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| 2/9/2003 12:00:00 AM

La doctrina Bush: ¿fuerza o razón?

Germán Ortiz Leiva, profesor de la Universidad del Rosarío, escribe acerca de la intervención norteamericana basado en un artículo escrito por Hans Morgenthau en la primavera de 1967.

Un artículo escrito en la primavera de 1967 por Hans Morgenthau, "padre" del realismo político contemporáneo, para una prestigiosa revista norteamericana acerca de la intervención, puede ser útil para comprender algunos rasgos de la política exterior norteamericana pero sobre todo, de la gestión actual enmarcada bajo la doctrina Bush. Quien escribe el ensayo para entonces, trazó desde fines de la década de los 40 y por 30 años con sus análisis, la diplomacia política y estratégica de los diversos gobiernos norteamericanos bajo el esquema, interés nacional?acción internacional.

Luego de 17 meses de los ataques terroristas a Norteamérica, la declaración ideológica del 20 de septiembre de 2001 por su presidente en respuesta al desafío planteado, la propuesta de guerra preventiva en un nuevo modelo de acción de la Casa Blanca y por supuesto, las crecientes tensiones en la Unión Europea en torno a Irak, Corea del Norte y todos aquellos escenarios que involucren a naciones que parecen no aceptar la rehegemonización del mundo en torno de la megapotencia, conducen a pensar en un sistema internacional emergente, en el que ya decantadas las coyunturas recientes, se percibe un grado de cambio que viene ocurriendo a la par de una mala impresión causada en la opinión pública mundial por la continuidad en las acciones internacionales de países como Estados Unidos.

En este sentido es que la lectura de Morgenthau toma un mayor significado. Su concepto de intervención traído a propósito del documento que en septiembre de 2002 promulgó Washington al referirse a los Estados canallas y a los terroristas, y la posibilidad de reaccionar de manera anticipada para tratar de responder a una amenaza evidente o no (es el trasfondo de la actual discusión en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con respecto a Irak) contra la seguridad nacional estadounidense, permite entender que la guerra preventiva ahora propuesta, se parezca más a la intervención legítima de Norteamérica, escrita por Morgenthau, incluso por encima de la legislación internacional y de la oposición de un creciente movimiento antibélico porque a decir de la Casa Blanca, "Estados Unidos se reserva la posibilidad, dado el caso, de actuar por anticipado".

Morgenthau describe los problemas que conlleva intervenir en determinados momentos. Y aunque reconoce el uso legítimo de la fuerza para hacerlo, advierte sobre los riesgos de confundir en ocasiones la ideología pura con el simple juego de la política de poder, justificándose la una con la otra, sólo para dar salida a la pura acción militar.

Según observaba, la intervención se veía disminuida en 1967 por la coexistencia pacífica unida al hecho de que Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial promovía el respeto al derecho internacional dentro de un sistema que de paso neutralizaba las ambiciones geopolíticas de la extinta Unión Soviética.

Hoy, por el contrario, todo indica que la administración Bush ha entendido que respetar el mismo derecho que ellos promulgaron años atrás, resulta incómodo a la hora de evaluar el principio de no injerencia y el no uso de la fuerza como pilares de la paz mundial actual. Sin enemigos tan claros que enfrentar y ante un asunto tan complejo como el del terrorismo con diversos matices y causas enfrentadas, no se puede aceptar la regulación internacional porque va en contra de sus propios intereses.

Y ante este dilema del interés nacional como motor de la acción internacional Morgenthau responde: "No debe esperarse otra cosa". Pero aclara, "estas reglas deben deducirse no de principios abstractos incapaces de controlar las acciones de los gobiernos, sino de los intereses de las naciones de que se trate y de su práctica de la política exterior reflejo de esos intereses". Su crítica a la intervención en el sureste asiático y en general a la llamada guerra contra el comunismo de entonces, se dirigía a que se confundía el fenómeno en sí con las razones mismas que lo producían.

Dicha visión política llevará a Estados Unidos a una serie indiscriminada de intervenciones en guerras delegadas condenadas al fracaso (Vietnam fue una de ellas) por eso advierte en 1967:"Hemos llegado a sobrevalorar en demasía lo que una nación puede hacer por otra al intervenir en sus asuntos... incluso sin su consentimiento... lo que escojamos en estas ocasiones dependerá no de compromisos ideológicos arrolladores ni de la confianza ciega en el poderío estadounidense, sino de un cálculo cuidadoso de los intereses y del poderío disponible. Si Estados Unidos aplica esta norma, intervendrá menos y logrará más".

*Profesor ECH Universidad del Rosario

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