Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/08/26 00:00

Las mentiras de 'Popeye'

En las 318 páginas del libro del supuesto lugarteniente de Pablo Escobar sobresalen tres hechos por su falta de precisión y, por qué no decirlo, de verdad.

La mayor parte del libro "El verdadero Pablo" es un recopilación de hechos contados en otros medios y obras. Por eso hay pocas cosas novedosas para alguien que ha seguido el tema del narcotráfico y la guerra entre carteles con algún rigor. De pronto, los valores agregados del libro de John Jairo Velásquez Vásquez, alias 'Popeye', escrito por la periodista colombiana Astrid Legarda, son las descripciones sobre el armamento usado, las conversaciones entre los sicarios de Escobar y uno que otro detalle difícil de desmentir, especialmente porque sus protagonistas están muertos. Sin embargo, la obra ha desatado polémica por algunas "revelaciones", como el aporte económico de Escobar a la toma del Palacio de Justicia. Estas son las cuatro mentiras de 'Popeye' que SEMANA.COM se atreve a desmentir con información en mano.

1. El libro se anuncia como "la historia verdadera de Pablo Escobar contada por su principal lugarteniente". Pero 'Popeye' no fue la mano derecha del capo. Así lo confirmó Roberto, el hermano de Pablo Escobar al diario El Colombiano: "'Popeye' no era nada. Él era el conductor de una amiga de mi hermano". Delante de Popeye, aseguró Roberto Escobar, estaban 'El Chopo', 'Pasarela' y 'Pinina'. Calos Mario Alzate Urquijo (alias 'El Arete') y Otoniel González (alias 'Otto') también tenían un puesto importante dentro de la organización. Por ello, la posición marginal de 'Popeye' dentro del Cartel le resta seriedad a sus revelaciones, pues es poco probable que Escobar planeara los envíos de droga y los asesinatos al frente de un subalterno de mínima importancia.

2. En la página 220, cuando 'Popeye' narra cómo se transportaba la droga a través de Cuba, hay una imprecisión que podría demostrar cierta falta de rigor a la hora de recopilar la información. "(...) los militares cubanos, al mando del general Ochoa Antish y el oficial Tony Laguardia, bajo instrucciones directas de Raúl Castro, se hacían cargo de la mercancía (...)", afirma 'Popeye'. Sin embargo, el general Ochoa Antich -como en realidad se escribe el apellido- era en realidad un ex ministro de defensa venezolano. Su nombre de pila era Fernando. De pronto 'Popeye' se refiere al general cubano Arnaldo Ochoa, ejecutado en Cuba. Esa información es fácilmente comprobable en cualquier buscador en internet como Google.

3. Y, por último, el detalle más controvertido de toda la obra: el supuesto patrocinio de Escobar a la toma del Palacio de Justicia, ocurrida el 6 de noviembre de 1985. Según 'Popeye', "después de pedir una entrevista con el Patrón, los líderes del M-19, Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad, llegaron a la Hacienda Nápoles. En la larga reunión llevada a cabo allí, le cuentan el ambicioso proyecto que tienen en mente: atacar el Palacio de Justicia" (página 65). Sin embargo, Iván Marino Ospina murió en agosto de 1985 en Cali, durante un combate con la policía. ¿Cuándo tuvo que haber sido la reunión entonces?

También asegura que después del Holocausto del Palacio, Fayad se refugió en Nápoles junto con Jaime Bateman. Pero Bateman murió en abril de 1983, en un accidente aéreo en Panamá. ¿Entonces de quienes habla 'Popeye'?, ¿será otra imprecisión como la del general cubano? o ¿con qué intención hace estas supuestas revelaciones?

Además, Roberto Escobar también le dijo a El Colombiano que 'Popeye' entró a la organización en 1989. ¿Entonces cómo se enteró de los detalles de la toma del Palacio de Justicia, ocurrida en 1985?

Y una ñapa: 'Popeye' asegura que "fueron en total 27 los constituyentes que recibieron entre 50.000 y 100.000 dólares por cabeza [para tumbar la extradición]. En la lista figuraban, entre otros, Marco Antonio Chalita, del M-19, y Francisco Rojas Birry, en representación de los indígenas" (página 239). Pero Chalita está muerto por lo que se habría llevado esa información a la tumba y Rojas Birry ya lo desmintió. ¿Quién dirá la verdad?

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