Martes, 17 de enero de 2017

| 2007/04/18 00:00

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon

“El primer teniente Jimmy Cross cargaba las cartas de una chica llamada Martha… Ted Lavender, que tenía miedo, cargaba tranquilizantes… A menudo, se cargaban el uno al otro, el herido o el débil… Cargaban el peso emocional de los hombres que saben que pueden morir”.

Así comienza el cuento que le da título a la colección Las cosas que llevaban los hombres que lucharon de Tim O’ Brien, el mejor libro del más grande escritor que haya escrito la guerra de Vietnam. El título remite a un pelotón de soldados, cuyo personaje principal se llama Tim O’Brien, convertido en un escritor de 43 años que repasa estos acontecimientos, y que, por lo tanto, borra los límites entre los hechos y la ficción. El primer libro de O’Brien, If I Die in a Combat Zone (1973), fue una autobiografía.
Mientras que Las cosas que llevaban... contiene ecos de Hemingway –el tema, el hecho de que se intercalen viñetas y narraciones más largas y el estilo conciso y masculino–. Pero O’Brien se aleja de su antecesor literario gracias a una tendencia más marcada hacia lo lírico (“Un profundo rojo rosáceo se esparció por el río que se movía sin hacer sonido”) y lo emotivo (“Sentí que algo se cerró en mi corazón mientras otra cosa se abría de golpe”), y porque desdibuja la línea que separa la realidad y la fantasía. Cuentos como The Sweetheart of the Son Tra Bong, sobre un soldado que lleva a escondidas a su noviecita de cara fresca a una zona de combate de Vietnam, van más allá del realismo para acercarse al realismo mágico.

Muchos de los cuentos tienen apartes del autor sobre la distinción entre la verdad narrativa y la verdad de lo que pasa. Otros se presentan como “Observaciones” sobre los acontecimientos ya narrados. Pero mientras las narraciones de O’Brien hacen un giro hacia lo autobiográfico, estos comentarios autobiográficos en apariencia hacen un giro hacia la ficción. Así es como O’Brien plantea uno de sus temas centrales: la memoria y cómo los hechos traumáticos como el combate prosiguen, a través de la vida, para que sean reinterpretados. “Es casi como si me hubieran matado allá en Nam”, dice un ex soldado.

Aunque las reflexiones de O’Brien sobre la naturaleza de la verdad satisfacen intelectualmente, el verdadero poder de este libro se encuentra en sus narraciones más tradicionales, en las que él transmite con maestría las emociones que hacen palpitar el corazón al caminar en las noches por campos de minas, al matar a un joven vietnamita “esbelto, casi delicado”, al regresar a ese mismo punto veinte años después y de viajar hasta un lago en la frontera con Canadá y debatir sobre si atravesarlo y dejar atrás para siempre la única vida que ha conocido. Al final no lo hace. “Fui un cobarde”, dice, “fui a la guerra”.

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