Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/02/14 00:00

Las fiestas de Colombia

¿Qué impacto social y económico tienen las fiestas colombianas? Un estudio reciente responde la pregunta. Vea además una galería fotográfica sobre el carnaval de Barranquilla que terminó la semana pasada.

Las fiestas de Colombia

UN MUNDO ENCANTADO, LAS DIMENSIONES SOCIALES DE LA FIESTA
Por Germán Rey

"Inscrita en la órbita de lo sagrado, la Fiesta es ante todo el advenimiento de lo insólito. La rigen reglas especiales, privativas qua la aíslan y hacen un día excepción. Y con ella se introduce una lógica, una moral, y hasta una economía que frecuentemente contradicen las de todos los días. Todo ocurre en un mundo encantado: el tiempo es otros tiempo (situada en un pasado mítico o en una actualidad pura); el espacio en que se verifica cambia de aspecto, se desliga del resto de la tierra, se engalana y convierte en un 'sitio de fiesta' (en general se escogen lugares especiales o poco frecuentados). la sociedad comulga consigo misma en la Fiesta"
El laberinto de la sociedad, Octavio Paz, 1950.

La Fiesta es sin duda un acontecimiento social. Sean cuales fueren sus particularidades, sus orígenes histórico o su desarrollo, la Fiesta es una representación de lo social, marcada además por fuertes significados simbólicos. En ella se manifiestan los diseños de la convivencia, el conjunto de reglas que orientan la vida en común, las jerarquías, como las discriminaciones o exclusiones.

En su trabajo "Mediaciones institucionales de la cultura popular urbana. El caso de la revitalización de Fiestas en Madrid", Francisco Cruces (2004), sintetiza de manera precisa el significado de la fiesta como ritual "como una pauta de acción colectiva, formal, repetitiva y convencionalizada, irreductible a una explicación de medios/fines, la literatura antropológica ha iluminado numerosos perfiles de la Fiesta (en particular de aquellas calificadas como 'populares', 'tradicionales' o 'comunitarias'): (a)la activación periódica de sistemas de reciprocidad e interdependencia; (b) la institución y renovación de redes familiares y vínculos personales; (c) la marcación del territorio; (d) el desdibujamiento de las fronteras sociales o su intensificación; (e) la expresión de lealtad a grupos de referencia o pertenencia; (f) la coordinación de ciclos temporales; (g) la reproducción de distinciones simbólicas necesarias para la supervivencia cultural del grupo; (h) la producción de experiencias liminales de hermandad, comunión, reciprocidad o respeto entre sus miembros; (i) la teatralización de la continuidad social; (j) la congregación en torno a símbolos sagrados.

En medio del ambiente lúdico, de las celebraciones y de la abundante iconografía que la rodea, la Fiesta suele ser una celebración que pone en escena muchos de los grandes temas y problemas de la sociedad mayor, a la vez que comprueba las posibilidades y los límites de la convivencia. Como lo señala Amparo Sevilla para el caso del carnaval en un pueblo de México, "si bien es verdad que el carnaval propicia el encuentro de todos los xicayenses, también es un momento para dirimir problemas personales y exhibir las competencias entre un barrio y otro". Algo similar señala Virtudes Feliú y Juan Carlos Moyano en su análisis, la primera, de las fiestas populares tradicionales en Pinar del Río (Cuba) y el segundo, del carnaval de Blancos y Negros en Pasto (Colombia).

En las fiestas patronales, -como señala Feliú- los bailes se celebraban en salones y sociedades "con la división de la población tanto por el nivel económico, como por el color de la piel, así existían salones para blancos, negros y mulatos donde se tenía en cuenta el grado de riqueza o de pobreza". Es muy probable que las diferencias raciales, por ejemplo, no se quede simplemente en las marchas rígidas de la exclusión, sino que también manifiesten otras variaciones de las relaciones humanas: la afirmación de las identidades, el encuentro difícil entre seres diversos, las incertidumbres que se viven al hacer evidentes las mezclas entre culturas.

En los carnavales de Negros y Blancos también se expresan las diferencias históricas entre razas, aunque con otras significaciones festivas. "el 5 de enero es el día de los negros. Se dice que este día tuvo su origen un poco al norte en las haciendas del Valle del río Patía o en los caserones de Popayán, como un reconocimiento a la libertad que los amos les concedían una vez al año a los esclavos. Lo cierto es que en la fecha -escribe Moyano- sucede algo insólito: todos juegan a la 'pintita', usando maquillaje negro, que comienza siendo un toquecito en mejilla y se expande por todos los rostros de cualquier color. Al final de la tarde miles de seres embebidos en el delirio dionisiaco, bajo el sagrado tatuaje de la pintura, son negros, bailan como negros, sienten como negros y afirman el yo disolviendo el ego porque, como no hay distinción de persona o de clase, todos comparten el regocijo de la fiesta y la libertad que produce precisamente una tradición donde lo que se celebra es la expansión del espíritu y la posibilidad del contacto colectivo".

