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| 7/24/2005 12:00:00 AM

La redención de la locura

Mientras algunos hablan del "ocaso de Charly García", Jorge Ladino le rinde un sentido homenaje al genio ególatra e inmortal.

Le apuesta a la locura y a la muerte y siempre sale victorioso. Momifica su cuerpo en vida, lo santifica  con cada porro y cada botella de whisky y lo exhibe como el más preciado de los juguetes. Pareciera tener todos los años, pero apenas apunta 53. Acaso un día se harte y se corte las venas, pero así, desangrándose y todo, le hará  el amor al piano y quizá, en el cuarto próximo, alguien escuche "Chipi Chipi", mientras un ángel en ruinas escape por la ventana para demoler hoteles.  Así es Charly García, un genio con un aleph en su cabeza que se creyó dios y no ha dejado de inventar para redimirnos desde sus composiciones.

Nietzsche señaló: "un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para llegar a seis o siete grandes hombres". De Buenos Aires para la posteridad es Carlos Alberto García Moreno. Nació el 23 de octubre de 1951. A los tres años le regalaron un piano de juguete y apenas con 12 recibió el título de profesor de piano. El niño prodigio no se conformaría con ser un lúcido pianista tributado a lo clásico, habría de convertirse en  rockero. Un genio, sin lugar de dudas. Además tiene "oído absoluto", un don inigualable, en tanto permite escuchar un sonido, incluso lejano, y señalar la nota del mismo. A los 15 años conoció en el colegio a Nito Mestre, con quien conformó la legendaria banda "Sui Generis". Fueron años de aprendizaje hasta cuando, en 1971, se presentó en un importante festival de música. En 1972 salió "Vida", su primer álbum, con canciones sencillas, pero profundas, sobre los sentidos del amor, el tiempo y la esperanza. De allí son clásicos como "Canción para mi muerte", "Necesito" y  "Quizás porque". El fenómeno Sui Generis fue encontrando nuevos seguidores. Llegarían dos excelentes discos: "Confesiones de invierno" (1973) y "Pequeñas anécdotas sobre las instituciones" (1974). El poder comenzaría a temblar y vendría la censura a varios de sus temas. Eran los tiempos en que hacer rock podía costar el pellejo, pues, más que una expresión de rebeldía o un producto comercial, contenía una visión ética, crítica y política de lo que estaba pasando. En plena cima del éxito, Sui generis se despidió, el 5 de septiembre de 1975, con un concierto apoteósico en Luna Park, del que se grabaría una película y un disco doble, titulado  "Adiós Sui Generis".

En 1975 participó en un interesante proyecto: PorSuiGieco, con Raúl Porchetto, León Gieco, Nito Mestre y María Rosa Yorio. En 1976 formó "La máquina de hacer pájaros", una banda dotada en recursos técnicos y sonoros que experimentó con el rock sinfónico. Aparecieron dos discos de alta calidad: La máquina de hacer pájaros (1976) y Películas (1977).  En 1978 se casó con Yorio, la que sería la madre de Miguel, su único hijo.

En 1978, Charly se encaprichó con una bailarina brasileña y fue en São Paulo, donde creó otra famosa banda, "Serú Giran", al lado de grandes músicos argentinos: David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro. Los consideraban los "Beatles argentinos", por su poder de convocatoria y la riqueza expresiva de sus composiciones. Su huella quedó en cinco discos: "Serú Giran" (1978), "La grasa de la capitales" (1979), "Bicicleta" (1980), "Peperina" (1981) y "No llores por mí, Argentina" (1982). Después se editaría un disco doble llamado "Yo no quiero volverme tan loco", con temas de  la presentación en el Teatro Coliseo el 26 de diciembre de 1981. Las canciones de Serú reflejan la angustia y el terror durante las dictaduras. Todo se debía decir con ironías finas, desde lo conversacional y poético, para que la censura, ignorante sobre los poderes de la ambigüedad y la sugerencia, no afilara sus tijeras.

