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| 3/26/2007 12:00:00 AM

Las Farc dicen que se sentarían en la misma mesa con congresistas estadounidenses

Raúl Reyes, uno de los líderes de este grupo insurgente, asegura que están dispuestas a conversar con siete legisladores norteamericanos. ¿Qué significa esto en las posibilidades de un intercambio humanitario?

Las Farc, la guerrilla más antigua del país y autodenominada radicalmente ‘antiyanqui’, dice ahora que se sentarían en la misma mesa con siete congresistas de Estados Unidos. Raúl Reyes, aseguró en un cuestionario que le respondió a Noticias Uno que las Farc “están dispuestas a recibir a los congresistas en los dos municipios desmilitarizados”.

La respuesta de ese grupo se da después de que la semana pasada el Gobierno colombiano se mostrara satisfecho con la propuesta que había hecho un grupo de parlamentarios norteamericanos.

El episodio se inició el 8 de marzo, cuando los cancilleres de Francia, España y Suiza y el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, recibieron sendos sobres. Se trataba de una carta donde los congresistas de Estados Unidos se ofrecían para participar como garantes en el proceso de negociación que gestionan desde 2005 esos países con las Farc. Al final de la misiva, aparecían las firmas de Jim McGovern, Janice Schakowsky, Sam Farr, Raúl Grijalva, Peter Welch, Maurice Hinchey y William Delahunt. Todos son integrantes del partido Demócrata.

Esa colectividad tiene la mayoría de escaños del Congreso de los Estados Unidos desde el año pasado. En palabras simples, puede decirse que este partido representa la parte socialdemócrata en ese país. Su gran características es que se opone a la campaña bélica que impulsa George Bush en todo el mundo.

A pesar de que su gobierno tiene esas inclinaciones y ha manifestado en varias ocasiones que no negocia con terroristas, los siete legisladores hicieron su propuesta escrita. En ella, dejaron claro que respaldan la negociación para el canje de secuestrados por guerrilleros presos en una zona desmilitarizada. Aseguraron, además, que en cualquier momento viajarían a Colombia para sentarse en la mesa de negociación con las Farc.

Historia de un encuentro

Aquella carta fue el resultado de una reunión que tuvo el parlamentario Jim McGovern con familiares de algunos secuestrados políticos del país. El encuentro ocurrió el pasado 3 de marzo en Bogotá. La cita se dio a raíz de un viaje que hizo ese congresista a Colombia previo a la visita de Bush. Ángela Giraldo, hermana de Francisco Giraldo, uno de los diputados del Valle secuestrado por las Farc, se enteró de que McGovern venía y lo invitó a que se reunieran.

Lograr el encuentro fue fácil. Él y su asesor, Adam Isacson, conocieron a Ángela en Washington hace dos años. Desde entonces, han hablado mucho sobre la liberación de los secuestrados sin acudir al rescate militar, que es el gran temor de todos los allegados de quienes están privados de la libertad.

Por eso, McGovern asistió como invitado a la cita, donde también estaban Clara de Rojas, Juan Sebastián Lozada, Luis Fernando Giraldo, Patricia Perdomo, Carolina Pérez y, por supuesto, Ángela Giraldo.

Todos ellos, como familiares de secuestrados políticos, expusieron las dificultades que han tenido para volver a estar cerca de sus parientes. El camino ha sido tortuoso. Por un lado, está la cerrada posición de las Farc, que tiene exigencias difíciles de cumplir antes de sentarse a negociar con el Gobierno.

Incansablemente, han pedido que se desmilitaricen por 45 días los municipios de Florida y Pradera, en el Valle del Cauca. Quieren que se suspendan las órdenes de captura contra los integrantes del Estado Mayor de las Farc y que desaparezca su calificación como terroristas por la comunidad internacional.

Además, dicen que, para negociar, el Gobierno tiene que reconocer que Colombia sufre un conflicto armado y otorgar plenas garantías para el desplazamiento de los jefes de las Farc. Esto implica suspender los operativos militares. Hasta ahora, no han desechado ninguno de esos pedidos.

Si bien esas exigencias dificultan el proceso de intercambio humanitario, la respuesta del Gobierno es otra. El presidente Álvaro Uribe insiste en el rescate militar de los secuestrados y en seguir utilizando los instrumentos para vencer a la guerrilla. Entre otros, continuar con el uso de los dineros que aporta Estados Unidos por medio del Plan Colombia.

Sin embargo, para los familiares de las víctimas se vislumbra una luz de esperanza. Consiste en la mediación que vienen haciendo Francia, España y Suiza para concertar una zona de negociación. Tanto el Gobierno como las Farc reconocen a esos países como interlocutores.