Como lo observaremos más adelante, en la Fiesta hay una expresión densa de las diferencias, como también una celebración de la diversidad cultural.

La Fiesta explicita simbólicamente diferencias históricas, ya sean económicas, étnicas, raciales o de género, muestra con la veracidad de la ironía o del histrionismo, la composición de los actores sociales, sus rangos, poder y ascendencia comunitaria; revela las afiliaciones o los gestos de discriminación, pone a prueba los sistemas normativos que suelen ser transgredidos, ya sea a través de las danzas, el atrevimiento carnestoléndico, la transmutación de roles sociales o el distanciamiento lúdico frente a lo establecido y canónico.

Aunque en el carnaval brasileño se inviertan los órdenes tradicionales, "no hay que optimizar estas transgresiones al punto de creer que deshacen, al reivindicar historias propias, la tradición fundamental de la dominación. El propio de Matta reconoce que en el carnaval se da un juego entre la reafirmación de las tradiciones hegemónicas y la parodia que las subvierte, pues la explosión de lo ilícito está limitada a un período corto, definido, luego del cual se reingresa en la organización social establecida. La ruptura de la fiesta no liquida las jerarquías y las desigualdades, pero su irreverencia abren una relación más libre, y menos fatalista, con las convenciones heredadas".

Las experiencias que expone la fiesta son entonces muy diversas. Algunas de ellas, nacidas en sociedades rurales, están cargadas de fuertes connotaciones tradicionales, y en no pocos casos, restringidas a comunidades, grupos sociales o sectores determinados de la sociedad. Como se puede observar en las taxonomías de las fiestas, las hay ligadas a lo campesino, a los esclavos negros, a ciertas comunidades indígenas. Aunque algunas conservan ese sello, las fiestas que son organizaciones sociales vivas y en permanente cambio y adaptación, son el producto de renovadas mezclas. Mientras que existen fiestas que aun identifican a ciertos grupos sociales, otras, por el contrario, suelen convocar a diferentes sectores sociales. En algunas fiestas permanece un núcleo de identificación social denso y franjas de interacción muy activas. En fiestas y carnavales, por ejemplo, cumplen un papel central las cofradías, comparsas o sociedades a las cuales se pertenece a través de lazos que se van tornando fuertes y cercanos. Ni todos los lugareños pertenecen a ellas, ni obviamente los visitantes logran formar parte de círculos para cuyo ingreso y permanencia se necesitan determinados requisitos.

Lugar de contraste, la fiesta es también referencia utópica paisaje donde se expresan deseos y esperanzas de la sociedad. Con frecuencia los símbolos distintivos de las fiestas se toman de hechos y personajes de relevancia nacional o local. Lo social se vuelve máscara, icono, objeto de reverencia o, por el contrario, de burla y sarcasmo.

I. Lo social de lo económico en la fiesta

Si la sociedad se expresa en un acontecimiento cultural como la fiesta, lo social de ella no se puede separar de los análisis de su impacto económico. En primer lugar, porque muchas de las variables económicas son en sí mismas signos sociales muy importantes. Por ejemplo, el número, las características y el tipo de actividad realizadas por los visitantes muestran la identificación de la fiesta, su grado de interacción, los sentidos de representación pública de la celebración, las referencias simbólicas que se usan para establecer un diálogo con los extraños, etc.

La participación del Estado, ya sea en sus instancias nacionales, regionales o locales, no solo permiten percibir los flujos de dineros hacia la fiesta, sino la trama de conexiones con la política, los órdenes de la autonomía o de la dependencia, las conexiones clientelares y compadrazgos, las prevalencias simbólicas de la autoridad o la importancia que tienen ciertos sectores sociales en el desarrollo de la fiesta como señal de distinción o prestigio. Al analizar las fiestas urbano-mestizas en Bolivia, Fernanda Cajías de la Vega resalta el papel que, por ejemplo, tienen en ellas los comerciantes transportistas. "Tanto en el Carnaval de Oruro como en otras fiestas bolivianas -escribe- tiene papel preponderante gremios de comerciantes y transportistas denominados por algunos sociólogos como la burguesía mestiza. Esta burguesía mestiza se ha constituido en la gran impulsora de la cultura nacional. Si bien sus grandes inversiones en la fiesta obedecen a la búsqueda de prestigio con mucho de vanidad, esa inversión ayuda más a la formación de una identidad que la vanidad de otros que invierten en lujosos automóviles importados o en las vacaciones en Miami.

