Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/11/14 00:00

"La guerra en Irak ha cambiado las reglas de juego para los periodistas"

Kim Housego, corresponsal de la Associated Press en Bogotá, viajó como corresponsal a Irak a finales de agosto. SEMANA.COM lo entrevistó sobre su asombrosa experiencia.

Kim (de pie) se protege detrás de una pared de blindaje, de la explosión de un mortero a 25 metros

Cubrir una guerra siempre es peligroso, pero Irak ha supuesto un riesgo sin precedentes para los periodistas. En lo que va corrido del año, 24 reporteros han sido asesinados en Irak y por lo menos cinco han sido secuestrados. Dos periodistas franceses siguen en cautiverio. Y más de 20, casi todos iraquíes, han sido heridos.

SEMANA.COM: ¿Cuál fue su primera impresión de Irak?

Kim Housego: Mi primera sorpresa fue antes de llegar a Irak. En el aeropuerto de Amman. Estaba atiborrado de contratistas, de mercenarios de la guerra, con sus cabezas afeitadas y camisetas que decían "Libertad para Irak a través de la superioridad de las balas".

Luego, cuando estábamos a punto de aterrizar en Bagdad, el avión bajó en picada dando giros para evitar ser atacado por morteros o rockets. Cuando aterricé ya estaba enfermo.

SEMANA.COM: ¿Cómo es el aeropuerto de Bagdad?

K.H.: Es un edificio vacío, sin nada. A los contratistas los estaban esperando con chalecos antibalas, revólveres, radios para comunicarse. Además tenían carros blindados esperándolos. A los periodistas, en cambio, no nos esperaba nadie. Como no dejan acercar carros civiles a cuatro kilómetros de distancia, nos tocó coger un bus desde el aeropuerto al punto donde me esperaban. Una vez me monté al carro, el conductor aceleró a más de 100 kilómetros por hora por una carretera despedazada. Cuando le hice señas al chofer para que fuera más despacio, me dijo en un inglés quebrado: slow no, very dangerous (muy peligroso despacio), señalando a unas palmas y a unos pequeños arbustos.

SEMANA.COM: ¿Por qué era tan peligroso?

K.H.: Porque la gente lanza rockets desde allí. Después supe que la ruta al aeropuerto es una de las más peligrosas. Muchas personas han muerto camino al aeropuerto.

SEMANA.COM: ¿Cuál fue su primera impresión de Bagdad?

K.H.: El chofer me condujo por entre callecitas para evitar los roundpoints, porque también son muy peligrosos. Como la gente tiene que bajar la velocidad, es uno de los lugares favoritos para estallar carros bomba. Unos días antes habían matado a 20 civiles en uno de esos. Además, lo que han hecho los americanos es bloquear la ciudad con unas paredes inmensas de cemento que absorben el impacto de las explosiones y sirven para proteger los edificios que son estratégicos para ellos. Al hotel tampoco se podía llegar en carro. Tocaba dejarlo a 100 metros y caminar.

SEMANA.COM: ¿Por qué?

K.H.: Para evitar los carros bomba. Se sabe que hay 12 carros bomba dando vueltas constantemente, ubicando buenos blancos para hacerlos explotar. Hay dos calles principales para llegar al hotel y ambas están bloqueadas por dos paredes de absorción y por alambres de púas. Allí te requisan. En un día me requisaban cinco veces en promedio. El Hotel Palestina, donde nos quedamos los periodistas, ha sido golpeado por morteros, rockets, balas, porque está a medio camino entre la calle y la zona verde.

SEMANA.COM: ¿Qué es la zona verde?

K.H.: Es el sector de Bagdad que le pertenece a Estados Unidos. Está protegido por tanques, torres de vigilancia, etc. Es una fortaleza donde viven los funcionarios americanos que van a reconstruir a Irak.

SEMANA.COM: ¿Esta sí está bien asegurada?

K.H.: Desde abril se calcula que la zona verde ha sido golpeada por 3.000 morteros lanzados desde la calle. Para entrar a esta zona debes pasar por cuatro requisas. Los funcionarios que tienen suerte viven allí en tráileres en un parqueadero con techo de cemento resistente a los morteros y a los rockets. Los menos afortunados viven en tráileres protegidos con trincheras hechas con costales con cemento. La zona es tan grande que es difícil de asegurar. Unos 10.000 iraquíes viven dentro de ella.

SEMANA.COM: ¿Y esos funcionarios que trabajan en la reconstrucción de Irak cómo hacen para salir de allí?

K.H.: No salen casi nunca y si lo hacen es con varios escoltas. La forma como adelantan los proyectos es así: por ejemplo, si quieren reconstruir la Oficina de Corros envían a un iraquí con una cámara de video para que haga las tomas del lugar y luego en la zona verde diseñan los planos y envían luego las instrucciones para su reconstrucción. Todo, a larga distancia. Por eso, de los 12.000 millones de dólares que hay para reconstrucción sólo han invertido 1.000 millones.