Propuesta bienvenida

Cuando McGovern escuchó todo esto, decidió comentarles a sus colegas y, juntos, les hicieron la propuesta a los países facilitadores y al Comisionado de Paz. En sí, los acercamientos oficiales de Estados Unidos con el tema del acuerdo humanitario y el conflicto con las Farc han sido de dos maneras. Una, con insumos para la guerra, y otra, en reuniones que algunos sectores han sostenido con los familiares de las víctimas.

Lo que proponen los siete congresistas demócratas es participar como observadores de la negociación. El valor agregado es que se sentarán en la misma mesa con guerrilleros para hablar de paz. Sin embargo, los mediadores seguirán siendo Suiza, España y Francia.

Para Restrepo, la presencia de ellos es importante porque “los jefes de las Farc se muestran muy preocupados por la situación de extradición. La justicia de los Estados Unidos los ha comprometido en asuntos de narcotráfico y ellos temen que en una eventual zona de encuentro pueda haber alguna acción para capturarlos y de pronto llevarlos a territorio de este país”.

Para Ángela Giraldo, la intención “es valiosa por venir de Estados Unidos porque eso significa que hay un apoyo institucional proveniente de ese país, que tiene relaciones tan estrechas con el presidente Uribe”.

Opina que “lo relevante de la propuesta es que reconoce la importancia de los asuntos humanitarios. Es muy significativo que esos congresistas estén a favor de un encuentro directo con las Farc, sobre todo cuando su gobierno dice que no negocia con terroristas”.

Pero ella no fue la única que aplaudió la propuesta. Restrepo también la recibió con beneplácito. En una carta que les escribió como respuesta a los siete parlamentarios, les manifestó que “el Gobierno colombiano agradece su interés por lograr la liberación de las personas secuestradas en poder de las Farc”.

La breve misiva termina diciendo que “el Gobierno de Colombia valora su disposición por hacer presencia como garantes en la zona de seguridad donde se adelantarán los diálogos, y su voluntad para contribuir con su apoyo y consejo para que el diálogo tenga éxito”.

Extraña coincidencia

La reciente respuesta del gobierno colombiano es distinta a la ofrecida en 2005, cuando el mismo congresista McGovern escribió una carta apoyando el canje. En aquel entonces, nunca hubo contestación para los tres parlamentarios que la firmaron.

Sin embargo, el gesto de Restrepo es plausible desde todo punto de vista. Pero no deja de generar suspicacias que, mientras en Colombia se celebraba la propuesta, en Washington el canciller Fernando Araújo hacía una visita. Uno de los objetivos principales del viaje era sacar adelante la prolongación de los recursos del Plan Colombia.

Los dineros que viene aportando Estados Unidos desde 2000 son para combatir el narcotráfico y la guerrilla. Desde ese entonces, hasta hoy, se han entregado unos 4.000 millones de dólares para tales fines.

La propuesta ahora es entregarle a Colombia 3.900 millones de dólares en los años siguientes, hasta el 2013. Eso debe aprobarlo el Congreso de Estados Unidos, donde el partido Republicano, el de Bush, es minoría, y donde la mayoría (Demócrata), rechaza la estrategia guerrera del presidente.

Por eso, se ha dicho en varias oportunidades que lograr la extensión del Plan Colombia será difícil. Conseguir su aprobación es una batalla que debe darse Araújo por el gobierno que representa.

Él sabe muy bien que la pela que se está dando es para financiar la guerra. A pesar de eso, cuando Araújo llegó de vuelta a Colombia dijo ante los medios de comunicación que también avalaba la propuesta de los congresistas gringos.

Quizá la búsqueda de dineros para la guerra y los coqueteos para llegar a la paz tenga una explicación. Podría encontrarse en lo que dijo Uribe al asumir su segundo mandato en cuanto a que “no nos frena el miedo para negociar la paz. Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad”.

Por eso, la propuesta de los congresistas tiene más impacto en Estados Unidos que en Colombia. Para Bush, es un mensaje muy directo de que los parlamentarios van en contravía de su política.

Mientras tanto, en Colombia las cosas no cambiarán mucho. Las Farc han dicho tajantemente que no negociarán con Uribe y reiteran las exigencias que tienen frenado el acuerdo humanitario, y el Presidente sigue esforzándose por conseguir dineros para luchar contra la guerrilla. Ahora, la palabra sobre el tema la tienen Francia, Suiza y España, que son los que lideran el proceso.
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