Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/05/15 00:00

La esperanza de Haití

A pesar de la violencia, pobreza y analfabetismo que han caracterizado a este país caribeño por décadas, su pueblo le apuesta a la democracia. René Préval, quien asumió ayer la Presidencia, se convierte en una luz de esperanza, pero no lo tendrá nada fácil.

La esperanza de Haití

En su primer discurso tras ser investido como el 55 jefe de Estado de Haití, René Préval invocó nuevamente el diálogo y la concertación para construir la paz.

"Debemos hacer la paz para lo que es necesario que hablemos", dijo Préval en un discurso ante una multitud de ciudadanos reunidos frente al Palacio Presidencial de Puerto Príncipe.

Con su brazo derecho a media altura, Préval, de 63 años, juró por segunda vez como jefe del Estado, cargo que ya ocupó de 1996 a 2001, además de primer ministro en 1991. El nuevo Presidente enfrenta varios retos para intentar sacar al país de la crisis política y social en que se encuentra. ¿Cuáles son estos?

Primero, recuperar la esperanza y fe de un pueblo donde el índice de analfabetismo llega al 50%, y la tasa de desempleo al 70%. No por más es el país más pobre del continente y uno de los más pobres del mundo.

Segundo, hacer una reforma del sistema judicial para que éste sea garante de un proceso de reconciliación. En un reciente informe, Amnistía Internacional fue especialmente crítica con esta rama del poder en la isla, a la que calificó de estar por debajo de los estándares internacionales, siendo causante de impunidad y muchas veces plagada de vicios y errores que han llevado a prisión a inocentes.

Tercero, desarrollar una estrategia de gobierno, negociación y conciliación con el legislativo. Hasta el momento se desconocen los resultados de cómo podría quedar conformada la Asamblea Nacional de 130 miembros y a la que se presentaron como aspirantes 1,300 candidatos; si Préval logra una mayoría, su gestión tendrá luz verde. Si no ocurre así, su ya difícil mandato tendrá una piedra más en el camino.

Cuarto, diseñar e implementar un programa para desarmar a las milicias y pandillas que pululan en el país. Según el último informe de Oxfam unas 210,000 armas se encuentran en circulación en el territorio lo que deja fuera de control a las “fuerzas del orden”; apenas existen 5,000 policías para toda la población –una cifra miserable y ridícula si se tiene en cuenta que con los mismos habitantes de Haití una ciudad como Nueva York tiene a 40,000 efectivos.

Quinto, dar un manejo adecuado al sensible tema del regreso del ex presidente Jean Bertrand Aristide al país. Mientras miles exigen que el ex presidente retorne de su exilio en Sudáfrica, otros tantos creen que la aparición nuevamente en escena del otrora sacerdote y ex gobernante se constituiría en un factor de inestabilidad, tensión y violencia.

Sexto, ofrecer un respaldo a la misión de la ONU Minustah para que continúe su labor de garante de seguridad y estabilidad en el país. Según el jefe de la misión Juan Gabriel Valdés, “Si la misión fracasa, el Consejo de Seguridad de la ONU tendría que entregar a un mando exterior la seguridad del país”. Uno de los objetivos de Minustah fue el ser garante del proceso electoral que ha concluido, pero éste apenas representa un punto de inflexión en el proceso hacia el futuro que miles de haitianos sueñan para su tierra.

En un excepcional estudio publicado hace dos años, Robert Rotberg habla de las diferentes tipologías de Estados. El rango va de Estados fuertes a Estados fracasados, pasando por débiles y fallidos. Llama la atención que el autor al observar el tema de Haití lo cataloga apenas como un Estado débil. Rotberg dice “Haití es un estado endémico débil, que siempre ha estado al filo de convertirse en un estado fallido, particularmente durante los siglos XIX y XX”, es decir en casi toda su historia como país independiente. Sin embargo, el autor explica que “en el país no ha existido una tensión civil importante, que su economía nunca ha sufrido crisis profundas como Rusia o Argentina, y que la misma ausencia de resultados en diversos ámbitos puede transformarse en la capacidad de un pueblo para construir su destino”.

Quizás por esta razón Préval optó nuevamente a la Presidencia;, quizás por el apego a esa esperanza el país votó con un 75% de participación en las urnas; quizás por el sueño de millones de haitianos de empezar a vivir y dejar de sobrevivir es que la democracia tuvo una importante victoria en una tierra asolada por el absolutismo de arrogantes dictadores; quizás la historia trágica de Haití puedan empezar a reescribirse con Préval como Presidente.

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