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| 4/11/2006 12:00:00 AM

La Gabarra, tierra de nadie

El descubrimiento de varias fosas comunes un año después de su desmovilización, revela las huellas macabras dejadas por los paramilitares desde 1999. Semana estuvo allá.

Hoy, un año y tres meses después de haberse desmovilizado 1.425 hombres del bloque Catatumbo uno de los más poderosos de las AUC, una tensa calma se siente en La Gabarra.

Este pequeño poblado, al norte de Norte de Santander, se convirtió hace más de 25 años en el epicentro de los negocios ilícitos de guerrilleros y paramilitares.

Primero fue el ELN, luego las Farc y unos años más tarde las autodefensas, quienes se encargaron de controlar la economía de la coca. Industria que en vez de dejar algo bueno para dichas tierras, se encargó de desterrar a sus colonos y sepultar a aquellos que han perseguido el sueño del dinero fácil año tras años.

SEMANA comprobó que las huellas dejadas por la invasión paramilitar siguen siendo visibles en cada esquina de aquel corregimiento de 3.500 habitantes. Los miles de muertos y desplazados que ha dejado la guerra por el manejo de los cultivos de coca hoy reclaman justicia y paz.

De La Gabarra se fueron los paras, según aseguran los informes oficiales del Gobierno y lo corroboran los anuncios de la guerrilla, pero queda el amargo recuerdo de lo que fue el paso de los más de 1.000 hombres que hicieron y deshicieron a su antojo y sin que nadie pudiera decir nada, pues siempre reinó la ley del silencio.

Una de las amarguras que tienen, y que solo hasta ahora lo dicen a grito entero los que lograron sobrevivir al conflicto, son los miles de muertos que dejaron los cinco años de posesión que tuvieron las AUC en esta parte del Catatumbo y que solo muy pocos han podido ser sepultados dignamente por sus familias.

Mientras que las autoridades señalan que los muertos dejados por la guerra de los paras son 5.200, los residentes de este lugar aseguran que las víctimas sobrepasan esas cifras. “En campos abiertos o en los patios traseros de las viviendas que eran tomadas por este grupo fueron enterrados los cadáveres, bien fueran de combatientes propios o simples raspachines que fueron sindicados de subversión y que de verdad nunca tuvieron que ver con nada de ese maldita pelea”, según manifestaron los campesinos.

Escenario

Un claro ejemplo fue la antigua estación de Policía de la vereda El 60, a 10 minutos de La Gabarra. Allí las autodefensas, al mando de Armando Pérez, alias ‘Camilo’, torturaron, masacraron y sepultaron a sus víctimas.

En este lugar de dos enormes huecos brotan olores putrefactos y se ven pedazos de uniformes camuflados. Según los habitantes de los alrededores, ahí yacen los restos de varias personas asesinadas. A unos cuantos metros, hay otras dos residencias, que ahora nadie quiere, porque supuestamente en la parte trasera se encuentran más fosas.

“Recorriendo así unos 10 kilómetros a la redonda de La Gabarra se pueden encontrar cientos de improvisadas tumbas donde fueron enterradas miles de personas que lo único que hacían era raspar la hoja de coca para ganar algo de dinero. Acá podemos encontrar desde médicos hasta simples obreros de construcción que un día se vinieron de diferentes partes del país a buscar trabajo”, aseguró uno de los líderes comunales del sector que pidió no ser identificado por seguridad.

Así, andando unos cuantos minutos más, pudimos ver que a lado y lado de un paso de herradura por donde sólo circulan camionetas 4X4, hay improvisadas cruces fabricadas con chamizos clavadas a un montón de piedras, lo que significa que allí cayó una víctima o allí lo enterraron sus agresores. Todo esto se encuentra a no menos de 25 minutos de la base militar que tiene la brigada 30 del Ejército.

Más hacía el sur, exactamente a 5 kilómetros del corregimiento por la vía que lleva a Tibú en el sector Casa Bonita, hallamos otras cuatro fosas, tres de las cuales son de unos hermanos asesinados en junio de 1999.

Debajo de un montoncito de arena se alcanza a ver un pedazo de camisa de franjas verdes y rojas. Ya está sucia, pero con sólo cavar unos centímetros se descubre uno de los cadáveres que recibió un tiro de gracia en la cien.

Según cuentan los habitantes, los tres hermanos se movilizaban hacía Tibú en un jeep negro, cuando fueron interceptados por unos paramilitares y obligados a bajarse para ser llevados a una habitación de una casa, que hoy es utilizada como escuela. Después de un extenso interrogatorio fueron asesinados en un campo abierto y luego enterrados.

Unos días después de este hecho, se registró la primera masacre en La Gabarra. Muchos aún la recuerdan, pues el Tribunal Superior de Cundinamarca condenó al Ministerio de Defensa a pagar más de 44 mil millones de pesos a los familiares de las víctimas por no haber hecho lo suficiente por evitarla.

Pero todo indica que esta lucha armada no termina con la desmovilización de las AUC. Ahora la columna móvil Arturo Ruiz del frente 41 de las Farc es quien manda en las más de 10 mil hectáreas de coca que circundan a La Gabarra. El Presidente Álvaro Uribe Vélez, en su última visita a Tibú, logró convencer, con sus promesas de pagar en efectivo a quien erradicara manualmente los cultivos ilícitos, a 340 campesinos. Pero ellos dicen que nunca le cumplieron con dicho pago. Por eso ahora amenazan con seguir cultivando la coca para tener con qué comer.

“Acá se ha querido acabar con este mal, por eso se comenzó a erradicar los cultivos ilícitos, pero después de varios días de insistir para que el Gobierno viniera a verificar y así crear las familias guardabosques y no conseguirlo, los que viven de esto decidieron seguir sembrando, pues si no hay dinero no se come ni se vive bien, por eso antes de morir de hambre seguirán haciendo lo que saben”, dijo un líder veredal que pidió la reserva del nombre.

A tres kilómetros de la guarnición de la brigada 30 del Ejército también pudimos observar más de 10 hectáreas de coca sembradas. Esas supuestamente fueron fumigadas el pasado noviembre.

En menos de 50 años La Gabarra pasó de ser una tierra petrolera y productiva a ser una tierra de nadie. Mientras unos se van, otros llegan, provocando desplazamiento, muertes y desolación como se comprobó una vez más.



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