Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/07/04 00:00

Llegó la hora del documental

La producción documental en Colombia va en aumento. Una serie de factores están influyendo positivamente para que cada vez más se hagan producciones documentales. Semana.com explica cómo está el género en este momento.

Llegó la hora del documental

“Aunque era un jueves previo a las elecciones, era también el momento oportuno para recordarle a la gente en qué andaba este país, porque el 2007 fue un año muy fuerte, ” dijo Diego García a la revista Kinetoscopio, después de estrenar su último documental El Corazón, en octubre pasado, simultáneamente en cien salas de todo el país.

La película relata la historia real de la operación de corazón que le hacen a un soldado herido por una esquirla de una mina antipersonal y cómo se salva de la muerte. Su cirujano cardiovascular hace parte del grupo médico que más operaciones de corazón abierto por trauma ha realizado en el mundo. La producción duró dos años y costó alrededor de 120 mil dólares.

El Corazón y Un tigre de papel, son los primeros documentales que se han estrenado en salas alternas, es decir no comerciales, desde que se creó la Ley de Cine en 2003, lo cual marca un buen precedente y augura un futuro exitoso para la difícil tarea de contar la realidad del país por medio del cine.

El reciente auge del documental en Colombia se debe a una suma de factores. Uno fundamental fue la creación hace cinco años de la Ley 814 que regula el fomento de la actividad cinematográfica en Colombia. La Ley ordenó la creación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico FDC, que le brindó a los documentalistas colombianos una oportunidad de financiación por medio de convocatorias que adjudican premios económicos en las diferentes fases de realización.

Además, en su tercer capítulo, la Ley otorga beneficios tributarios a las empresas que inviertan o donen dinero a la producción cinematográfica, con el fin de articular la empresa privada, a los cineastas y al Estado.

Desde 2004, cuando empezó a funcionar la Ley de Cine, hasta el año pasado, se han presentado a los concursos que otorgan dineros del FDC, 325 proyectos. De esos, han sido premiados 31, y 23 ya se han terminado. Estas cifras parecen demostrar que si se tiene acceso a estímulos económicos, se incentiva la producción. De hecho, muchos de los ganadores de la convocatoria han repetido premio. Durante los cuatro años en los que ha funcionado el FDC, Silvia Hoyos, Natalia Peña y Juan Guillermo Arredondo han realizado dos trabajos documentales cada uno

El dinero que otorga el FDC a los documentalistas es aún limitado – en 2007 sólo dos proyectos fueron premiados, cada uno con 50 millones de pesos (unos 25.000 dólares del momento) pero es un incentivo considerable que puede abrirle las puertas a un documentalista talentoso para conseguir otros apoyos.

El Corazón de Diego García, Un Tigre de Papel de Luis Ospina y Paraíso de Felipe Guerrero, son algunos ganadores de la convocatoria de 2004 en la fase de producción, y luego de terminar el trabajo, han tenido la oportunidad de ser vistos en diferentes festivalesalrededor del mundo.

El segundo factor que ha impulsado la producción documental colombiana es la gran cantidad de festivales, muestras y concursos en los cuales se puede participar hoy en el país y en el mundo, algunos de éstos especializados en documentales. En Colombia, cada año se realiza la Muestra Internacional de Documentales en Bogotá y en el resto del mundo están: Sundance en Estados Unidos, Toronto en Canadá, Todo es Verdad en Sao Paulo, Brasil y el más importante de todos, el IDFA en Ámsterdam, Holanda.

Al festival colombiano, la Muestra Internacional del Documental, llegan cada año entre 60 y 70 producciones, de las cuales casi el 90 por ciento son producidas en Colombia. Muchas con tan buena aceptación en el exterior que han sido ganadoras de premios y reconocimientos. Así, por ejemplo, En el escondido de Nicolás Rincón, fue Premio del Público, Festival de Montreal en 2007; Paraíso, de Felipe Guerrero, Premio al Mejor Documental en el Festival de Marsella en 2007; y Hartos Evos hay aquí de Héctor Ulloque y Manuel Ruiz se ganó el Premio al mejor documental en Biarritz en 2006.

Un tercer factor es el relacionado con la apertura de escuelas de cine y que en las universidades tradicionales, tanto públicas como privadas hay más oferta de programas audiovisuales. En Colombia sobresalen los programas de las universidades públicas Nacional, del Valle, de Antioquia y del Magdalena; y los programas privados que ofrecen la Universidad Javeriana y el Politécnico Gran Colombiano, entre otros.

Igualmente, más colombianos que nunca antes se están yendo a estudian cine o carreras afines al exterior. A la Muestra Internacional del Documental de Bogotá, por general, llegan realizaciones de una veintena de documentalistas que, siendo colombianos, están estudiando o produciendo en Argentina, México, Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania.

