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| 9/11/2007 12:00:00 AM

Lo que mal comienza…mal termina

Alejandra Azuero, asesora jurídica del Grupo de Derecho de Interés Público de la Universidad de los Andes, analiza la elección de Mauricio González Cuervo como nuevo magistrado de la Corte Constitucional.

Con una breve mención a los 67 votos que obtuvo Mauricio González Cuervo en el Senado de la República el pasado martes 28 de agosto, los medios de comunicación informaron acerca de la elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional colombiana. Sin embargo, nada se ha dicho hasta ahora sobre lo sucedido esa tarde en la plenaria del Senado, como tampoco se dijo hace un par de semanas cuando los tres integrantes de la terna intervinieron ante los senadores para presentar oficialmente su candidatura.

A eso de las 4 de la tarde del martes, inició la plenaria en el Senado de la República ante un público numeroso. Las barras estaban llenas y entre ellas se encontraban –en palco de honor– las esposas de varios miembros del Congreso de Estados Unidos, quienes asistían ese mismo día a la condecoración del representante demócrata Sam Farr, quien recibió la orden del Congreso de Colombia.
 
Sin embargo, a las 6 de la tarde, las barras se habían desocupado parcialmente y varios senadores se retiraron del recinto, mientras por los pasillos de la plenaria comenzaron a ser repartidos pequeños papelitos blancos con los nombres de cada uno de los miembros de la terna. Finalmente, casi a las 7 de la noche, se procedió con el siguiente punto del orden del día, la elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional.
 
Entre los pocos espectadores que todavía se encontraban en las barras, después de casi tres horas de espera, aumentó la tensión. Creyeron –equivocadamente– que por fin tendrían la posibilidad de conocer la posición de las bancadas frente a los candidatos de la terna. Esta sería la última oportunidad que tendrían los senadores para formular preguntas a los tres opcionados.

15 minutos, nada más
 
Sin embargo, la elección de quien ocupará el cargo de magistrado por los próximos ocho años no tomó más de 15 minutos. Sin que se hubiera producido ni un solo intento por abrir el debate, y sin que mediara una sola manifestación por parte de ninguno de los senadores, uno a uno fueron pasando a la mesa directiva, donde en una urna negra fueron depositados los papelitos blancos.
 
Al final, la presidenta del Senado solicitó al secretario leer el resultado de la votación, el cual dio una arrolladora victoria a González Cuervo. Entre los otros dos candidatos sumaron 10 votos, con la misma cifra de votos en blanco. No obstante, cuatro votos debieron ser declarados nulos: en acto de burla frente al proceso de elección, cuatro senadores votaron a nombre del Grupo Niche.
 
Minutos después, el recién electo magistrado hizo su aparición en la sala, donde fue felicitado calurosamente por los miembros de la bancada del Partido Liberal, siendo los únicos que su pusieron de pie para recibirlo. Después de una breve intervención en la cual aceptó el nombramiento, la presidenta del Senado se dirigió a González con la siguiente frase: “Esperamos que como magistrado haga sentir orgulloso a este Congreso por haberlo elegido”.

Sin debate democrático
 
Lo cierto, es que poco orgulloso se debería sentir el Senado al haber elegido de la forma cómo lo hizo al nuevo magistrado. González Cuervo, no solo llega a la Corte con su reputación altamente cuestionada por haber formado parte de dos ternas en las que parecía ser el único opcionado, sino que terminó siendo elegido por el Senado sin que mediara ningún tipo de debate democrático.
 
Y esto fue así, a pesar de que la presión por parte de los medios y algunas organizaciones no gubernamentales exigía –al menos– que la elección en el Senado fuera antecedida por una discusión sobre la idoneidad de los candidatos y los criterios de selección –teniendo en cuenta además que el Presidente se había negado a hacer lo mismo al conformar la terna en dos ocasiones–.

De hecho, al lamentable episodio del pasado martes, antecedió la semana anterior un no-debate igualmente cuestionable. En dicha oportunidad, correspondía a los tres aspirantes a magistrados hacer una intervención ante el Senado y responder a las preguntas de los senadores. Sin embargo, cuando algunos de los voceros de las bancadas pidieron la palabra para hacerlo, la sorpresa fue grande: los tres candidatos se fueron tan pronto como terminaron su intervención. De forma implícita esta actitud por parte de los aspirantes al cargo, parecía dar por hecho que la decisión del Senado ya estaba tomada.

Aun así, ni el Senado ni los partidos políticos hicieron caso a la solicitud formalmente presentada por la Comisión Colombiana de Juristas. Esta organización no gubernamental solicitó que se llevara a cabo una audiencia pública.
 
La solicitud fue denegada por la secretaría del Senado, pues –según ellos– el Congreso no es un escenario para que los ciudadanos hagan preguntas a otros ciudadanos. Ante dicha negativa, la Comisión requirió –teniendo en cuenta que no había sucedido durante la presentación de los candidatos en el Senado– que antes de la votación, los senadores pudieran formular preguntas a los tres aspirantes.
 
Asimismo, solicitaron a cada una de las bancadas, que asumieran oficial y públicamente una posición frente a la terna, así como también, que hicieran de conocimiento público los criterios que emplearían al momento de decidir su voto a favor de alguno de los tres candidatos. No obstante, nada de esto sucedió, y por lo tanto, la elección del nuevo magistrado podrá pasar a la historia como un ejemplo lamentable de cómo no se deben elegir a los jueces de la Corte Constitucional.

Ausencia de transparencia
 
A la falta de transparencia del presidente Uribe como nominador de la terna, se sumó la irresponsabilidad política de un Senado acrítico, en el que ni siquiera la oposición hizo oír su voz. Hay que recordar que la primera terna se disolvió después de que dos de las candidatas presentaran sus hojas de vida ante los senadores, quienes se negaron a escucharlas.
 
Sin embargo, independientemente de que tan buen candidato fuera González Cuervo, el Presidente nunca aportó razones que justificaran su inclusión por segunda vez en la terna. Aún así, los senadores no exigieron conocer las razones del Presidente, ni tampoco dieron las suyas al momento de decidir su voto a favor de alguno de los candidatos. Aunado a esto, la ausencia de una reglamentación que someta la elección de magistrados a un proceso riguroso y transparente, contribuyó al desafortunado desenlace de un proceso que –en teoría– debería garantizar la elección de jueces con las más altas calidades éticas y profesionales, como magistrados de nuestro tribunal constitucional.

Como bien dice el dicho, lo que mal comienza mal termina, y así culmina el que –hasta la fecha– ha sido el proceso más controversial de elección de un magistrado a la Corte Constitucional colombiana. Sin embargo, este es solamente el primer episodio de un trascendental proceso de renovación en el interior de la Corte, que continúa con la elección de seis nuevos magistrados en 2009.

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