Los gastos o la proporción de ventas de los negocios ofrecen una información extremadamente valiosa sobre el volumen de los intercambios económicos, sus destinaciones fundamentales, el resaltamiento de los principales sectores económicos involucrados en las fiestas, pero también proporcionan elementos claves para comprender el grado de variedad de los componentes culturales de las fiestas, desde las comidas hasta los juegos, desde la participación en los actos públicos, hasta las manifestaciones religiosas, la danza o la preparación de las comparsas. Es posible percibir en esta información económica la organización de la fiesta, la asignación de funciones y responsabilidades, las particularidades de las figuras de autoridad.

La explotación económica del empleo puede orientar indagaciones sobre la división social del trabajo, su caracterización desde los roles de género o la participación familiar. En otras palabras: la observación económica es ya de por sí, una fuente imprescindible de valoración y análisis cultural y social de las fiestas.

En segundo lugar, la fiesta es, en términos simbólicos, un acontecimiento en el que se representan los imaginarios económicos de una comunidad. Esto significa que a través de las fiestas -y no solamente de sus acciones específicamente consideradas como económicas- se pueden percibir las comprensiones que determinados grupos de la sociedad tienen sobre la economía, los encuentros muchas veces conflictivos entre sus modos de producción tradicionales y los efectos de la modernización, las influencias sociales de las migraciones por el desempleo, el significado e importancia que las personas le conceden a determinada circulación de bienes. Son varios los estudios en que, por ejemplo, se muestran las relaciones entre grupos humanos que han accedido a formas económicas avanzadas y su sentido de identidad con lo tradicional o que revelan las mixturas, que hacen los emigrantes entre los estilos de vida de sus países de acogida así como con los de origen.

El tema de las remesas económicas de los emigrantes latinoamericanos, que en algunos casos se han convertido en uno de los primeros rubros del ingreso de divisas a las economías nacionales, es mucho más que un simple proceso de envío de dinero. El monto de las remesas mensuales, los negocios que están apareciendo ligados a la capacidad económica de los migrantes y sobre todo el destino específico de esos dineros, lo que está mostrando es la fuerza de las relaciones afectivas y familiares, las jerarquías cognitivas que definen los usos del dinero, las atribuciones de autoridad y los sentidos de futuro, entre otras cuestiones sociales y culturales. En sus reflexiones sobre la migración de ecuatorianos, María Cristina Carrillo subraya el tema de la transmisión de capital simbólico y recuerda citando a Peggy Levitt cómo la migración afecta ciertos patrones de consumo en las sociedades y ello se traduce en términos de estatus social. "Debido a la frecuente pérdida de estatus social -escribe- que significa la migración en las sociedades receptoras, es muy importante obtener reconocimiento en la sociedad de origen y demostrar que se ha triunfado. De ahí que esto se materialice en determinados consumos, cambios en las viviendas, adquisición de bienes de lujo, la onerosa participación en fiestas religiosas y actividades relevantes para la localidad, todos factores que permiten demostrar cambios de estatus de manera mucho más efectiva". Con razón se habla de "remesas sociales bidireccionales", que como se observa en la cita, se expresan en la celebración de fiestas y en el tránsito de un lado hacia otro de contenidos, prácticas y valores culturales. En el estudio citado se mencionan los regalos que envían los padres a sus hijos: juegos de video, ropa de marca o música "que ayudan a estos jóvenes a extrapolar la presencia de su padre y madre ausentes", pero que también los introducen en referentes tecnológicos, visuales o en general culturales nada locales y mucho más globales.

"Criollos y criollas, mestizas y mestizos que durante la semana son empleados de corbata -escribe Fernando Cajías-, abogadas de ropa de marca europea, durante la fiesta del Gran Poder, la entrada universitaria y las fiestas de barrio, se convierten en llameros del altiplano, en thinkus de Potosí, en pujllays de Tarabuco, en tobas del Chaco, en kantus de Charasaní. No solamente imitan o se apropian, sino que enriquecen, reinventan, aprovechando que la identidad de la fiesta es tradición, pero también es innovación".

