Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/01/13 00:00

La toma de Bogotá

El desfile de silicona en los San Andresitos, el aumento en el consumo de productos lujosos, la aparición de hombres asfixiados en baúles de carros y la inseguridad en los bares más exclusivos son muestras de la "traquetización" de Bogotá.

La toma de Bogotá

del negocio de narcotráfico que, según la ONU, mueve anualmente en el mundo 322 billones de dólares, de los cuales menos de un 5% se queda en los países productores. Encargan a los del negocio de narcotráfico que, según la ONU, mueve anualmente en el mundo 322 billones de dólares, de los cuales menos de un 5% se queda en los países productores. Encargan a los centros de estética la fabricación de sus acompañantes estilo Hollywood, visten con marcas reconocidas y no es difícil encontrar a un sorprendido administrador de concesionario de autos que confiese haberles vendido un costoso modelo que luego apareció con cinta de regalo en el portal de una adolescente de cualquier barrio caleño.

Son compradores impulsivos. De esos que causan inflación en los precios. Se distinguen de los demás millonarios por su estilo agresivo. Y porque son segregados por los demás ricos, tal y como lo relata el periodista del negocio de narcotráfico que, según la ONU, mueve anualmente en el mundo 322 billones de dólares, de los cuales menos de un 5% se queda en los países productores. Encargan a los centros de estética la fabricación de sus acompañantes estilo Hollywood, visten con marcas reconocidas y no es difícil encontrar a un sorprendido administrador de concesionario de autos que confiese haberles vendido un costoso modelo que luego apareció con cinta de regalo en el portal de una adolescente de cualquier barrio caleño.

Son compradores impulsivos. De esos que causan inflación en los precios. Se distinguen de los demás millonarios por su estilo agresivo. Y porque son segregados por los demás ricos, tal y como lo relata el periodista Eduardo Arias.

La traquetización de Bogotá no es reciente. Pero fue alentada en los últimos cinco años por el nacimiento de pequeños carteles encargados del negocio que otrora dominaban los grandes capos (los Rodríguez Orejuela, los Ochoa, Escobar Gaviria y Rodríguez Gacha). Mientras los mafiosos de ayer asesinaban ministros, candidatos presidenciales y ponían bombas por todas partes para defenderse de cualquier amenaza contra sus fortunas, los del negocio de narcotráfico que, según la ONU, mueve anualmente en el mundo 322 billones de dólares, de los cuales menos de un 5% se queda en los países productores. Encargan a los centros de estética la fabricación de sus acompañantes estilo Hollywood, visten con marcas reconocidas y no es difícil encontrar a un sorprendido administrador de concesionario de autos que confiese haberles vendido un costoso modelo que luego apareció con cinta de regalo en el portal de una adolescente de cualquier barrio caleño.

Son compradores impulsivos. De esos que causan inflación en los precios. Se distinguen de los demás millonarios por su estilo agresivo. Y porque son segregados por los demás ricos, tal y como lo relata el periodista Eduardo Arias.

La traquetización de Bogotá no es reciente. Pero fue alentada en los últimos cinco años por el nacimiento de pequeños carteles encargados del negocio que otrora dominaban los grandes capos (los Rodríguez Orejuela, los Ochoa, Escobar Gaviria y Rodríguez Gacha). Mientras los mafiosos de ayer asesinaban ministros, candidatos presidenciales y ponían bombas por todas partes para defenderse de cualquier amenaza contra sus fortunas, los traquetos de hoy arman trifulcas en la calle o en los bares, envalentonados por los tragos y la certeza de ser los únicos que tienen armas.

Cuentan con revólveres, pistolas auto recargables, fusiles, carabinas, sub ametralladoras, rifles de asalto y ametralladoras ligeras, adquiridas en el mercado negro de un país que ya tiene más de tres millones de armas. La dimensión de este problema es tan grande, que el plan desarme permitió en los últimos 10 años sólo la entrega de 3.913 armas que estaban en poder de los bogotanos.

Los intocables

Algunos analistas creen que la multiplicación de los traquetos en las calles de Bogotá es simplemente porque decidieron dejarse ver de la ciudad. Otros piensan que es una manifestación de la consolidación del poder mafioso. Y unos pocos consideran que es más una percepción de clase que otra cosa.

"El narcotráfico se consolidó a la par con el último relevo de elites del país con la mirada permisiva y hasta complaciente de algunos grupos de poder y sectores oficiales de la Fuerza Pública", afirma el politólogo Francisco Leal en un informe del Pnud. "La debilidad política del Estado colombiano ha sido una constante que permite espacios de ilegalidad amplios".

Para el historiador Fabio Zambrano, el atractivo que Bogotá ofrece a los pequeños mafiosos es la posibilidad de camuflarse en la sociedad, como ocurrió con los esmeralderos en los años 60. "Mientras en Cali existe el plan turístico de ir a ver traquetos, y en Medellín el cine gira alrededor de ellos, Bogotá es una ciudad lavadero", dice Zambrano

Aunque esta realidad de la llegada de los mafiosos a Bogotá es evidente, también lo es que el término 'traqueto' tiene una connotación clasista y regionalista que puede confundir a un nuevo rico que hizo su plata legalmente (por ejemplo, sembrando papa en la sabana) con alguien que construyó su fortuna con el narcotráfico. "Traqueto es un genérico para cierta forma de vestir, ciertos carros, cierta música", agrega el historiador.

Lo grave de esa traquetización, 'real o simbólica', de Bogotá es que aquellos que no son mafiosos, como seguramente no lo es

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