SEMANA.COM: ¿Y los periodistas sí salen del hotel?

K.H.: La mayor parte del tiempo estamos en la oficina que queda en el hotel. Salir a la calle es una ruleta rusa, uno no sabe si vuelve con vida. Ya dentro del hotel, oye uno todo el tiempo las explosiones de las bombas y las granadas, y los vidrios tiemblan constantemente.

SEMANA.COM: ¿Cómo hacen los periodistas cuando tienen que salir a hacer reportería en la calle?

K.H.: Las grandes organizaciones de noticias de Estados Unidos tienen sus propios ejércitos privados que los cuidan. Pero otros piensan que eso es inclusive más peligroso. Que es mejor salir en carros viejos, con placas locales y rezar para que no le pase a uno nada.

SEMANA.COM: ¿Cómo son esos ejércitos privados que cuidan a los reporteros de las agencias como 'CNN'?

K.H.: En su mayoría son contratistas, ex soldados ingleses o surafricanos contrados por estas organizaciones como asesores de seguridad y como escoltas de los periodistas. Es la primera vez en la historia del periodismo que esto sucede, pero los riesgos que están corriendo los periodistas en Irak superan por mucho los niveles de lo aceptable. A los insurgentes iraquíes no les importa si eres un agente de la CIA o un periodista. Si eres extranjero eres un blanco para ellos.

SEMANA.COM: ¿Corrió alguna vez un riesgo muy grande?

K.H.: El lugar al que más íbamos los periodistas era a la zona verde, donde quedan las instalaciones estadounidenses. Un día íbamos con otros dos periodistas a cubrir el juicio de uno de los oficiales acusados de torturar en la cárcel de Abu Graib cuando explotó un mortero a 25 metros de distancia. Y otro más. Nos acostamos en el piso muertos del miedo, y los soldados americanos gritaban. Fue muy miedoso. Lo increíble es que ni siquiera estábamos cubriendo un combate sino un juicio. Uno sencillamente deja de contar las ocasiones de peligro.

SEMANA.COM: ¿Eso fue lo más cerca que estuvo de la muerte?

K.H.: Una noche los periodistas de Fox nos invitaron a una barbacoa en la piscina (sin agua) del Hotel Sheraton. Estábamos asando las hamburguesas y tomando cerveza cuando cayó el primer mortero. Los 25 reporteros que estábamos allí comenzamos a gatear hacia el lobby del edificio, mientras la carne se quemaba en el asador. Diez minutos después, cuando ya se había aclarado la situación, los más valientes salieron por la cerveza y siguió la fiesta dentro, pero ya no fue lo mismo.

SEMANA.COM: ¿Qué motivación tiene un periodista para arriesgarse de esa manera?

K.H.: Es una mezcla. De un lado es la historia más grande de las dos últimas décadas, y por eso es emocionante cubrirla. Pero al mismo tiempo, la brutalidad de la insurgencia es desproporcionada y uno siente mucho miedo.

SEMANA.COM: ¿Su mayor miedo era a morir?

K.H.: No, era a ser secuestrado. Lo peor del trabajo era tener que ver los videos de las decapitaciones. Es que no les cortan la cabeza a los extranjeros de un solo sablazo sino poco a poco, es muy doloroso. Ver esos videos fue lo más dramático, mucho más que las explosiones. Ver a esos extranjeros, secuestrados a dos cuadras de donde yo vivía, siendo víctimas de esa brutalidad medieval fue muy impresionante. Frente a los insurgentes iraquíes los grupos armados colombianos parecen buenas personas.

SEMANA.COM: ¿Era constante el miedo entre los periodistas a ser secuestrados y decapitados?

K.H.: Sí, claro. El objetivo de los videos es sembrar el terror y en eso han triunfado. Cuando más miedo sentía era cuando me encontraba en el carro en un trancón y un iraquí me miraba. Porque ellos saben que tu cabeza vale mucho y tú también. Mi peor temor es que llegara un tipo con un revólver y me bajara del carro. Cuando estaba allá me parecía que el miedo que uno siente en Colombia de pasar dos o tres años secuestrado en la selva no era nada comparado a ser decapitado así. Es violencia de otra época. Los videos de las decapitaciones los venden en las calles de Bagdad junto a los videos porno.

SEMANA.COM: ¿Qué tanto riesgo corrían los periodistas de ser secuestrados?

K.H.: El riesgo es por ser extranjero. Ellos no discriminan si eres periodista o no. Los informes de seguridad decían que había una cantidad de niños corriendo alrededor de los carros señalando dónde había extranjeros. Entre los periodistas bromeábamos de que era mejor no hacer ejercicio para no engordar el cuello, porque entre más grueso más nos demoraríamos en morir mientras terminaban de cortarlo.

SEMANA.COM: ¿Cómo hacían entonces el trabajo periodístico con tanto temor?

