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| 7/18/2006 12:00:00 AM

La incógnita coreana

¿Quién es en realidad Kim Jong Il? Perfil del mandatario norcoreano que pese a ser calificado como un “narcisista paranoico” y ser analizado por expertos, parece indescifrable para el mundo.

Inestable, ciclotímico, impredecible, irascible, inseguro y extravagante son los adjetivos que en la prensa normalmente describen la personalidad de Kim Jong Il, el mandatario norcoreano que se ha dado el lujo de poner en jaque al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lanzando misiles de mediano y largo alcance al patio de sus vecinos, y amenazando con una guerra total, si sus exigencias no son cumplidas.

Aunque el “brillante y magnánimo comandante” y el “amadísimo líder”, como se hace llamar por su pueblo es una incógnita para el resto del mundo, para los norcoreanos es casi un dios. El culto a su personalidad se extiende hasta su nacimiento. Mientras documentos desclasificados rusos señalan que nació durante el exilio de su padre en 1941, en una cabaña en Siberia, la historia en Pyongyang dice que nació en 1942 en el Monte Paektu, el más alto de Corea del Norte, enmarcado por la aparición de un doble arco iris, y una estrella reluciente que permaneció en el firmamento indicando la llegada al mundo de un “líder incomparable”.

Kim Jong Il, de escasos 1’64, pelo ensartado, y amante de los tacones para parecer más alto, tiene según los medios surcoreanos que rastrean la propaganda oficial del norte, un increíble apetito intelectual que se refleja en la composición propia de seis óperas –que hablan de su grandeza-, una capacidad de oratoria sobresaliente y la posesión de por lo menos 20 000 películas extranjeras.

Kim Jong Il también es un aficionado productor de cine. Se le acusa de llegar el extremo de ordenar, en 1978, el secuestro del famoso director surcoreano Shing Sang Ok y de su esposa Che Eun Hui. La idea era contribuir “al desarrollo del pueblo hasta que se conviertan en verdaderos comunistas” según dijera el mismo Sang al regresar a su patria luego de sobrevivir a un campo de concentración norcoreano comiendo hierbas y raíces a donde fue enviado por un intento de escape.

Aunque se dice que líder norcoreano sigue las noticias de la CNN, en su país no está permitida la televisión por cable. Los aparatos de radio y televisión son verificados y presintonizados por el gobierno. Ninguna de las fuentes de noticias suele mencionar las dificultades económicas y la escasez de alimentos y se limitan a transmitir informes que narran la grandiosidad de su líder y su agenda diaria. Quienes logran evadir el veto se arriesgan a castigos severos en los campos para labores forzadas.

Para los analistas políticos, definir a Kim Jong Il no es tarea fácil. Muchos catedráticos chinos dicen que su sistema de gobierno no entra ni en el marxismo ni en el estalinismo. Advierten en cambio que su malentendida política de autosuficiencia, incapaz de proveer alimentos para su propia gente, eclipsa otras decisiones vitales para su propio crecimiento. Otros lo ven como un régimen “nacionalista paranoico” que necesita de un enemigo perpetuo para mantener el propósito de su existencia.

Un informe presentado ante la Comisión de Seguridad Interna del Senado de los Estados Unidos en abril de este año, justo antes del controvertido lanzamiento de los misiles, exponía la afición norcoreana por crear crisis para que otras naciones le rueguen que se involucre en las negociaciones. El mismo informe dice que sus objetivos son evitar cualquier tipo de acuerdo, enfriar las negociaciones para obligar a los demás a aceptar sus exigencias, pedir sin ofrecer nada a cambio, beneficiarse por el solo hecho de asistir a las sesiones de negociación, bloquear cualquier tipo de progreso, y solo firmar acuerdos que se puedan romper en cualquier momento.

Los psiquiatras que desde el extranjero le han seguido la pista a Kim Jong Il, parecen tener un perfil mucho más claro. Jerrold Post, un experto en psicología de líderes mundiales, afirmaba en un programa de la ABC de Australia, que el líder norcoreano manifiesta tendencias paranoicas y un narcisismo maligno que le impide valorar el dolor y el sufrimiento de los demás. Recordaba que mientras morían millones por la hambruna, el “amadísimo líder” gastó por año, entre 1989 y 1999, de $650 000 a $800 000 dólares en licores de lujo, según la Hennessy Fine Spirits Corporation.

Pero son los desertores quienes sin duda han contribuido a armar la historia secreta de Corea del Norte. Confirman mucho de lo captado de las emisoras norcoreanas y agregan sus terribles historias. Hablan de la existencia en Haengyong, cerca de la frontera con Rusia y China, del Campo 22, uno de los campos de concentración más grandes para prisioneros políticos. Hablan de familias enteras que no se han readaptado ejecutadas en cámaras de gas cuya estructura permite que los científicos observen paso a paso las condiciones de su muerte.

Nadie cree que la situación norcoreana cambie por lo menos por ahora. “One Free Korea”, un visitado blog creado por y para desertores es pesimista al respecto. Para ellos Kim Jong Il ha sido lo suficientemente pragmático para realizar los cambios que aseguren su existencia. Dicen que es necesaria mucha más presión internacional y que no dejan de soñar con que algún día el pueblo norcoreano pueda protestar. Recuerdan la frase escrita en la pared de una estación de tren que decía: “Por qué la gente tiene tanta hambre?”. Fácil escribirla en occidente, no en Corea del Norte donde su autor probablemente haya pagado con su propia vida.








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