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| 9/7/2006 12:00:00 AM

La muerte de un inocente

La detonación de un carro bomba con 15 kilos de pentonita acabó con la vida del habitante de la calle José Antonio Vargas, el 31 de julio pasado. Un error en los falsos atentados montados por miembros del ejército para obtener ‘positivos’ en vísperas de la posición presidencial, le costó la vida a este humilde ciudadano que encontraba en el reciclaje su modo de subsistencia. Al parecer, la honda explosiva que un mazda 626 blanco desató en la carrera 45 con calle 75 del barrio Gaitán a las nueve de la mañana alcanzó un caño aledaño en donde Vargas se encontraba. El carro bomba fue accionado al pasó de una patrulla de soldados miembros del Batallón de Policía Militar número 15 y la cual se dirigía al Cantón Norte. Además de la muerte de Vargas, la explosión produjo heridas a un suboficial y a nueve soldados.

Esta siniestra historia se aproxima a la de Emilio Vence, el funcionario del Das que sirvió por 22 años a la institución caracterizándose por ser un obsesionado con los resultados meritorios a su favor. Dicha obsesión quedó al descubierto cuando Vence se desempeñaba como director del Das en Barranquilla y trascendió que había montado tres falsos atentados contra el Presidente. La estrategia del ex director consistía en montar espectaculares e improbables operativos que daban como resultado el desmonte de lo que sería un “inminente atentado” contra el Presidente. Vence rápidamente le anunciaba a los agentes de la seguridad presidencial sobre su supuesto hallazgo, y así recogía los créditos de evitar los atentados que él mismo cocinaba.

El 22 de marzo, luego de que se juntaran varias inconsistencias sobre los ‘positivos’ de Vence, un fiscal especializado de la Unidad Nacional de Derechos Humanos ordenó una investigación en su contra. Pronto quedó al descubierto la calculada trama con que el funcionario había actuado.

Luego de lamentar la muerte de Vargas, la oficina de Acción Social le anuncio a los familiares del humilde reciclador, que el gobierno tramitaría una ayuda de 40 salios mínimos para con ello mitigar el accionar del terrorismo, que dejó otra “victima colateral”.
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