En tercer lugar, existen significados sociales evidentes en los enfoques económicos predominantes en las fiestas. Diferentes investigadores insisten en el carácter "redestributivo" de la fiesta. La celebración festiva permite, en muchos casos, que personas pudientes de la comunidad apoyen el desarrollo de la fiesta y de algún modo compartan parte de un capital que a la vez que económico es también simbólico. De esa manera afirman lazos de compadrazgo, fortalecen su imagen y prestigio, ganan estatus dentro de la comunidad.

En cuarto lugar, la fiesta tiene en sí misma una serie de características sociales y culturales que pueden considerarse como claramente definitorias de su sentido. La fiesta es preliminarmente un acontecimiento social y cultural, con dimensiones y repercusiones económicas muy importantes. Esto significa que la valoración de la fiesta no está principalmente en cuanta economía supone sino sobre todo en cuanta identidad, diversidad o participación social hace posible. De esta manera lo social y lo cultural de la fiesta no es su "valor agregado" sino si condición de existencia.

Las fiestas son sobre todo la experiencia palpable de lo híbrido. Como lo señaló Néstor García Canclini "la evolución de las fiestas tradicionales, de la producción y venta de artesanías, revela que éstas ya no son tareas exclusivas de los grupos étnicos, ni siquiera de sectores campesinos más amplios, ni aún de la oligarquía agraria, intervienen también en si organización los ministerios de cultura y de comercio, las fundaciones privadas, las empresas de bebidas, las radios y la televisión. Los hechos culturales 'folk' o tradicionales son hoy el producto multideterminado de actores populares y hegemónicos, campesinos y urbanos, locales, nacionales y transnacionales".

Esta inserción de algunas fiestas en las lógicas comerciales no deja de plantear serios debates. Se discute la pérdida de originalidad de prácticas tradicionales, la participación en la fiesta, especialmente de niños y jóvenes, a través del uso de simbologías diferentes a las que se consideran auténticas, la pérdida de los contextos y los tiempos propios de las festividades y el cambio de las mayordomías de personajes del pueblo hacia empresas patrocinadoras. Como lo escribe Gisela Cánepa Koch, las fiestas y las danzas, junto con las riquezas ecológicas han sido sumadas a los lugares arqueológicos, a la arquitectura colonial y a los mercados artesanales dentro de los paquetes turísticos. "En cuanto al auspicie de las cerveceras, éstas imponen ciertas exigencias a las comparsas, que en algunos casos han empezado a alterar tanto los aspectos organizativos como los coreográficos. En este sentido las comparsas se encuentran en el dilema de tener que ceder ante las exigencias de las empresas que las auspician o mantenerse fieles a la costumbre". La autora propone una serie de preguntas pertinentes: ¿Vale la pena el costo de esta incursión en el mundo nacional y global? ¿Cuál es la capacidad de negociación de las comparsas en los distintos contextos? ¿Hasta dónde éstas pueden intervenir y controlar los procesos de los que hacen parte?

Estas dimensiones sociales son las que se contemplan en el modelo que aquí se propone para estudiar el impacto económico de las fiestas. Unas dimensiones que se empiezan a observar en los resultados de la información económica, cuyos instrumentos de recolección se explican en el capítulo II pero que también tienen un proceso de exploración específica, que a su vez, contribuye al estudio económico de las fiestas y carnavales. En fin, se trata de una conversación activa entre la información económica y las indagaciones sociales y culturales. Conversación que en la medida en que sea más rica puede facilitar el conocimiento más cercano y profundo de las fiestas.

II. Dimensiones sociales de la fiesta

Posiblemente son los estudios etnográficos los que pueden ofrecer información más relevante sobre las dimensiones sociales de la fiesta. Las etnografías de fiestas suelen ser documentos, que aunque centrados en procesos particulares, muestran coincidencias, rasgos y tendencias comunes que ayudan a encontrar dimensiones fuertes de lo social.

También es importante acudir a las reflexiones más generales sobre la cultura, que hacen a sobre temas como la identidad y la diversidad, la interculturalidad o la mundialización de la cultura. Ellas sirven como un horizonte de comprensión de los fenómenos festivos. En esta parte se acudirá las dos fuentes para tratar de caracterizar social a las fiestas.