No es que el documental colombiano tenga apenas una trayectoria de cinco años, pero es en este último lustro en que han empezado a tener impacto nacional e internacional y han logrado cautivar audiencias considerables. Algunos de las piezas documentales más vistas han sido La desazón suprema, de Luis Ospina (2003); Del palenque de San Basilio, de Erwin Goggel y Los archivos privados de Pablo Escobar, de Marc de Beaufort, ambos en el 2004: y La Sierra de Margarita Martínez y Scot Dalton (2005). Esta última producción ganó el permio del Independent Film Productions (IFP), en Nueva York al mejor largometraje documental y obtuvo mención de honor en el Festival Slamdance de Cine en Park City, California, en la misma categoría. Además fue presentado en HBO y en Caracol Televisión. Y si una medida un poco perversa del éxito es la piratería, entonces pocos documentales han sido tan populares como este último que retrata las luchas entre bandas de jóvenes armados en el barrio de la Comuna 7 de Medellín.

La financiación

El FDC no es la única fuente de financiación a la que un documentalista colombiano puede aspirar. También hay convocatorias internacionales como Doctv Iberoamérica, premio que otorga estímulos económicos a un documental de cada país que conforma la red iberoamericana de documentales. El Doctv se hace cada dos años y premia al elegido con cien mil dólares. Con Tule Kuna, el cineasta colombiano Germán Piffano se ganó la convocatoria del FDC en 2006 y también el premio de Doctv.

El documental no sólo puede conseguir respaldo económico mientras es producido. También existen reconocimientos a los trabajos terminados. Entre los muchos premios que otorgan entidades colombianas están, la Universidad de Antioquia, la Alcaldía de Medellín, El Premio Nacional Documental del Ministerio de Cultura, la Alcaldía de Bogotá, el Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia, El Festival de Cine de Bogotá y Cartagena, Cine a la Calle e In Vitro Visual.

Sumando costos, la realización total de un documental de bajo presupuesto en Colombia puede estar entre 100 y 120 millones de pesos, a diferencia de lo que puede valer en Estados Unidos, entre 100 y 120 mil dólares. La realización documental en Colombia suele ser planeada, por razones de costos, en formato para televisión con una duración entre 24 y 52 minutos. Llevarlo a los 35 mm del cine lo hace bastante más costoso.

Si bien el presupuesto es primordial en cualquier realización, el género documental permite reducir costos desde el formato. Diego García argumenta que en formato digital se llega a más gente. “A mí no me interesa producir en 35mm, para ir a las salas no es necesario, el año pasado demostré con “El Corazón”, que en formato digital se puede llegar a todos los públicos, desde San Andrés, hasta Leticia”, afirmó García.

La difusión

Otro reto que puede ser tan difícil para un documentalista como financiar una idea, es lograr difundirlo. En Colombia hay pocos espacios para mostrar los documentales. Antes de la creación de la Ley, existía un espacio financiado por el Ministerio de Cultura en el que se transmitían documentales en horario prime time de la televisión pública llamado La Franja, pero solo estuvo al aire durante dos años, de 1998 a 2000. Sin embargo, la televisión regional ha sido clave en el desarrollo de la producción documental, no solo en la difusión sino también en la financiación.

La televisión privada ha sido más tímida a la hora de producir documentales y ponerlos en su cartelera. Recién cinco años después de la creación de la Ley del Cine, los canales RCN y Caracol han empezado a explorar el mundo del documental. El Canal Caracol tiene una franja que se llama: " Entre ojos", está al aire desde agosto del año pasado y ha emitido 40 documentales en total, de los cuales 21 son colombianos. Sin embargo la relación de los canales privados con el género no es aún estrecha, “Entre ojos” es transmitida los sábados a las 11:45 de la noche, en un horario con poca audiencia.  RCN con programas como: El Mundo Según Pirry también ha incursionado un poco en el mundo del documental.  En las salas de cine comerciales la cosa es aún más cerrada. La taquilla de los documentales puede ser muy baja, y sólo excepciones como el de Fahrenheit 9/11 del crítico cineasta estadounidense, Michael Moore, han logrado atraer 150 mil espectadores en Colombia.

Hasta el momento en Colombia no existe un canal especializado para la transmisión de documentales como los internacionales Discovery Channel o National Geographic. Sin embargo, en América Latina es el cuarto país en producción de documentales, después de Argentina, México y Brasil.

El desarrollo del documental en Colombia, como arte y como industria, está aún lejos del alcanzado en Europa o Estados Unidos. Sin embargo, gracias al talento de decenas de documentalistas, el reciente empujón que el Estado colombiano le ha dado, y los nuevos escenarios que se están abriendo en el mundo, este género del cine está definitivamente despegando.

El camino abierto primero por documentalistas pioneros como Martha Rodríguez, y más recientemente, por otros como Margarita Martinez , Luis Ospina, Diego García, Felipe Guerrero, Silvia Hoyos, entre muchísimos más, parece hoy más despejado que nunca.

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