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| 5/30/2004 12:00:00 AM

Los mensajes de la Cumbre de Guadalajara

La conferencia de 58 países de América Latina y la Unión Europea en México se paró fuerte en la necesidad de construir un mundo multilateral y solidario.

"Se trata de una conferencia carente de contenido alguno, de carácter puramente ceremonial, en la que la Unión Europea no se compromete absolutamente en nada, ni siquiera al respeto más elemental del principio de no intervención", fue el mensaje que envió Fidel Castro, para excusarse de no acudir a la Tercera Cumbre de América Latina y el Caribe y la Unión Europea en Guadalajara, México, el pasado fin de semana. Es verdad que, como todos los grandes encuentros internacionales, éste tuvo mucho de formal y pocos compromisos contantes y sonantes.

Sin embargo, no es cierto que esta cumbre, que reunió por primera vez a los 25 países de la nueva Europa con los 33 países latinoamericanos y caribeños, careciera de significado. Al contrario, en cada conferencia de prensa, en cada discurso, se percibió un mensaje de fondo dirigido sobre todo al Estados Unidos de George Bush: que su estilo unilateral y autoritario de imponer un modelo de globalización está creando un mundo peligroso, sin reglas de juego, que excluye a las mayorías pobres, y que no es sostenible.

Ese mensaje no fue retórico. Se vio, por ejemplo, en el lanzamiento del programa de cooperación de la Unión Europea (UE) llamado EuroSocial. Más interesante que su monto -30 millones de euros- es su filosofía. Según lo explicó Chris Patten, el comisionado de Relaciones Exteriores de la UE, el programa está dirigido a promover la igualdad social, concepto que ellos han acuñado con el nuevo término de "cohesión social" y que es una de las metas primordiales de la UE ampliada. Los índices de concentración económica de América Latina son los más altos del mundo, a pesar de más de una década de apertura económica y del retorno a la democracia de la mayoría de sus países. El modelo de la globalización está causando una enorme exclusión social, que es necesario atender.

La preocupación europea no es puramente moral. "La desigualdad económica previene el crecimiento económico", dijo Patten. Lo que quiere decir que si grandes sectores de la población tienen apenas con qué sobrevivir, no podrán consumir más allá de lo mínimo y los mercados no crecerán. Además hay una consideración política detrás de la idea de promover la cohesión social. Como lo explicó Carlo Binetti del Banco Interamericano de Desarrollo, uno de los socios centrales de EuroSocial, "la opinión pública le ha pasado la cuenta de cobro a la democracia en América Latina por la creciente pobreza y desigualdad de la región". Y si las democracias sucumben, las probabilidades de conflicto social y de inestabilidad regional crecen.

El otro mensaje de la Cumbre de Guadalajara es que Europa quiere un mundo multilateral, y en eso encontró eco en América Latina. Nadie pone en duda, por supuesto, que el superpoder mundial es Estados Unidos, pero hay un creciente malestar con el estilo unilateral del presidente Bush. "Aquí todos estamos de acuerdo que debemos operar y trabajar en condiciones en las cuales prevalezca la ley", y luego, refiriéndose ante los abusos de soldados estadounidenses a sus pares iraquíes en la prisión Abu Ghraib, añadió que "los jefes de Estado de los países democráticos inevitablemente van a condenar una situación de este tipo".

El multilateralismo que predica Europa no es sólo en materia de guerra, sino también económico. "La UE es un animal multilateral que pone toda su fe en un orden global multilateral. Queremos fortalecer la ONU y no nos gustan las intervenciones unilaterales de superpoderes. Además queremos que la Organización Mundial de Comercio (OMC) sea el regulador de unas reglas de juego estables para el comercio internacional", dijo Karl Falkenberg, director general de Comercio de UE.

De ahí que la decisión de la UE sea la de no iniciar nuevas negociaciones de tratados de libre comercio sin antes lograr un avance en la ronda de Doha de la OMC. Eso significa que no negociará antes de Doha, un tratado de libre comercio con los países andinos. En esta cumbre se decidió apenas iniciar una evaluación de las condiciones de integración de la Comunidad Andina, para ver si en unos dos o tres años se puede arrancar en firme una negociación de libre comercio con Europa.

Es que el tercer mensaje fuerte de esta conferencia fue el de la integración. Europa insiste en promover la receta que les ha abierto a ellos las puertas de la prosperidad como nunca antes en su historia: la integración de naciones. Es así como ha concretado en Cumbre de Guadalajara completar las negociaciones de libre comercio con el Mercosur para octubre de este año, y con los países del Caribe en 2007. Ni con los andinos, ni con los centroamericanos hay todavía luz verde precisamente porque sus integraciones respectivas van muy lento.

Por ahora, gracias al Sistema General de Preferencias (SGP), Colombia, como los otros países andinos productores de drogas ilegales, está accediendo al mercado europeo sin aranceles. Pero Europa fue condenada por otorgar ese privilegio unilateral por la OMC (en respuesta a una demanda de India), y ahora debe reformular el SPG que vence en 2005.

Según Falkenberg hasta ahora se están diseñando los nuevos criterios para poder renovar el SGP, pero seguramente se van a imponer requisitos que tienen que ver con el cumplimiento del respeto a los derechos laborales consagrados internacionalmente. En este sentido, la petición del presidente Álvaro Uribe, aquí en la Cumbre, de que se renueve el SPG por 10 años más le va a exigir a Colombia un mejoramiento sustancial en el respeto por estos derechos.

Más allá de la situación coyuntural de cada país, sin embargo, de esta cumbre surgieron definitivamente, y con mucha fuerza, tres mensajes de todos los países de la cultura occidental a Estados Unidos. Primero, que para que sea sustentable la globalización debe construirse de manera multilateral, con unas reglas de juego comunes y aceptadas por todos. Segundo, que los países y la cooperación internacional deben preocuparse por atender la desigualdad social que no permite el crecimiento y pone en riesgo las democracias. Y, por último, que debe promoverse la integración de los países para crear condiciones de competencia menos desventajosas para los más pequeños y para facilitar el acceso a mercados más grandes.

Habrá que ver si Estados Unidos acusa recibo de estos mensajes, lanzados desde tan cerca de sus fronteras.
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