III. Identidad, cohesión social y fiesta

La identidad es un relato que se construye, escribió hace unos años, Néstor García Canclini en 'Consumidores y ciudadanos', cuando advertía precisamente la importancia del cine de los años cuarenta, en la conformación de la identidad de los mexicanos. De esta manera resaltaba su carácter constructivo para distinguirlo de cualquier concepto de identidad ligado a esencias ontológicas o a estructuras rígidas o estáticas. La identidad tiene que ver entonces, con el sentido de pertenencia, con aquello que permite reconocernos ya sea como parte de una comunidad, un grupo étnico, una condición de género. La identidad está asociada a la percepción de sí mismo así como a la afirmación e interacción de lo propio con lo otro, con la alteridad. Ella se construye en conversación con otros significativos, con otros diferentes. Manuel Antonio Carretón recuerda que la identidad no es un proceso solamente endógeno sino relacional y que más que hablar de una y única identidad se debe hablar de diferentes identidades. "La identidad -escribe- es la expresión cultural de la pertenencia a un espacio por parte de personas, individuos y colectividades. Esto implica la forma en que se perciben a sí mismos y a los otros, lo que a su vez tiene que ver con la manera en que se relacionan entre ellos, con los otros y con las instituciones. Las identidades son procesos en el tiempo nunca acabados y se van conformando no sólo por dinámicas propias o endógenas, sino también por diversas y plurales miradas y perspectivas que vienen de los otros".

Insistentemente los investigadores de la fiesta señalan que ella es un lugar social de la identidad. "Como en muchas partes del mundo -escribe Fernando Cajías- la fiesta colectiva se ha convertido en el mayor refugio de la identidad. Durante sus fiestas las comunidades tradicionales se autoafirman más, se encuentran con su identidad y la muestran a otras culturas. Tal es el caso del carnaval tarabaqueño, de la fiesta de la cruz de Mayo en el norte de Potosí, de la fiesta kallawaya de devoción de la Virgen del Carmen en Charasaní". En el planteamiento de Cajías es muy sugerente esta visión de la identidad como autoafirmación, encuentro e interculturalidad, -en los términos de Arturo Escobar- es decir, como diálogo entre culturas en contextos de poder. "No puede darse ninguna identidad fuerte sobre la base de complejos de inferioridad o inequidades. En un país como Bolivia que, por culpa de la política y la mala administración, está en constante polémica y frustración, la fiesta es uno de los elementos más importantes de orgullo y de sentimiento de pertenencia".

La fiesta posee una multiplicidad de dispositivos identitarios que permiten sentir la celebración como propia e identificable frente a los extraños (por ejemplo a los visitantes a los que se permite participar en ella, pero a los que de algún modo se considera alejados de los significados más entrañables de la fiesta) pero sobre todo es una promotora de identidad local, comunitaria. A ello alude Carmen Elena Alemán en su análisis de la fiesta venezolana del Corpus Christi y sus diablos danzantes. Mirta Buelvas en su estudio sobre el carnaval de Barranquilla o William Villa en su investigación de las fiestas y carnavales en el Chocó colombiano. "Es así como los carnavales -dice- se han de mirar como el territorio experimental donde la etnia corrió a ensayar sus síntesis, a representar las falsas alternativas que en algún momento asumió, a recorrer el camino del pasado para recuperar fragmentos que amenazaban olvido, a construir el lenguaje necesario al proyecto colectivo que en su conjunto apenas aparece esbozado y a frecuentar el dominio imaginario donde la comunidad se reconoce en estado de libertad".

Existen, por supuesto, numerosos debates acerca de las dimensiones que constituyen hoy en día la identidad y sus vínculos con lo auténtico, que algunos identifican con lo tradicional y aún mas extremamente con lo que no cambia ("la identidad como ser fiel a los orígenes"). La inserción de algunas fiestas en los circuitos del mercado y en ciertas lógicas comerciales, ocasionan críticas frecuentemente controversiales, que a veces desconocen que son "dramatizaciones dinámicas de las experiencias colectivas" (García Canclini, 1989). En 'Carnaval carioca: fiesta de una nación, espectáculo para el mundo', Edson Farias presenta dos versiones contrastantes sobre el desfile de las principales escuelas de samba en Río de Janeiro. "Un conjunto de críticas (y críticos) -dice- detectó la intromisión de la sociedad totalizadora capitalista en las transformaciones ocurridas en el meollo del ritual que lo habrían fijado como algo próximo de un show business de calle" Los agentes y agencias del sistema político-económico hegemónico, dice el autor, estarían a su vez interesados, sobre todo, en la ganancia obtenida con la mera y pasajera diversión. "De allí la vigencia del sensacionalismo proporcionado por la exhibición fugaz de los artefactos vinculados al hedonismo y a la sensualidad (y aún a la sexualidad). Desde otra perspectiva, Maura Laura Viveros de Castro e Calvancanti (1994) interpreta la espectacularidad como intrínseca al proceso social y a la forma cultural del desfile del carnaval.

