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| 8/2/2006 12:00:00 AM

La hora de Júnior

Julio César Turbay Quintero fue elegido Contralor General. Su triunfo revive temores sobre la independencia que tendrá frente al gobierno que ayudó a reelegir y que a su vez le hizo el guiño para acceder al cargo.

Con la más alta votación de la historia y el decidido apoyo del gobierno, el ex senador liberal Julio César Turbay Quintero logró este miércoles su elección como nuevo Contralor General. Hijo del ex presidente liberal del mismo nombre e identificado como uno de los representantes de la vieja clase política, Turbay remplazará al samperista Antonio Hernández Gamarra, quien sale del cargo por vencimiento de periodo.

El triunfo de Turbay estaba cantado desde hace varias semanas y fue protocolizado en las últimas horas, cuando los partidos Conservador y Liberal le oficializaron su respaldo. También votaron por él los congresistas ex purgados de Colombia Viva y Convergencia Ciudadana, así como los demás miembros de la coalición uribista, encabezados por Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia y el Partido de la U, motor de su candidatura. Los únicos que no lo respaldaron fueron los congresistas del Polo Democrático y los de Cambio Racial.

El gran derrotado de la jornada fue el senador Germán Vargas Lleras -promotor de la candidatura del ex ministro Carlos Medellín-, quien había dado una dura batalla contra el hoy ministro de Defensa Juan Manuel Santos por hacerse a uno de los principales órganos de control del país.

Turbay Quintero logró 213 votos para dirigir la Contraloría desde la cual son vigiladas 550 entidades del Estado a través de una compleja estructura de 4.000 funcionarios (120 de ellos de libre nombramiento) y con un presupuesto anual de $180.220 millones.

A pesar de su amplia capacidad burocrática y de su poder de control sobre las cuentas del Estado, el papel natural de la Contraloría como contrapeso de un gobierno que pretenda excederse en gastos quedó en riesgo con la elección de Turbay, al decir de algunos miembros del Congreso como Gustavo Petro, vocero del Polo Democrático. El congresista coincide con analistas como el ex constituyente Jaime Castro en que a partir de la reelección presidencial el ejecutivo comenzó a cooptar los órganos de control, incluidos la Junta Directiva del Banco de la República y la Registraduría General de la Nación.

Si en su primer gobierno Uribe fue derrotado en la elección de Contralor cuando Emilio Echeverri perdió ante Hernández Gamarra (quien fue incómodo para el gobierno en asuntos como la privatización de las telecomunicaciones, el manejo del déficit fiscal y las cifras de pobreza), en el segundo se las arregló para imponer a Turbay, muy cercano al Presidente e hijo de uno de los ex mandatarios que lanzó a Uribe como figura nacional y que más promovió la prórroga de su período. Así, el Turbay que hizo campaña por la reelección presidencial será el mismo que controle al gobierno Uribe.

El perfil de Turbay

Las dudas frente a Turbay también tienen que ver con su estilo, basado en estrategias de los políticos tradicionales. “Se dedicó a hablarle al oído a los congresistas”, reconoció un senador conservador de la Costa. Turbay se defendió asegurando que no negoció puestos y que su intención es continuar la labor de Hernández con transparencia y eficacia en el control fiscal.

La idea de volver al pasado y tener una Contraloría politizada genera temores porque durante la administración de Turbay ocurrirán algunos de los negocios más importantes para las finanzas del país, entre ellos la privatización de Ecopetrol, la reforma al Seguro Social, la prórroga de la concesión a los canales privados de televisión y el ingreso al país de la nueva tecnología de telefonía móvil.

Por eso el mayor reto para el nuevo Contralor será demostrar que ejercerá sus funciones con apego a los amplios conocimientos que esgrime en su hoja de vida y no con el manzanillismo que muchos miembros del Congreso le atribuyen. En sus manos está pasar a la historia como dinamizador del proceso de modernización emprendido por la entidad o como uno más de los siete contralores que terminaron presos o envueltos en escándalos de corrupción por hechos relacionados con su administración.

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