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| 9/24/2004 12:00:00 AM

La suerte está echada

A medida que el proyecto de reelección se vuelve una realidad, crecen los temores de que una chambonada del congreso arruine el esfuerzo de sacar adelante la iniciativa

La caída del estatuto antiterrorista dejó claro que mientras el Congreso siga cometiendo errores en el trámite de los proyectos, la Corte Constitucional los seguirá tumbando. Decisiones políticas, leguleyadas o simple aplicación de las reglas. Lo cierto es que en la sala plena de la Corte han caído 'gigantes', pero para muchos, falta la caída del más grande de todos: el proyecto de reelección presidencial.

Con el hundimiento del estatuto antiterrorista volvió a la memoria de gobierno y oposición lo ocurrido el pasado 17 de junio, durante el cuarto debate del proyecto de reelección en la plenaria de la Cámara. Ese día, antes de iniciarse las intervenciones, los representantes de la oposición se salieron del recinto porque el debate no se transmitiría por televisión. Consiguieron a través del médico del Congreso unos tapabocas, se los pusieron y entraron para protestar. El presidente de la Cámara, Alonso Acosta, cerró el debate sin que ellos hablaran y dio paso a la votación.

El representante Luis Fernando Velasco asegura que la secretaría de la Cámara no quiso que se conociera la opinión de la oposición. "Fue un acto de protesta. No quisimos hablar en las condiciones que nos lo exigían, era un debate de gran importancia que tenía que conocer el país". Según un asesor del gobierno, lo que quiso la oposición fue montar un espectáculo: "Llevábamos dos días -martes y miércoles- con televisión, en el trámite de las recusaciones. Ese jueves le tocaba la señal al Senado. La oposición decidió no intervenir y se salió, y los que defendían el proyecto y que también estaban inscritos para hablar optaron por no hacerlo. Entonces se cerró el debate y se hizo la votación".

El pasado 30 de agosto, la Corte Constitucional declaró inexequible el estatuto antiterrorista por un episodio similar. De acuerdo con la Corte, el 5 de noviembre de 2003 el entonces presidente de la Cámara -también Alonso Acosta- levantó la sesión cuando vio que la votación del informe de ponencia era negativa, lo que hundía el proyecto. Esa omisión constituyó un vicio insubsanable que hundió la reforma.

La Corte ha dicho muchas veces que el debate es un requisito indispensable para la votación y aprobación de un proyecto. Así, cuando no hay debate, el proyecto corre un riesgo muy grande de ser declarado inconstitucional, como sucedió con el proyecto de las asambleas departamentales. En este caso, la Corte lo tumbó porque la mesa directiva del Congreso no permitió una verdadera deliberación del proyecto.

A este posible vicio se suma el de las recusaciones y la forma como se votaron los impedimentos. Cuando un congresista se declara impedido para votar un proyecto, la comisión o la plenaria resuelve el impedimento. Pero si no lo hace, cualquier otro congresista puede recusarlo, lo cual implica que el debate debe suspenderse mientras la comisión de ética decide la recusación. En el tercer debate del proyecto en la comisión primera de la Cámara no se le dio trámite a una recusación verbal interpuesta por Germán Navas Talero contra Yidis Medina. Él la recusó alegando que estaba impedida porque estaba negociando prebendas por su voto. Medina había dicho públicamente que votaría negativamente el proyecto e incluso había posado para la foto de los representantes de la Cámara que hundirían la reelección. Sin embargo, después de que el presidente Uribe le prometió inversión social para su región, según ella dijo públicamente, cambió su voto.

Aunque actualmente se adelanta un proceso de pérdida de investidura contra la representante, algunos representantes consideran que este no es un vicio insubsanable pues consideran que no darle trámite a una recusación no afecta el fondo del proyecto.

Lo único cierto es que la suerte está echada. En este punto ni el gobierno ni el Congreso pueden arreglar el proyecto sobre la marcha. Los vicios esperan pacientemente a que la Corte repare en ellos y eche por tierra el proyecto más ambicioso del presidente Uribe, o que los deje pasar para que queden como simples anécdotas.



A la caída del estatuto se suman leyes recientes que se hundieron por errores de trámite ostensibles:

-Ley de veedurías ciudadanas. A pesar de tratarse de un mecanismo de participación que debía tramitarse como ley estatutaria, el Congreso lo tramitó como ley ordinaria.

-Fondo de garantía pensional mínima. El artículo de la Ley 797 que creó el fondo se cayó porque el Congreso conformó una comisión accidental sin competencia para modificar el articulado.

-Segunda prórroga de la conmoción interior. Se cayó porque el Senado aprobó la proposición del gobierno sin debatirla.
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