La cohesión social que posibilita la fiesta se manifiesta en la participación de los barrios, la constitución de sociedades y cofradías; pero es también cohesión de quienes se sienten miembros de una comunidad, partícipes de tradiciones comunes. Refiriéndose al carnaval de Xicayán en México, Amparo España dice que es la fiesta en que se congregan todos, viejos, jóvenes y niños, letrados e iletrados, "priístas y perredistas" además de todos los barrios en que se divide la comunidad; los danzantes se organizan, así mismo, a partir de su pertenencia barrial. Haciendo lo propio con el Carnaval de Barranquilla Mirta Buelvas afirma que "La fiesta sirve también, y especialmente para estrechar lazos afectivos con los amigos, con la familia, con los vecinos".

IV. Fiesta y religiosidad: Las manifestaciones del sincretismo

En La guerra de las imágenes, Serge Gruzinski muestra el portentoso encuentro entre la imaginería cristiana y la indígena, turbulento, terrible y al final, duramente sincrético. Hasta tal punto que observa una relación entre el ascetismo franciscano del primer arzobispo de México y el muralismo, y el barroquismo jesuítico (que permitía las mezclas) y Televisa.

La experiencia de la fiesta popular en nuestros países es la experiencia del sincretismo; fundamentalmente de la mezcla de cosmovisiones y de los propósitos adoctrinadores de los conquistadores. Sin embargo el sincretismo se bifurca en otras formas de mezclas: de lo campesino con lo urbano, de tradicional con lo moderno, de lo oral con audiovisual, de las culturas populares con las manifestaciones de las culturas globales. En su análisis de las fiestas del Chocó, Villa encuentra la existencia de un contexto religioso independiente y en algunos casos antagónico a la racionalidad católica, mientras que Sevilla observa en carnavales mexicanos, un sincretismo religioso que está estrechan te vinculado a la etnicidad. Cajías recuerda que la devoción religiosa es el motor principal de la mayoría de fiestas colectivas en Bolivia, Moyano observa que el 2 de enero los campesinos bajan con flores, música y canciones y le piden permiso a la Virgen de las Mercedes, la "michita linda", "que podría ser la versión sincrética de Pachamama, con el revestimiento del catolicismo tradicional de la región". Y Carmen Elena Alemán en su libro, "Corpus Christi y San Juan Bautista" (1997), afirma que la iglesia aseguró el desarrollo de la religiosidad popular "ligando los santos católicos y el calendario con deidades indígenas y ciclos rituales"; las fiestas populares venezolanas, según la autora, están unidas al ciclo de Navidad o solsticio de invierno y al ciclo de San Juan Bautista o solsticio de verano. Al ciclo lunar pertenecen la Semana Santa, las Ascensión, Corpus Christi y el Domingo de Ramos.

En la tipología construida en la primera este trabajo, Olga Pizano ubica dentro de su primer grupo de fiestas a las religiosas y además resalta el papel que tuvo en las fiestas latinoamericanas la interrelación de festividades religiosas traídas por los españoles. Que además se encuentran con la visión de los indígenas y de los afro descendientes.

V. La participación en la fiesta

La participación es un eje fundamental de la fiesta. Ella convoca a los barrios, a las autoridades, a los medios de comunicación, los visitantes y las empresas; se trata de procesos de participación diferentes aunque casi siempre articulados. Grupos especializados de la fiesta, conducidos por algún protagonista principal, suelen ser la base central de la fiesta: cofradías, barrios, comparsas agrupan personas de la localidad, ligados a la fiesta por la tradición, habilidades especiales y funciones específicas dentro del festejo. Pertenecer a estos grupos da prestigio y estatus dentro de la comunidad y habitualmente se tienen procesos de ingreso y mantenimiento de la cofradía, definidos por reglas ancestrales.

Gisela Cánepa Koch, al referirse a las comparsas de una fiesta popular de Cuzco, afirma que sus danzantes tienen exclusividad, deben pertenecer a determinadas familias, tener ingresos económicos que permitan cubrir gastos para adquirir y renovar el vestuario y hasta una determinada presencia física. "Los lazos que unen a los distintos miembros del grupo deben estar basados en la solidaridad y la reciprocidad en todos los ámbitos de la vida".

