Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/11/08 00:00

Las víctimas del conflicto armado quieren dejar de ser invisibles

Damnificados de las AUC, las Farc y el Eln se reúnen en Bogotá en el lanzamiento de la Fundación Víctimas Visibles que busca reconocer los derechos de estas personas.

A Leyner las Farc le mataron 34 familiares en Bojayá. A Lisina los 'paras' le masacraron a su esposo en el Alto Naya. Y el Eln provocó la muerte del esposo y los hijos de María Cecilia en Machuca. (Fotos: León Darío Peláez- SEMANA)

“Para mí, eso de la Comisión de Reparación está como embolatado. Yo sé que se hizo para ayudarnos, pero eso de negociar con los victimarios a veces lo veo muy difícil. Por allá por Timbío, mi pueblo en el Cauca, nadie se ha acercado a preguntar qué es lo que queremos nosotros de reparación. Por eso vinimos a Bogotá, para hablarle a la gente que no conoce y no sabe del horror que muchas mujeres vivimos durante y después de las masacres”.

Lisinia Collazos, una diminuta mujer de 37 años, dice estas palabras con el acento indígena que heredó de su comunidad paez del Alto Naya, en el departamento del Cauca. En la habitación de un hotel al norte del Bogotá, acomoda su figura aborigen en una elegante silla para relatar cómo fue que en 2001 los paramilitares le dispararon a seis personas frente a ella antes de desaparecer a su esposo, a quien también asesinaron.

“Eso fue una matazón como de cien personas y por eso la vida a muchos nos cambió por completo. Se nos llevaron a nuestros maridos, nos señalaron de guerrilleros, nos dejaron sin trabajo, nos dejaron con miedo. Por eso estamos aquí para contarle a la gente qué es ser una víctima de verdad”, dice esta mujer que poco confía en la organización para las víctimas creada por la Ley de Justicia y Paz.

A pesar de ser una líder de su comunidad, haber viajado hasta Madrid buscando ayuda para los suyos y trabajar en su parcela de sol a sol, sobrevive con 10 mil pesos diarios con los que se sostiene ella y a sus tres hijos. La misma historia la ha contado en varios congresos sobre terrorismo y esta vez lo hace una vez más en Bogotá en el lanzamiento de la Fundación Víctimas Visibles, una iniciativa de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda que busca la solidaridad de quienes no han vivido el horror de la guerra. “Lo que buscamos es hacer sentir a la gente normal corresponsable de todas las víctimas colombianas. Muchos de ellos son invisibles y por eso es urgente sanar la sociedad para que los sienta como propios y los incluya como parte importante de la sociedad”, señala Diana Sofía Giraldo, decana de la facultad.

La organización se levantó sobre el principio de que las víctimas son más importantes que los victimarios. Pero eso es lo que precisamente no ha sentido María Cecilia Mosquera, quien hace ocho años vio cómo su cuerpo se quemaba, y cómo morían su esposo y sus dos hijos cuando el Eln dinamitó un tramo del Oleoducto Central de Colombia en Machuca, a 34 kilómetros de Segovia (Antioquia), donde murieron 81 personas más.

“Uno viene acá a Bogotá y habla de lo mismo, pero no sirve si la gente no para bolas y no ayuda. Allá en Machuca no hay párroco, no hay puesto de salud bueno, el trabajo es escaso, todo es muy caro y lejos de todo. Nosotros no queremos plata, sino calidad de vida, que los gobernantes trabajen de verdad por el pueblo, que nos den oportunidades para trabajar”, dice esta hermosa negra que lucha por no perder el brillo de su raza y por cuidarse del sol que a veces le cuartea las cicatrices que le dejaron las llamas.

Muchos como María Cecilia confían en que el peso de esta organización puede trascender a la verdadera reparación de las víctimas. El esfuerzo de la Comisión Nacional de Reparación que dirige Eduardo Pizarro ha sido importante, pero ni siquiera se tiene una base de datos clara para saber cuántas víctimas de las AUC deberán ser reparadas. En ese sentido, sería importante privilegiar esa dignidad perdida, no sólo para los que padecieron las atrocidades de los paramilitares, sino de las guerrillas y del propio Estado.

“Ninguno de los que estamos aquí buscamos figurar, robar pantalla o que nos ayuden económicamente. Lo que necesitamos es mover la conciencia de la gente, que los que viven en las ciudades oigan nuestras historias y las de un montón de gente que no ha salido por la televisión, pero que también sufre mucho al no tener oportunidades para vivir”, asegura Leyner Palacios, quien después de haber perdido a 34 familiares en la masacre de Bojayá en 2002 por cuenta del fuego indiscriminado de las Farc, quiere estudiar Derecho donde sea para poder ayudar a su comunidad.

El ex presidente español, José María Aznar, estuvo en el auditorio de la Sergio Arboleda para oír sus historias este miércoles. En el lugar se encontraron con víctimas del club El Nogal, del Palacio de Justicia, del Atrato, de todos los lados. Lo que más quieren es hacer ruido y entrar en los corazones de aquellos colombianos que todavía creen que ellos son invisibles.

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