Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/08/02 00:00

La gran vitrina china

Este viernes empiezan los Juegos Olímpicos en China. El gigante asiático organizó los juegos para exhibir su nuevo lugar en el mundo. Beijing será la sede más ostentosa de la historia, pero también una de las más polémicas.

La gran vitrina china

Los Juegos Olímpicos duran apenas 16 días, poco tiempo para un país cuya historia se piensa en términos de dinastías. Pero en ese lapso, que se antoja fugaz, Beijing 2008 deberá cambiar la imagen milenaria de China por una en la que aparezca como el nuevo poder emergente en la escena mundial del siglo XXI.

Cuando la capital ganó la sede, el 13 de julio de 2001, decenas de miles de chinos se reunieron en la plaza de Tiananmen para celebrar la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI). Xinhua, la agencia de prensa oficial, declaró el momento como “otro hito en el ascendente estatus internacional de China y un evento histórico en el gran renacimiento de la Nación”.

Y, de hecho, los juegos han transformado radicalmente la capital del país más poblado del mundo, con 1.300 millones de habitantes. Barrios enteros fueron derribados para construir instalaciones olímpicas y los arquitectos más prestigiosos del planeta deslumbraron con diseños como el ‘nido de pájaro’ o el ‘cubo de agua’. Con unos 40.000 millones de dólares es, de lejos, el mayor presupuesto de la historia.

Pero por momentos, el sueño olímpico chino se ha convertido en pesadilla. La razón es que los meses que han precedido al certamen han tenido un trasfondo político indudable. Porque aunque no otorga ninguna medalla, la prueba más luchada de los Olímpicos se disputa desde hace meses, y es la que enfrenta al Partido Comunista Chino contra sus críticos. En varios países ha habido protestas generalizadas contra la presencia en Tíbet y la actitud permisiva de Beijing con sus clientes africanos, particularmente Sudán.

La política y los Olímpicos no son un asunto nuevo. Desde cuando Adolfo Hitler realizó los juegos de Berlín, en 1936, las justas han tenido una carga que se exacerbó en tiempos de la Guerra Fría. Los de Moscú, en 1980, fueron boicoteados por Estados Unidos, y el bloque soviético, como respuesta, hizo lo propio con los de Los Angeles en 1984 (los primeros a los que asistió China, desoyendo al Kremlin). Y a pesar de los llamados del gobierno chino para separar política y deporte, las olimpíadas chinas han estado cargadas de polémica.

La razón es que, a pesar de sus esfuerzos, las justas chinas han sido el escaparate no sólo para las conquistas del régimen de partido único, sino también para sus faltas. Aunque Beijing prometió unos olímpicos ‘verdes’, el aire de la ciudad sigue mostrando niveles intolerables de polución, varias delegaciones montarán sus campamentos en países cercanos y otras tantas importarán su comida por temor a intoxicarse.

Se suponía que la sede ayudaría a promover las libertades en el gigante asiático y traería una mayor apertura, pero las últimas noticias, a días de la ceremonia inaugural, recuerdan la peor cara de China. El COI había prometido libre acceso a Internet a los periodistas acreditados, pero las restricciones a la red también se pondrán en práctica en el Centro de Prensa Olímpico. Los sitios relacionados con temas sensibles como la masacre de Tiananmen, el Tíbet, o la BBC en mandarín, estarán bloqueados. Por otro lado, Amnistía Internacional publicó un demoledor informe en el que dijo que la situación de derechos humanos en lugar de mejorar, se deterioró a causa de los juegos.

La antorcha olímpica encontró protestas a su paso e incluso un activista logró apagar brevemente su llama en París. Esas manifestaciones hirieron el orgullo de comunidades chinas en el exterior y despertaron contraprotestas a favor de Beijing. Varios observadores han señalado cómo, a pesar del sabor ácido en el exterior, de puertas para adentro las justas avivaron el fervor nacionalista y han sido dulces para el partido comunista. Como dijo a SEMANA Dwight Perkins, especialista de la universidad de Harvard, “los olímpicos sin duda han tenido una influencia positiva en cómo los chinos ven a su gobierno”.

China conseguirá una revancha histórica en el campo deportivo, en el que muy probablemente liderará la tabla de madallería. Pero no parece muy probable que refrende esa victoria en el campo político.

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