Mirta Buelvas recuerda que en el carnaval de Barranquilla hay diferentes modalidades de grupos, ya sean las cumbiambas, las danzas tradicionales, las comparsas, las danzas relacionales como las del Parloteo, las de los Goleros o gallinazos, las del caimán y los grupos de letanías.

Las diabladas, las danzas de caporales y las morenadas en Bolivia, por ejemplo, son "danzas de prestigio y poder, así como vehículos de integración no sólo en las grandes fiestas urbanas, sino en las fiestas del pueblo".

Las sociedades de Chuao, que reseña Carmen Elena Alemán en su estudio de las fiestas del Corpus Christi en Venezuela, son las encargadas de su organización y están compuestas por la del Corpus Christi controlada por hombres y la de San Juan Bautista, por mujeres. Tienen muchos miembros y como lo señala la investigadora posiblemente se originaron en las confraternidades religiosas que se establecieron en Caracas entre los siglos XVII y XVIII. "Son responsables -anota- de los diferentes aspectos de las celebraciones, como la preparación del festival, los ensayos, la organización de las diferentes partes de la fiesta, la coreografía, la confección de las máscaras y vestuarios, danzas, músicas, cantos y poemas. Estas festividades preservan y mantienen tradiciones que vienen desde el tiempo de la esclavitud y se originaron en la época de la colonización española. Constituyen fuentes de energía, vitalidad y alegría. Los miembros de estas corporaciones gozan de un significativo aprecio, que permea otros aspectos de la vida del lugar, como lo es la regulación o establecimiento de controles sociales en el pueblo de

Chuao".

En el carnaval del Diablo en Riosucio (Colombia), las cuadrillas que participan en el desfile en su honor escogen temas, los musicalizan, diseñan y confeccionan los disfraces y "le cuentan al diablo lo que está pasando en ese momento, ya sea presentándole quejas o rindiéndole informes". Además, como recuerda Misael Torres, la junta del carnaval constituida por viejos carnavaleros y matachinespoetas "cesan en sus funciones" al alcalde y al comandante de la policía para declarar conformada la República del Carnaval, determinando cómo se debe portar el pueblo durante las festividades y facilitando la expresión de la gente.

En el caso de las fiestas populares cubanas se menciona las llamadas fiestas de "bandos" que son grupos que compiten entre sí, tratando de lucirse en diferentes actividades que comportan habilidades como la monta de caballos y las carreras de cintas o de sortijas.

Las fiestas, a su vez, suelen tener figuras protagónicas que orientan, deciden, aplican las normas durante el festejo. Son obviamente posiciones de prestigio, respaldadas por el conocimiento de las tradiciones y la aceptación del pueblo. En las fiestas del Chocó estudiadas por Villa, un miembro de la Junta de Fiestas es el encargado de "dirigir el rito, él orienta las acciones"; los Tatamandones del carnaval de San Pedro Xicayán en México toman las decisiones trascendentales para el pueblo, la madrina del barrio en el caso de algunas fiestas cubanas y los caporales de la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo en el Cuzco presiden las asambleas, hacen cumplir las reglas, ejecutan los castigos y son los representantes de la comparsas hacia el exterior (Cánepa Koch, 2000).

VI. Diversidad cultural, memoria y fiesta

La fiesta suele ser una celebración de la diversidad. En ella se expresan diferentes tradiciones y múltiples actores, se entrecruzan afiliaciones étnicas y se combinan, en una especie de escenificación pública, las manifestaciones más diversas, desde el goce de la gastronomía hasta la exaltación de la danza, el sentido religioso o las transgresiones de las rutinas cotidianas.

La condición caleidoscópica de la fiesta no puede hacer olvidar los lazos que unen sus actividades, así ellas aparezcan inicialmente como fragmentos con existencia propia y autónoma. El engalanamiento de los lugares se encuentra con la disposición de los alimentos y los rituales de la comida; las músicas se entreveran con la iconografía, los disfraces y las máscaras. Danzantes vestidos de diablos celebran la exaltación del Corpus Christi, garabatos y parcas anuncian la fragilidad de la existencia abandonada a la fruición de la celebración y el disfrute de los placeres, jinetes en caballos enjaezados replican en lejanas comunidades campesinas ceremonias medievales. Un fuerte hilo simbólico une todas estas manifestaciones de la creatividad, combinando tradición con innovación, pertenencias cerradas con interacciones desafiantes.

