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| 9/24/2004 12:00:00 AM

La guerra de la sintonía

En Calamar, Guaviare, el Ejército libra en el dial una guerra paralela a la del campo de batalla. El micrófono es a veces un arma más poderosa que un 'rocket'.

Cuando 'Asdrúbal', un guerrillero del frente primero de las Farc, decidió desertar hace un par de semanas lo primero que pidió fue entregarse a un soldado en particular. Quería conocer a J. L. Bastidas, el locutor del Ejército que a través de la Frecuencia Modulada lo había convencido de dejar las armas en medio de rancheras y vallenatos.

Bastidas, como se presenta en la emisora este cabo de unos 25 años, es un soldado reservado de voz grave que, sin buscarlo, se convirtió de la noche a la mañana en la versión castrense de Julio Sánchez Cristo. Lleva un año y pico en Calamar, y los últimos tres meses detrás del micrófono. Su objetivo es acercarse a la población civil a través de la música, animar a los soldados que llevan meses monte adentro y motivar las deserciones en las filas guerrilleras. Como si se tratara de cualquier emisora comercial, hay franjas específicamente diseñadas para cada uno de estos targets y está detectado que entre los guerrilleros el vallenato y las rancheras son los géneros favoritos.

Las emisoras se han convertido en un arma importante en la 'guerra sicológica' librada en el Guaviare, concretamente en Calamar. Allí, prácticamente desde cualquier punto del casco urbano se divisa el tanque de agua que corona la estructura de varios pisos donde funciona Colombia Estéreo, la emisora móvil del Ejército desde donde transmite Bastidas todos los días. Es de lejos la construcción más alta del pueblo y el mejor testimonio de la transformación de esta área de histórico control guerrillero.

Hasta hace poco más de un año, ahí operaba Chiribiquete Estéreo, otra emisora que mediante claves trabajaba para las Farc. Cada vez que invitaba "a alistarse los trabajadores para la minga con palas y picas", los guerrilleros sabían que era la señal para lanzar hostigamientos contra el Ejército. En realidad, durante mucho tiempo, las Farc impusieron su ley en este municipio donde la economía giraba casi exclusivamente alrededor de la coca. La guerrilla no sólo la pesaba a la vista de todos y la pagaba con fajos de billetes o con vales que después se convertían en efectivo, sino que llegó al punto de carnetizar a la población.

Durante los tres meses en que el Ejército se mantuvo en los alrededores planeando la operación para ingresar en Calamar, los guerrilleros ondeaban banderas rojas para provocarlos desde esa misma edificación que se avista a lo lejos. Cuando finalmente las Fuerzas Especiales decidieron entrar al casco urbano, el 10 de agosto de 2003, precisamente desde lo alto de ese punto estratégico los francotiradores les dispararon tratando de repeler el ataque. Aquella noche Bastidas era parte de la tropa y no se imaginaba que un año después en lugar de estar frente al fusil estaría frente al micrófono.

Untitled Document En Calamar, como ocurre en otras poblaciones objetivo del Plan Patriota, el Ejército no fue bien recibido. En un comienzo no les vendían en algunas tiendas o la gente no les hablaba por miedo. Ganarse a la población civil, que es en últimas la que inclina la balanza de la guerra, no es fácil cuando la presencia del ejército frena la economía ilícita a la que estaba acostumbrada la región.

Ese proceso lento de ganarse a la gente se aceleró notablemente en los tres meses que lleva operando la emisora, para lo cual se capacitó a cuatro militares, entre ellos Bastidas. Por todo el pueblo hoy se escucha Colombia Estéreo y la tropa interactúa con la población hasta el punto que el pasado fin de semana, para recibir a la primera Brigada Interinstitucional, como una estrategia del gobierno para acercarse a la población, la banda del pueblo interpretó el himno del Ejército, algo impensable hasta hace muy poco en un lugar al que algunos se referían como 'Cala-farc'.

La importancia de las emisoras es tan estratégica dentro del Plan Patriota que con esta brigada no sólo llegaron médicos a operar, odontólogos, policías disfrazados de payasos y policías peluqueros, sino que también se repartieron 200 radios entre las familias beneficiadas. Así aspiran garantizar que sus mensajes alcancen a todos los calamarqueños y sobre todo, a los guerrilleros que aún dudan si seguir los pasos de Asdrúbal.

De los siete insurgentes que se han desmovilizado en Calamar en lo que va corrido del año, cinco lo han hecho a punta de oír los mensajes de Bastidas, que diariamente los invita a 'volarse'. Podría parecer un número pequeño, pero sólo es el comienzo. En San José del Guaviare 42 insurgentes se desmovilizaron el año pasado por cuenta de Colombia Mía, la emisora del ejército en AM, y en lo que va corrido de 2004 ya son 31 desmovilizados en Guaviare entre las emisoras de San José, Miraflores y Calamar. Prácticamente, todos los desmovilizados del país manifiestan haber sido motivados por los mensajes de las 31 emisoras fijas y las 5 emisoras móviles de Ejército, y durante el gobierno Uribe más de 100 han buscado específicamente al locutor que oían en la radio para entregarse.

La frecuencia llega a las espesuras de la selva donde no pueden penetrar los helicópteros ni las tropas. La guerrilla siente el impacto en combatientes adoctrinados que por medio de la radio comienzan a familiarizarse con un discurso diferente que, camuflado entre los éxitos del momento, comienza a calar. Escucharla está prohibido en varios frentes. Cuando su jefe descubrió a Asdrúbal escuchando Colombia Estéreo antes de volarse, lo sancionó duramente. Lo obligó a arrastrarse en los codos a lo largo de 300 metros de zanja.

Las Farc han convertido estas emisoras y sus locutores en objetivos militares, y también compiten con su propia emisora, La Voz de la Resistencia, que el Ejército ha tratado de rastrear sin éxito porque la cambian de frecuencia constantemente y, según se sospecha, la originan desde sofisticados equipos móviles.

Los jefes les aseguran a los guerrilleros que los soldados asesinan a los desmovilizados para evitar que se fuguen, y eso ha llevado al Ejército a realizar programas en vivo cada vez que uno se escapa para motivar a los demás. Según los locutores, eso ha logrado que cuando desaparece un guerrillero aumenten los oyentes por la expectativa de saber si el camarada consigue 'coronar' su huida.

*Periodista de SEMANA.COM. Correo: storrado@semana.com
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