El éxito seguiría acompañándolo como solista. Sus seguidores verían florecer la figura del artista desgarrado, del músico  dedicado no sólo a sus letras y canciones, sino a trabajar su propio ego. Y, para poner a los medios a sus pies, qué mejor trampa que el escándalo provocado por su comportamiento. Visitó varias veces las clínicas de rehabilitación y los hospitales mentales, pero nunca aplacó su ira y su locura creadora. Indudablemente, es un poeta maldito. Se le puede perdonar cualquier acto irreverente, pues del caos se nutre el genio. Juega con la muerte, le hace zancadilla y se burla de ella, ¿Cómo olvidar ese marzo de 2000 cuando, luego de una presentación en el estadio de la ciudad de Mendoza (Argentina), se tiró desde el noveno piso del hotel a la piscina? Quién podría juzgar la bromita si de ella brotaron canciones preciosas como "Me tiré por vos" o "Noveno B", pertenecientes al álbum "Sinfonías para adolescentes", con el que, junto a Nito Mestre, celebró ese mismo año a Sui Generis.

Como solista, desde "Pubis angelical" (1982), la banda sonora de la película de Raúl de la Torre y  "Yendo de la Cama al Living", del mismo año, hasta el más reciente ("Rock and Roll yo", 2003),  se descubre un músico que se renueva constantemente y no teme a la exploración de diversos asuntos existenciales y posibilidades sonoras. No es un conformista que al encontrar una fórmula exitosa se queda estancado en ella repitiéndose y agotándose. Experimentar con el sonido y crear son rituales necesarios para Charly en los estudios de grabación. Bien lo señala Fito Páez recordando la época en que le tocaba los teclados para el  álbum ""Clics Modernos" (1983): "es como haber estado en el taller de Goya, en el taller de un gran artista". Y no solo Fito Páez, amigo cercano de Charly se reconoce "hecho sobre sus pilares", también otros rockeros argentinos de trascendencia  han tenido que ver con este loco genial: Andrés Calamaro era el encargado de los teclados en "Yendo de la Cama al Living" (1982); con su admirado Luis Alberto Spinetta, aunque se inició un proyecto musical que quedó truncado, sobrevivió "Rezo por vos", un tema para no olvidar; con Pedro Aznar, ex Serú Girán, compone y canta "Tango" (1986) y "Tanto 4" (1992), Gustavo Cerati pondría su singular voz en la versión 2001 de "Rasguña las piedras", incluida en el disco conceptual doble "Sí", de Sui Generis. 

Son innumerables también las participaciones de Charly en proyectos de diversos músicos de Hispanoamérica. De los 80 son igualmente sus discos "Piano bar" (1984), "Parte de la religión" (1987) y "Cómo conseguir chicas" (1989). En los 90 figuran además  "Filosofía barata y zapatos de goma" (1990),  "La hija de la lágrima" (1994), "Hello, MTV umplugged" (1995), "Say no more" (1996), "Alta fidelidad, con Mercedes Sosa"  (1997),  "El aguante" (1998),  el célebre en vivo "Demasiado ego" (1999). Y este siglo también es de Charly, prueba de ellos son: "Sinfonías para adolescentes" (2000) grabado con Nito Mestre, un álbum Sui Generis, en homenaje al pasado, al igual que "Sí" de 2001;  "Influencia" (2002) y "Rock and Roll Yo" (2003).

"Rock and Roll Yo", su última creación, un álbum ego complejo, es la prueba de que Charly García no está destinado al silencio. Allí se revela un universo donde el caos es fuerza vital. Se involucran inteligentemente sonidos árabes, retazos de películas célebres, el zumbido de los helicópteros y las sirenas desgarradas, en  medio de los cuales, soberbiamente se va erigiendo un Rock and Roll  ameno, armónicamente bien logrado. Las líricas revelan un cuidadoso trabajo con el lenguaje, el buen manejo de la ironía, el humor negro, las contradicciones y elementos conversacionales  que  dan altura estética a un álbum donde Charly, a pesar de su cuerpo en ruinas, de su alma y su voz ofrendadas al alcohol, revela de nuevo su versatilidad, su admiración por Spinetta, su fe en el amor por más que  duela, sus deudas con el Rock y el Arte.

Se dice que a veces el tiempo fulmina al hombre para que nazca la leyenda. Pero Charly no es un  artista al que le guste la espera. "Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo", confiesa en  su álbum "Demasiado Ego". Sólo un artista loco pudo tornarse a dios y predicarlo. El rock en español nunca podrá ser ajeno a su vasto legado. A ese loco de "figura interminable y un bigote de malicia"  se le puede perdonar lo inaudito, pues en él la genialidad no conoce orillas ni  límites morales.

* Profesor del Colegio Champagnat de Ibagué

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