Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/08/29 00:00

La salud desde el cerro

El programa <i>Salud a su hogar</i> no huele a populismo ni se lo inventó Lucho de la noche a la mañana.

La salud desde el cerro


Las misiones médicas no se están tomando los cerros para regalar drogas o hacer intervenciones quirúrgicas a domicilio. Por lo menos así se ve desde arriba, donde el programa avanza a pie, casa por casa, día a día.

En una pequeña camioneta del hospital subí el cerro de Ciudad Bolívar hasta su UBA (Unidad Básica de Atención), Vista Hermosa. El lujo de andar en carro depende de la bondad del camino y del clima. Aunque muchas calles están pavimentadas el asfalto se acaba a medida que se asciende.

A pesar de ser el destino final de la mayoría de desplazados y de ser una zona reconocidamente peligrosa, es indudable que Ciudad Bolívar se ha desarrollado. El problema es que no es fácil saber cómo lo ha hecho, en qué orden ni para dónde apunta. Si a la derecha hay un colegio impecable con vigas que parecen sostener la montaña, a la izquierda se ve una docena de niños confundidos con perros que juegan en medio de un basurero; si a un lado hay un barrio con acueducto y una maraña de cables de luz eléctrica, al otro hay una casa rodeada por una zanja donde corren aguas negras. Ciudad Bolívar parece arreglada por parches, como si el Distrito, el gobierno y las más de 700 ONG que laboran allá vivieran en campaña política y cumplieran sus promesas por partes.

El UBA Vista Hermosa es uno de esos parches de progreso. La construcción está en perfecto estado y las instalaciones, bastante limpias. Este centro tiene a su cargo dos grupos de Salud a su hogar que llevan casi un año recorriendo la zona para establecer la situación de salubridad de la gente, los riesgos que afrontan y los factores que los protegen.

La salud siempre ha sido una de las promesas que se oyen en Ciudad Bolívar. A la montaña no llegan los debates sobre la ley 100 ni las diatribas sobre el modelo económico. Pero sí están las cifras. Según un informe preliminar del Hospital, el 40% de las familias del barrio Paraíso - uno de los más grandes de esta localidad y que tiene alrededor de 4.000 personas - tiene algún vínculo con el hospital y por lo tanto acceden al servicio de salud, el 10% tiene servicio a través de las EPS, el 3% no tiene nada y el 47% tiene servicio con IPS diferentes a Vista Hermosa.

¿Cuál es el problema entonces? Según Janeth Carrillo, doctora de la Universidad Nacional vinculada con el programa hace diez meses, la cosa es de prioridades. "Le pongo un ejemplo: Cafam atiende en Venecia, y desde acá toca tomar dos buses para llegar allá. Si el servicio es para el hijo del afiliado entonces son cuatro, y la gente acá no tiene esos recursos. Si se levantan 2.000 pesos es para comer". Para la doctora Carrillo, las distancias se convierten en barreras para el acceso a la salud.

"Nosotros no vamos a las casas a curar a las personas. Ellos no deben esperar a que se desplace el médico y la enfermera hasta allá. Se trata de educarla para que asuma responsablemente su salud. La 'caracterización' busca identificar factores de riesgo y protectores". Por ejemplo, las familias que viven cerca de los parques, de la iglesia, de los colegios, o de la junta de acción comunal cuentan con factores de protección.

En octubre del año pasado comenzó el proyecto en esta localidad durante la administración de Mockus. Se denominó entonces Salud Familiar, y este año se convirtió en la bandera del Gobierno Distrital - Salud a su Hogar - que lo extendió a las once localidades declaradas en emergencia social.

En este momento el proceso está en una etapa de diagnóstico. Los promotores de salud - muchos de ellos capacitados con el apoyo del gobierno canadiense - recorren las zonas, visitan a las familias y los entrevistan, les hacen preguntas que nunca se verán en la encuesta de un noticiero de televisión: ¿Tiene su casa riesgo de derrumbe? ¿Hay presencia de ratas? ¿Se lava los dientes con carbón, sal y limón? ¿Cocina con gas propano? ¿Hay riesgo de una explosión? ¿Tiene lavamanos, cisterna y ducha? ¿Cuánto tiempo dura el agua que recoge en canecas? ¿Cuándo fue la última vez que la lavó?

Me fui entonces con dos promotoras, Sandra Patricia Páez y Carolina Linares, a caracterizar. Ellas suben todos los días por escaleras de cemento y greda o por trocha, y bajan a pie si hay sol o deslizándose si llueve.

Llegamos a la casa de Viviana Alvarado, que abrió tímidamente la puerta y se disculpó por estar haciendo 'oficio' a esa hora. Con 19 años, tiene un hijo de 3 - Kevin - y vive con su compañero de 22, los papás de éste y los hermanos. En total nueve, pero a esa hora sólo estaban ella, su hijo y su cuñado, Brian, de 8.

No toda la gente deja entrar a los promotores. Muchas personas se asoman por una ventana y responden la encuesta. "No hay forma de obligarlos para que nos dejen entrar. Pero muchas veces nos queda claro que nos dicen mentiras."

La casa de Viviana es de ladrillo descubierto y teja de zinc. Dos camas están separadas por una cortina y más atrás hay otros dos cuartos. Al lado de una de las camas descansaban dos cilindros de gas enfundados en una sábanas. "Son para el trueque", dijo ella. Los cables eléctricos salen de las paredes y se enredan en los palos que sostienen las tejas. Dos bicicletas están colgadas de unas vigas y hay tres o cuatro afiches del Atlético Nacional.

Después de mostrar su registro de nacimiento y el certificado de vacunación de su hijo al día, Viviana respondió las preguntas, a veces con risas cómplices que se cruzaba con Brian o con monosílabos de niña pequeña. Al final dijo con resignación: "Lo difícil es cuando uno tiene que sacarse un examen médico, o ir al dentista. Todo queda muy lejos, es muy difícil ir".

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