Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/05/06 00:00

La reforma política de Íngrid

Hoy hace diez años se firmó un pacto entre Ingrid Betancourt y Andrés Pastrana para sacar al país de la que entonces se consideraba la peor crisis institucional de la historia, después del 8.000. Si hubiera prosperado esa iniciativa quizás no estaríamos hoy en otra crisis.

La reforma política de Íngrid

El apartamento de Ingrid Betancourt y Juan Carlos Lecompte, donde vivían antes de que ella fuera secuestrada, está lleno de retratos de Ingrid, de sus premios, y de objetos que recuerdan sus ideas políticas. Los que la conocen bien saben que ella guardaba desde los recortes de prensa de las noticias que le interesaban, hasta los documentos del partido Oxígeno Verde, y los panfletos y material de propaganda de sus campañas. Luego de su secuestro, todas sus ideas quedaron archivadas en varias cajas que hoy descansan contra una pared en el largo corredor de la entrada.

Pero entre las cosas que habría que desempolvar está todo el material publicitario de la famosa reforma política que Ingrid y los “Independientes” buscaron impulsar hace 10 años para blindar al congreso del clientelismo, las maquinarias políticas y la corrupción.

En ese entonces se hablaba de que el país atravesaba la peor crisis política de su historia, después del Proceso 8.000, el escándalo por infiltración de dineros del narcotráfico en las campaña de 1994. Diez años más tarde, hay una sensación de “deja vue” cuando el país pasa por un conflicto grave que pone en jaque la institucionalidad y vale la pena preguntarse si la situación actual no hubiera sido distinta con la reforma política de Ingrid vigente.


El referendo de Ingrid

“Para ella fue muy frustrante haber obtenido la más alta votación y darse cuenta de que en el Senado, no obstante, seguían los mismos con las mismas de antes, y que nada había cambiado en cuanto a la politiquería que permitía que los mismos siempre llegaran al poder”, dice Juan Carlos Lecompte, recordando lo que sentía la senadora al haber sido elegida en 1998.

Cuenta que por ese motivo Ingrid y un grupo de casi 30 líderes políticos empezaron a hablar de la necesidad de una reforma que transformara la manera en que la gente accede al poder. El primer borrador de esa reforma lo escribieron en el mismo apartamento de Ingrid, el ex senador Eduardo Chávez y Claudia Vásquez. Luego se fueron adhiriendo otras ideas y otros representantes, en ejercicio y salientes, que llegaron a ser conocidos por el nombre de “los independientes”.

Los puntos clave de la reforma que llegó a conocerse como el “Referendo contra la corrupción”, y luego como el Refrendo de Ingrid, eran esencialmente cuatro. El primero de ellos buscaba ampliar la base electoral (con el voto obligatorio y la mayoría de edad a los 17). “Lo que pensábamos era que había que ahogar los votos corruptos con un mar de votos limpios. El clientelismo y la corrupción avanzan mejor cuando hay menos votos”, recuerda el ex senador Eduardo Chávez, y uno de los asesores más cercanos de Ingrid.

La reforma también buscaba que fuera el estado el que financiara las campañas políticas, brindando acceso gratuito a los medios, transporte gratuito el día de elecciones y que se cubrieran todos los gastos de campaña para movimientos y partidos, no para candidatos. De esta manera se quería evitar que dineros mafiosos entraran a financiar las campañas.

La reforma de Ingrid proponía una independencia de los organismos de control, a tal punto que los cargos de contralor y procurador fueran decididos por elección popular y que el fiscal general fuera elegido por la Corte Suprema de Justicia, de una terna presentada por la Corte Constitucional. Con esto se buscaba disminuir la influencia del ejecutivo sobre las decisiones de la Fiscalía.

Por último, la reforma quería cambiar las reglas de juego electorales y de los partidos, con una lista única en cada circunscripción electoral, para acabar con las microempresas electorales. La afiliación política debía ser a un solo partido para acabar con las maquinarias, y se buscaba implementar el voto preferencial. También se iban a suprimir las suplencias temporales para acabar con el negocio de los renglones en las listas y la pérdida de la investidura y personería jurídica a los candidatos y partidos que infringieran las disposiciones electorales. De esta manera los partidos debían responder también por las acciones de sus representantes.

