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| 8/16/2006 12:00:00 AM

La tragedia silenciosa

En Colombia mueren cada día tres niños por desnutrición. Un hecho de enorme gravedad que, sin embargo, permanece oculto. , 80491

Las cifras causan desolación. En Colombia mueren cada día tres niños por desnutrición Y contrario a lo que mucha gente piensa son más las víctimas en las ciudades y en los municipios pequeños que en el campo. Aunque hay un lugar que parece olvidado hasta por la mano de Dios: Chocó. En ese departamento mueren anualmente 2.054 niños. Le siguen en este triste récord: la Costa Atlántica con 413 niños y el sur del país con 317. Son datos fríos que están consignados en un completo estudio de la Universidad Externado sobre el tema.

Lo peor es que el flagelo de la desnutrición está aumentando, y una de las causas es el desplazamiento forzoso. Veredas enteras ahuyentadas por la violencia abandonan el terruño que durante siglos les aseguró el sustento y llegan a las goteras de los municipios cercanos, donde no hay trabajo ni posibilidades de sustento.
Así las cosas a estas familias les toca darles a sus niños lo más barato: agua de panela, pan y de vez en cuando granos. La mala alimentación y la ausencia de agua potable y alcantarillado, hace a estos niños vulnerables a virus e infecciones respiratorias. “Los que no se mueren, que son la mayoría, quedan afectados en sus desarrollo físico y mental. Crecen con la desnutrición y sus marcas imborrables”, afirma la nutricionista Luz Estela Hidalgo, especialista en población infantil.

El hambre afecta la posibilidad de que los niños sean felices. “Estos chiquitos no ponen atención en el colegio, se ven cansados, tienen graves problemas motrices... les cuesta hasta jugar”, cuenta una joven universitaria que desde hace cuatro años trabaja con 82 niños de bajos recursos en el barrio Bella Flor de Bogotá.

Y eso no es todo, también tienen consecuencias sicológicas. “El alimento es el vínculo fundamental entre el niño y la madre. Si está ausente la relación sufre”, afirma Cecilia Ruiz, directora de la Clínica Infantil Santa Ana, la única institución experta en el tema en el país. Los efectos son nefastos y las medidas que se están tomando parecen no ser suficientes.

Los comedores comunitarios, financiados por el gobierno o por fundaciones, ayudan a que el problema no empeore, pero no lo solucionan. “Con lo de los comedores no es suficiente. Son sólo 400 calorías y un niño de 1 a 5 años necesita como mínimo 1.200. Las mamás deben complementarlo, pero no tienen cómo”, afirma la nutricionista Hidalgo.

Pero, ¿cómo puede combatirse el problema de la desnutrición? Según los expertos, para que haya un desarrollo normal un infante después de la lactancia debe comer diariamente siete porciones de carbohidratos, tres de carne o granos, dos de fruta, lo mismo de verduras y tres vasos de leche. Esto vale 4.000 pesos y es impagable para el 60 por ciento de la población colombiana, que según el Banco Mundial vive bajo la línea de pobreza, es decir con menos de un dólar diario. Y la situación puede ser aún peor si se aprueba la propuesta del gobierno de ponerle el 16% de IVA a la canasta familiar.

Por eso, el Bienestar Familiar y algunas gobernaciones y alcaldías del país, han desarrollado programas que les entregan a las familias suplementos alimenticios y mercados extras, para que cubran las deficiencias de sus hijos. Pero, hay críticas frente a su funcionamiento. “Han salvado vidas, pero no están atacando la raíz del problema: las pautas culturales. Así la desnutrición seguirá eternamente”, afirma la doctora Hidalgo.

Otra de las causas de la desnutrición es la falta de educación de las madres, sobre todo de las madres adolescentes cuyo porcentaje aumenta diariamente. Por ejemplo a los Arango, seis hermanitos entre los 3 y los 7 años que viven en el barrio Bella Flor de Bogotá, les diagnosticaron desnutrición crónica, más por el descuido de su madre que por falta real de alimentos. Los niños están llenos de parásitos, porque su mamá no hervía el agua, casi no los bañaba y no era cuidadosa con el tratamiento de las basuras. Además la comida que les da no es balanceada y no es sólo por falta de plata, sino por malos hábitos que ella también había aprendido de su madre.
Por eso todos los programas que favorecen la lactancias materna y fortalecen el vínculo madre hijo, son un paso en la lucha contra la desnutrición infantil. Igual, que los planes de planificación familiar, que están ayudando a que los bebés que nazcan sean deseados.

Sin embargo, ninguna de estas medidas de prevención puede recuperar los niños que ya están afectados. “Si el sistema de salud ni siquiera considera la desnutrición como una enfermedad, qué esperanzas hay de rescatarlos”, afirmó la directora de la Clínica Santa Ana. “Los niños llegan a las clínicas, les curan la diarrea o la neumonía, pero no la desnutrición que es lo que los seguirá acabando”, añadió.

Además, hay que tener en cuenta que la recuperación de un paciente de este tipo gasta el doble de tiempo que los años o meses que el niño demoró en enfermarse. Esto lo saben bien en esta institución, que en el primer semestre del año ya hospitalizó a 140 niños por desnutrición y vio morir a dos a las seis horas de que tocaran sus puertas.

En medio de este panorama hay un hecho que no contribuye a la solución. Y es el silencio de los medios. Rara vez el problema se visibiliza. Se trata de una tragedia silenciosa que avanza llevándose para siempre a los más inocentes: los niños.

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