K.H.: Por teléfono. Y también con stringers iraquíes o árabes. La mayoría de organizaciones están cubriendo la guerra por control remoto. Uno les da a estos stringers un teléfono satelital para que acudan al lugar de los hechos cuando explota un carro bomba o hay un incidente, y ellos desde ahí te cuentan lo que ven y uno arma la historia.

SEMANA.COM: ¿Es decir que no podía ir usted a cubrir la explosión de un carro bomba ni siquiera si ocurría cerca?

K.H.: El problema es que cuando explota un carro, la gente siente tanta rabia y se pone tan furiosa que devuelve esa rabia contra los extranjeros, y sobre todo contra los americanos que estén en el lugar. Es demasiado peligroso estar allí.

SEMANA.COM: ¿Qué tan objetivo puede ser el cubrimiento haciéndolo a control remoto y con stringers iraquíes?

K.H.: Esta guerra se ha polarizado tanto, que es difícil cubrirla de manera independiente. Pero los periodistas allí tratábamos de chequear la información de los stringers con la que daba el gobierno estadounidense en Irak. A veces los stringers se ponían muy furiosos con lo que sucedía y nos decían 'murieron seis mártires' o cosas por el estilo, pero en general eran buenos periodistas y teníamos los videos de los camarógrafos y podíamos comparar.

SEMANA.COM: ¿Consultaban también a la cadena árabe 'Al Jazeera'?

K.H.: Aunque Al Jazeera tiene prohibido reportear desde Irak, tiene mucha gente allá y son los primeros en obtener la información. Muchas veces sus informes son sesgados, pero nos apuntaban en la dirección correcta y nosotros ya luego verificábamos la información.

SEMANA.COM: Desde que Estados Unidos invadió Irak, los expertos calculan que han muerto entre 50.000 y 100.000 iraquíes y 1.139 estadounidenses, según estimativos del Pentágono. ¿Cuánta gente calcula usted que está muriendo al día en Irak?

K.H.: Se calcula que entre muertos y heridos, unas 100 personas al día. Hay mucha gente que está muriendo todo el tiempo pero no por carros bomba, y de esos uno no se entera.

SEMANA.COM: Suena como que Irak es un caos absoluto. ¿Algo funciona?

K.H.: No funciona ningún semáforo. La luz se va constantemente y agua sólo hay algunas horas del día y en algunos lugares. Pese a ser el segundo productor mundial de petróleo, hay una gran escasez de gasolina por los constantes atentados a los oleoductos. En una gasolinera es normal que haya colas de 70 carros.

SEMANA.COM: ¿Era así antes o es efecto de la invasión de estadounidense?

K.H.: Antes no era así, pero no han logrado reconstruir lo que se destruyó porque es demasiado peligroso.

SEMANA.COM: ¿Cuál era el sentimiento predominante entre la gente?

K.H.: Hay un odio casi universal a Saddam, pero están ya agotados de sentir tanto miedo. Quieren estabilidad, así sea a través de una dictadura. Y quieren que se vayan los americanos, sobre todo los contratistas, a quienes odian aún más que a los soldados.

SEMANA.COM: ¿Al cabo de las seis semanas de estar allá cómo se sentía?

K.H.: Tenía los nervios destruidos. Cuando salía casi no podía concentrarme en la historia que estaba cubriendo porque la mitad del tiempo estaba fijándome si me iban a atacar o no. Era agotador. Además no puedes hacer nada normal. En cierta forma sólo podíamos nadar en la piscina cuando estaban rezando, y no había ninguna posibilidad de salir a comer de noche, cosa que los periodistas sí hacían seis meses atrás. Es que ni en Beirut los periodistas eran un objetivo militar. Esto ha cambiado todas las reglas de juego para los periodistas.

SEMANA.COM: ¿Qué va a pasar con los periodistas franceses que están secuestrados?

K.H.: Cuando los entregaron al otro grupo pensamos que los iban a liberar. Ahora se cree que porque son franceses seguramente estarán pidiendo un rescate por ellos. Para los periodistas en Irak el hecho de que hubieran secuestrado unos periodistas de un país que se opuso tanto a la guerra fue un shock. Un periodista inglés y dos gringos fueron secuestrados por un grupo chiita, y a esos sí los soltaron.

SEMANA.COM: ¿Cree que maten a la mujer que tienen de rehén?

K.H.: Nunca han decapitado a una mujer, lo que da esperanza. Pero el grupo que la tiene jamás ha liberado a ningún rehén. Normalmente los matan a los pocos días de ver que su chantaje no resultó.

SEMANA.COM: ¿Hubo algo bueno en tu experiencia, que suena tan aterradora?

K.H.: Hay una solidaridad muy grande entre los periodistas. La competencia entre los colegas es nula y uno se ayuda todo el tiempo. Eso fue muy grato. También, toda la adrenalina. Tres días después de volver aún no podía conciliar el sueño. Esta es de lejos la guerra más peligrosa de la historia para los periodistas.

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