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| 8/3/2006 12:00:00 AM

Los cabos sueltos de Mapiripán

Nueve años después de la masacre, el hijo del General Uscátegui acaba de hacer un documental en el que plantea interrogantes sobre la investigación en la que aparece señalado su papá.

En julio de 1997 dos aviones partieron desde Urabá cargados de paramilitares. Aterrizaron en el aeropuerto de San José del Guaviare, donde está instalada una base antinarcóticos de la Policía. Luego se desplazaron a Mapiripán, Meta, por río y carretera. Con su llegada se inició una masacre que duró varios días y sobre la cual el propio Carlos Castaño admitió que habían sido asesinadas 49 personas. La mayoría fueron arrojadas al río, pues apenas se hallaron 5 cadáveres. Las autoridades civiles, entre ellas el juez, alertaron a los militares sobre lo que ocurría en ese remoto poblado. Pero no encontraron respuesta. Así, los paramilitares pudieron recorrer la zona a su antojo, sin ningún tipo de impedimento.

Esta matanza será inolvidable porque con ella se inició la expansión de las AUC que hasta entonces estaban en Urabá y Córdoba. Además, porque las atrocidades cometidas por los paramilitares contaron con la complacencia y la complicidad de varios miembros de la fuerza pública, la mayoría de ellos, ya condenados. Otros, ni siquiera han sido vinculados a la investigación.

Sin embargo, nueve años después, el proceso no se ha cerrado, a pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya condenó a la nación por este hecho. Muchos aspectos de este crimen no han sido investigados y se han convertido en cabos sueltos. El general Jaime Humberto Uscátegüí, detenido desde hace cinco años, espera la sentencia del juez.

Su juicio ha sido controvertido, pues es el general de más alto rango que deberá responder por lo ocurrido en su jurisdicción. Su hijo, José Jaime, se ha dedicado en los últimos meses a recoger de manera sistemática y juiciosa los pormenores del caso en un documental que ha titulado: ¿Por qué lloró el General?. El título de la película se refiere a la audiencia pública realizada el año pasado en la cual Uscátegüí lloró cuando hizo referencia a quienes habían ordenado la masacre, incluido el paramilitar, hoy desmovilizado, Salvatore Mancuso. Estos son algunas de los muy pertinentes interrogantes que plantea el documental:

¿Por qué no se ha vinculado a los demás miembros de la cúpula paramilitar a esta matanza?

Desde 1998 reposa en los expedientes de la Fiscalía la declaración de Pedro Alex Conde Anaya quien fue testigo de la manera como se planeó la masacre, en una reunión realizada en Necoclí donde participaron Carlos Castaño, Salvatore Mancuso, entre otros. Aunque Carlos Castaño fue condenado por este hecho, apenas el año pasado se vinculó formalmente a Mancuso al proceso.

¿Por qué no se ha investigado cómo pudieron salir dos aviones de Urabá?

Tres policías que estaban en el aeropuerto Los Cedros de Apartadó cuando el avión Antonov de matrícula HK-4009 salió de allí cargado de paramilitares declararon ante un juez de instrucción penal militar -en 1998- que dicha aeronave fue escoltada por hombres de la XVII Brigada del Ejército. Sin embargo, nunca se ha vinculado a la investigación al General Rito Alejo del Río, comandante del Ejército en Urabá para esa época.
El piloto del segundo avión, un DC-3 de matrícula HK-3993, que salió de Necoclí cargado de paramilitares, admitió en su declaración en noviembre de 1997 que cuando recogió la “carga” estaban presentes miembros del XVII Brigada y la policía de Urabá. Este piloto fue investigado, obtuvo libertad condicional. Posteriormente fue asesinado.

¿Por qué no actuaron las tropas del Ejército, la Armada, la policía antinarcóticos?

Extrañamente, los paramilitares, después de haber llegado a San José del Guaviare se movilizaron tranquilamente por tierra y por el río hasta Mapiripán. La participación activa del Coronel, Comandante de la Brigada Móvil #2 Lino Sánchez Oviedo se pudo comprobar y fue condenado por la justicia ordinaria. Sánchez murió cuando tenía la casa por cárcel, de una enfermedad que lo aquejaba desde hace años. Un paramilitar que participó en la masacre, le dio un testimonio a la justicia en el que dice que Luis Hernando Méndez Bedoya, alias René, jefe paramilitar de la masacre de Mapiripán, se quedó por largo tiempo en “El Barrancón”, puesto de control del Ejército en la zona. Este informante fue asesinado en la cárcel.


¿Se sabe todo lo que contenía el computador del Sargento Juan Carlos Gamarra?

El FBI decodificó el computador del Sargento Juan Carlos Gamarra Polo, miembro de la inteligencia del Batallón Joaquín Paris, que estaba en ese entonces agregado a la Brigada Móvil 2. En el computador se diseñaban los panfletos del Frente Guaviare de las AUC y se tenían listas negras de pobladores. A pesar de que un agente del FBI ofreció cerca de 100 documentos más que servirían de prueba, estos no fueron solicitados ni allegados al proceso.

¿Dónde está René?

René fue el jefe paramilitar que encabezó la masacre, fue detenido y luego se voló misteriosamente de la cárcel donde pagaba una condena de 40 años. No llegó nunca al sitio de su desmovilización en el Suroeste antioqueño, durante el proceso de desarme de las AUC. Para entonces, el gobierno dijo que René se había desmovilizado en privado por razones de seguridad y que permanecía en Ralito. Poco después, el Alto Comisionado Luis Carlos Restrepo admitió que René se voló también de allí. Vicente Castaño dice que actualmente “René está criando vacas por allá en una finca”.

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