució valentón. Crónica de Mauricio García.

La Empresa de Bogotá le ha apostado, en la presente temporada, a las "Figuras" , y éstas no la han defraudado en la taquilla, con la complicidad de una noble afición. Lástima que a su nobleza, el sector de "entusiastas" le aporte una excesiva dosis de bondad y algunas veces también, de una honesta ignorancia. Estos, que cada vez aumentan su participación en relación con los "aficionados", asisten a la plaza esencialmente a "divertirse", otro término moderno, que toreros, ganaderos, empresarios y cronistas adoptan, para calificar de presunto éxito, lo que taurinamente no se ha reflejado en el ruedo.

La música, la bota, una buena pareja o el gracejo del grito destemplado de un espectador, brindan buenos elementos para la diversión. Basta que la "Figura" se abra de capa, para ser merecedora del estruendo de los "olés" con los que parece agradecerse su comparecencia.

El torero no puede dejarse ir con las manos vacías; existe la obligación de solicitar las dos orejas y aumentar la diversión con la fácil victoria de quebrar la tímida e inicial reticencia de un asesor, igualmente bondadoso, que cede sin escrúpulos para evitar la silbatina.

El aficionado, en contraste, "sufre", al ver que la "Exigencia" se ha visto desplazada por una empalagosa bondad que demerita la "categoría" de la plaza. Lamentablemente, a mi juicio, esta tendencia viene atentando gravemente contra los sublimes silencios, con los que la "Santamaría", a veces, se resiste a verse derrotada.

El encierro enviado por Agualuna, con excepción de los corridos en primero y segundo lugar, estrechos de sienes y faltos de suficiente seriedad por delante, lo compusieron ejemplares de impecable presentación y ante todo, exhibiendo su partida de nacimiento sobre el lomo. Salvo el quinto, fueron blandos y produjeron mucho ruido de estribo cuando acometieron a los caballos. En cuanto a su comportamiento en el último tercio el tercero y el cuarto se despegaron de sus compañeros que ofrecieron dificultades no propiamente de bravos.

Abrió plaza "El Capea", joven diestro salmantino que debiendo arrastrar la historia que dejó su padre, está todavía por curtir. A su primero, manso y rajado, le buscó faena al abrigo de las tablas, siendo eficiente en el trasteo por bajo que precedió a una estocada suficiente.

Con el que cerró plaza se hincó innecesariamente para lancear a un toro probón de salida, saliendo comprometido y rematando con verónicas vulgarmente descargadas que arrancaron sonoros aplausos de los entusiastas. Con la muleta, se ciñó en tandas por derechazos, largos y templados con altas dosis de aguante. Sin eludir la izquierda, porfió con éxito, en resolver las dificultades que la bronca embestida de su enemigo le presentaba. Con estocada baja y tendenciosa mermó en buena parte, el mérito de su faena.

Al Maestro Rincón no le debe quedar duda alguna del cariño y admiración que una de sus plazas le profesa. La Santamaría, ni más faltaba, le rinde justo tributo a su gloriosa trayectoria de gestas toreras. Pero él, acostumbrado a la exigencia de su otra plaza, la de Las Ventas, debe sentirse extraño ante el empalago.

A su primero, tardo y gazapón, luego de un trasteo por alto, despegado, le descubrió las posibilidades por el izquierdo, propinándole tandas de naturales uno a uno rematados con afarolados y forzados de buena ejecución. Con estocada tendida y descabello, despachó a su caminador enemigo.

Su segundo, más codicioso y con aires de fiereza, le exigía más. Hubo sapiencia y paciencia pero no toda la verdad de la que el Maestro dispone, al desplazar inicialmente el toro hacia afuera, quedando persistentemente fuera de cacho. Su sapiencia y paciencia le permitieron al final de su faena, verse más ceñido, ligando por derecha e izquierda antes de prodigar una magnífica estocada, en la suerte de recibir y en todo lo alto, que derrumbó al Agualuna, sin atenuantes, para dos orejas.

Tejela se brindó con más voluntad y entrega de las que acostumbra en plazas americanas. Pero el descargar la suerte, echando la pata atrás, fue el común denominador en sus dos faenas. La primera, trompicada por la izquierda y rematada con estocada caída, mereció a juicio de los entusiastas y del asesor, una oreja. Tal vez por no amilanarse ante el chubasco sabanero que soportó durante la lidia. Con el quinto, un ejemplar de corto recorrido, mirón y que se quedaba debajo, Tejela omitió lo único que las condiciones del toro le permitían hacer: matarlo decorosamente.

En la brega se distinguieron Santana y Franco, no así "El Piña", a quien se le ha visto fuera de sitio.

Con nobleza, pero ojalá con mayor exigencia, la afición esperará la próxima temporada.
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