En una entrevista con Semana en 1998, Ingrid dijo lo siguiente acerca de su plan de reforma a través de un referendo: “Es indispensable porque se necesita abrirle paso a una dirigencia comprometida con solucionar los problemas de los colombianos y no con enriquecerse y aumentar su propio patrimonio. Para eso hay que combatir las maquinarias y el clientelismo. ”

El pacto incumplido con Pastrana

Todos los puntos de este referendo quedaron consignados en el “pasaporte anticorrupción”, una campaña publicitaria que simbolizaba la alianza entre los Independientes con Andrés Pastrana. Ingrid y Pastrana firmaron un pacto el 6 de mayo de 1998 para que una vez éste llegara a la presidencia, se hiciera en un corto plazo la reforma política. El slogan de campaña presidencial de Pastrana era “El cambio es ahora”, pero los Independientes añadieron un nuevo slogan para simbolizar la necesidad urgente de la reforma: “El cambio radical”.

Pero una vez Pastrana ganó las elecciones, el cambio no fue tan radical, y el pacto con Ingrid y los independientes empezó a convertirse en una promesa de campaña que no podía cumplir. Desde antes de posesionarse Pastrana conformó una comisión de la Reforma Política, de la cual hacían parte: Humberto de la Calle, coordinador de la comisión, Ingrid Betancourt, senadora, Fabio Valencia Cossio, senador, Manuel José Cepeda, Hernando Yepes, constituyente de 1991, Parmenio Cuellar, ex senador, Hugo Escobar Sierra, presidente del Directorio Conservador, y Eduardo Chávez, ex senador.

La comisión empezó a trabajar en la propuesta, reformulando algunos de los puntos iniciales de la propuesta de Ingrid, pero se encontró con un obstáculo en el camino con nombre propio: el Ministro del Interior, Néstor Humberto Martínez, quien rápidamente mostró amplias diferencias con la propuesta original. La principal era que ese reforma debía pasar por el congreso, y no ser un referendo para que lo votaran los ciudadanos.

El 19 de septiembre de 1998 la comisión se reunió en el hotel Casa Medina y allí Pastrana les anunció que no podía llevar a cabo el referendo como estaba planteado originalmente, y que lo iba a someter al congreso de la república. Según los amigos cercanos de Ingrid, este episodio para ella fue una “encerrona” y una traición por parte de Pastrana.

A partir de ese momento Ingrid y la mayoría de los independientes se apartaron de la reforma política que siguió impulsando el gobierno a su manera y buscaron impulsar su propio referendo por medio de la recolección de firmas, con miras a lograr la revocatoria del congreso. El Tiempo publicó una cita de Ingrid sobre su decisión: “Hacer el referendo con el Congreso es como reformar el Código penal con los Rodríguez”.

Pero para Pastrana, quien había tenido una campaña para la presidencia bastante difícil, haber impulsado una reforma que purgara de entrada a su congreso, con quien tenía que gobernar era muy difícil. Hubiera sido su suicidio político.

La batalla final

A partir del 1 de octubre Ingrid y los Independientes salieron a recoger firmas para el “Referendo anticorrupción” y empezaron a hacer una campaña de lobby para que los congresistas votaran en contra de la reforma política del gobierno. La reforma política fue aprobada el 14 de mayo de 1999, pero muy pronto aparecieron varios micos y un mes después de que Ingrid Betancourt iniciara una campaña anti reforma en el Senado, el proyecto se hundió por 10 votos contra 9 en la Comisión I.

La recolección de firmas para el referendo de Ingrid continuó un año después. Se necesitaban 130.000 para que fuera aprobado, pero el 5 de mayo del 2000 el Congreso dejó vencer el término para decidir sobre el referendo por vía popular, y se determinó que los ciudadanos debían recoger el 10% de las firmas del censo electoral (2.200.000) y auto convocar al referendo.

Quince días después, la Registraduría expidió una planilla para la recolección de los dos millones de firmas adicionales y los Independientes empezaron a organizar una firmatón masiva, pero con muchos problemas de financiación. Según Juan Carlos Lecompte, en ese entonces costaba 200 pesos recoger cada firma. “Se necesitaban 260.000 millones de pesos, y esos recursos no los tenían”, dice Lecompte, y añade que muchos de los empresarios que normalmente habían apoyado a Ingrid tenían miedo de apoyar un referendo popular que revocara el Congreso. “Si esa propuesta de referendo se hubiera dado en el ocaso del gobierno de Pastrana, cuando ya estaba desprestigiada su labor, tal vez hubiera pasado,” dice.

A través del “firmatón” solo llegaron a recoger 770.000 firmas de 1.300.000 que se necesitaban para que la reforma no se hundiera. “Nos quedamos con las cajas llenas de los formatos. Nos dio muy duro porque ahí estábamos perdiendo una batalla importante”, dice Chávez. Pero agrega que después de esa derrota Ingrid y algunos de sus seguidores empezaron a construir el partido Oxígeno Verde, de cobertura nacional y ella empezó a preparar su futura campaña presidencial, que debía incluir como punto central una reforma política.

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