"Los niños de los sanjuaneros aprenden por imitación a bailar en estilo similar al de sus padres, aunque la nueva generación de danzantes ha sido influenciada por ritmos de los mass media, que muchos de los jóvenes incorporan a sus bailes: Lo cual no significa que no estén en capacidad de realizar las danzas de Chuao al modo tradicional. Las sanjuaneras, entendiendo el fenómeno, les permiten bailar según el nuevo estilo, por un período durante la festividad. Pero después les exigen que dancen en la forma de Chuao y los jóvenes inmediatamente lo hacen, sin ningún asomo de objeción o rechazo".

Todo este panorama de la diversidad está también relacionado, de muchas maneras con la memoria. Por una parte, porque las fiestas suelen tener procedimientos de socialización en las prácticas festivas y porque las comunidades tienen diferentes mecanismos para lograr el aprendizaje de los niños y los jóvenes. Además hay figuras que garantizan la pervivencia de la tradición, que como se observa en el testimonio etnográfico de Carmen Elena Alemán, son capaces de comprender el significado de los conocimientos ancestrales, como también los anuncios del cambio y las transformaciones culturales. Pero por otra parte, la fiesta es parte de la memoria colectiva, de aquello que une, a través del tiempo a las comunidades. Hay numerosos ejemplos de retorno a las festividades o de extrapolación de la fiesta a otros lugares, en los que se concentran núcleos grandes de determinadas poblaciones que se identifican a través de la replicación de la fiesta. William Villa dice que para el chocoano la fiesta es la posibilidad de penetrar el espacio donde los fragmento de una memoria colectiva disgregada "esperan la gramática que les dé sentido". Juan Carlos Moyano escribe que la fiesta permite recuperar la fuente de la memoria que no es inmóvil sino viva y Adrian Maya sostiene que uno de los grandes retos de la identificación de lo africano en los países andino "pasa por la definición del concepto de memoria es decir, la manera como han registrado su pasado las estrategias culturales mediante las cuales transmiten a las nuevas generaciones todas aquellas in formaciones necesarias para reproducir la identidad y el sentido de pertenencia a su grupo".

Mirar las fiestas desde lo social. Una propuesta preliminar

La propuesta de un modelo de impacto económico de las fiestas está acompañada, por una parte, de una reflexión preliminar sobre el patrimonio intangible y además de un esfuerzo por construir una tipología de las fiestas que finalmente es un intento de ordenamiento clasificatorio, tal como lo señaló Michel Foucault en 'Las palabras y las cosas', cuando se refirió explícitamente a la constitución de la 'episteme' del cuadro, que dio lugar a la teoría de valor, la lingüística comparativa y las taxonomías botánicas. Una tipología es una apuesta por una forma de comprensión y en el fondo por una manera específica de ordenamiento del mundo.

Dentro del modelo económico se buscó incluir, así fuese preliminarmente algunas variables sociales, que pudiesen ser exploradas a partir de formularios, respondidos básicamente por los organizadores y expertos de las fiestas estudiadas. Algunas de las preguntas pueden ser válidas para los participantes en las fiestas, ya sean directos o visitantes.

Se trata de un acercamiento provisional además restringido por las propias definiciones instrumentales: el uso del cuestionario y la entrevista.

Sin embargo, la información más valiosa sobre lo social de las fiestas se debería recoger a partir de otras metodologías como la etnografía, el estudio sociológico, las entrevistas a profundidad o las historias de vida entre otros, acompañados de un complejo proceso interpretativo. Para este primer ejercicio se escogieron las siguientes dimensiones que después se verán reflejadas

VII. Las dimensiones consideradas

- Participación social: presencia activa de diferentes sectores/actores de la comunidad en la organización y desarrollo de la fiesta. Cuánto y cómo se involucra la gente en la fiesta.

- Identidad: posibilidad de identificación social y cultural alrededor de la vivencia de la fiesta. Grado de pertenencia social de la fiesta.

- Diversidad cultural: expresión de diferentes perspectivas culturales (tradiciones, manifestaciones étnicas, experiencias religiosas, sentidos de lo lúdico, expresiones artísticas) en la preparación y desarrollo de la fiesta.

- Cohesión social: integración de los diferentes sectores/actores sociales y culturales alrededor de la preparación y el desarrollo de la fiesta.

- Apropiación social: formas individuales y sociales a través de las cuales los grupos y actores sociales y culturales hacen propia la fiesta.

El anterior es un capítulo del estudio 'La fiesta, la otra cara del patrimonio. Valoración de su impacto económico, cultural y social', Convenio Andrés Bello

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