Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/09/17 00:00

La misión de Uribe en la cumbre de la izquierda

¿A qué se debió el decidido respaldo del presidente Álvaro Uribe al presidente Evo Morales, y su participación en la cumbre de Unasur en Chile, a la que asistieron principalmente mandatarios de izquierda? ¿Estará cambiando su estrategia diplomática?

Los presidentes de la Cumbre de Unasur en Santiago

Hasta hace unos meses era improbable que el presidente Álvaro Uribe, principal aliado de Estados Unidos en Suramérica, suscribiera un acuerdo común con mandatarios de países destacados por sus diatribas contra el “imperio” o por su búsqueda de autonomía.

En la cumbre de Brasilia, el pasado mes de mayo, el jefe de Estado colombiano fue el único mandatario que rechazó la creación del Consejo de Seguridad de Unasur con el argumento de que en Colombia había amenazas de terrorismo.

Sin embargo, en julio, durante la visita a Colombia del presidente de Brasil, Ignacio Lula, Uribe cambió de posición y anunció su ingreso al Consejo de Seguridad. La decisión fue interpretada por algunos analistas como un viraje político que buscó un primer acercamiento a los países de la región, de los cuales estaba distante.

Sin embargo, la firma a la “Declaración de la Moneda”, en la que los países de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), decidieron apoyar la legitimidad del gobierno del presidente de Bolivia, Evo Morales, y rechazar cualquier intento golpista en su contra, parece un gesto más evidente de un giro notable en la política exterior del gobierno colombiano, y en el que para más de un analista, se ve la línea del nuevo y estratega canciller, Jaime Bermúdez.

"De la misma forma que Colombia siempre reclama condenar la violencia terrorista que afecta a nuestro país, nosotros acudimos a condenar la violencia que maltrate a cualquier país hermano y democrático", dijo el mandatario colombiano, quien durante su visita a Santiago hizo énfasis en la legitimidad del gobierno de Evo Morales y en la defensa de las instituciones. Así selló su acercamiento a los países de la región, y a la vez, marcó distancia con la oposición radical que el gobierno de Bush ha tenido frente a la tormenta social que ha significado el gobierno de Evo.

Al flanco derecho de Uribe en la mesa de la cumbre en el Palacio de La Moneda, estaba Morales, quien viajó hasta Santiago a denunciar el golpe de Estado fraguado por separatistas, y que ha atribuido a la influencia estadounidense. Al frente estaba el mandatario Luis Ignacio Lula, el promotor de la idea de crear el Consejo de Seguridad de Unasur, un espacio autónomo para debatir los problemas de seguridad del continente desde los intereses de los países suramericanos, sin que, no como sucede en otras instancias multilaterales, el Tío Sam imponga soluciones desde su visión del mundo y sus conveniencias.
 
Al lado de Lula estaba Correa, con quien Uribe no ha podido saldar las diferencias, desde el pasado 3 de marzo tras la incursión militar de tropas colombianas en su territorio para atacar un campamento guerrillero. Al flanco izquierdo de Uribe estaba Chávez, quien en los últimos días en una actitud provocadora ha insultado al gobierno de Estados Unidos y también expulsó, al igual que Morales, al embajador de Washington en su país.

Allí estaba Uribe, sentado solo entre los gobernantes de izquierda que lo han despreciado por su anuencia a los intereses de la administración de George Bush. Alán García, presidente de Perú, quien es el otro aliado de Estados Unidos en la región, se excusó y no fue al encuentro. ¿Qué hacía el aliado incondicional de Estados Unidos, máximo representante de la derecha en Suramérica, en una reunión de mandatarios de izquierda?

La sorpresiva decisión de Uribe que a último minuto canceló sus actividades en Colombia y pospuso su viaje a Washington a hacerle lobby al TLC, es una muestra de la habilidad de Uribe para sortear el clima político y sacarle el mejor provecho. En la solidaridad que expresó Uribe con el gobierno de Bolivia se advierte una petición de reciprocidad, un llamado a que los países de la región también abracen la que hasta ahora ha sido su lucha.

“Uribe se anotó un hit al mostrar solidaridad con Morales, pues así también logra cerrarle espacios políticos a las Farc en nombre de la defensa de la institucionalidad”, explicó a Semana.com el profesor de Política de Seguridad y Defensa Nacional de la Universidad Externado de Colombia, Jairo Libreros.

Libreros recordó que Morales fue ratificado por los bolivianos en su cargo tras conseguir una amplia votación favorable en el referendo que pretendía revocar su mandato, y argumentó que Uribe no podía desaprovechar la oportunidad de encontrar apoyo, pues en Colombia se avecina la aprobación de un referendo a favor de una segunda reelección presidencial. Para el analista, la presencia del jefe de Estado colombiano en la cumbre de Unasur también ratificó los compromisos adquiridos entre el mandatario colombiano con Chávez y con Bachelet, donde probó su palabra.

En el mismo sentido la analista internacional, Sandra Borda, dijo a Semana.com que “Uribe está entendiendo que su lucha contra la guerrilla no debe ser necesariamente un aislamiento de la región. Ya que a los países suramericanos, más allá de sus diferencias ideológicas, los une el respaldo a los sistemas de gobierno constituidos democráticamente, a Uribe le queda más fácil encontrar respaldo en su rechazo a las Farc que son antidemocráticas”, dijo Borda.

Según la analista, el cálculo político hecho per el primer mandatario también se basa en la posibilidad de que el candidato demócrata, Barack Obama, gane las elecciones de Estados Unidos. Ella explicó que de ser así, la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos, hasta ahora privilegiada, podría dejar de serlo, y Uribe quedaría totalmente aislado de la región.

Pero la movida de Uribe también podría hacer parte de la estrategia para conseguir la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Esta semana, dentro de la agenda diplomática del primer mandatario está su visita a Washington en la que sostendrá reuniones de alto nivel con líderes políticos en las que buscará ejercer presión para que el Congreso estadounidense ratifique el acuerdo comercial.

Según el profesor de Acuerdos y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, Carlos Ronderos, la presencia de Uribe en la cumbre de Unasur no se puede desligar de su visita a Washington. Ronderos explicó que Uribe está en una relación de privilegio entre Estados Unidos y los países de Suramérica y que podía servir de intermediario para zanjar las recientes tensiones; así dio el mensaje a Obama y a los demócratas en el Congreso que tienen frenado el TLC de que él era una ficha clave para las relaciones con los países de la región, en las cuáles es su aliado natural.

La jugada de Uribe y de su ministro de Relaciones Exteriores, Bermúdez, con este viaje a la cumbre de Unasur en Santiago fue cuádruple. Primero, se acercó a los vecinos suramericanos de los que estaba demasiado lejos. Segundo, marcó distancia con Estados Unidos para hacer ver que la incondicionalidad de Colombia hasta ahora no ha sido bien pagada (con el TLC embolatado por el Congreso, y tercero, al tiempo, les hizo ver su importancia como mediador entre la potencia del norte y los rebeldes del sur.
 
Y, por último, el presidente colombiano les llegó de manera mucha más efectiva a sus colegas de la región con un mensaje crucial para su gobierno y que había sido muy difícil de vender con el nombre de “lucha antiterrorista”. El mensaje es que al igual que la de Evo Morales en Bolivia, la lucha de Uribe en Colombia contra las Farc es a favor de la institucionalidad democrática y requiere de la solidaridad del continente.


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