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| 1/30/2005 12:00:00 AM

Los metaleros: ¿qué tenemos adentro?

De nuevo hemos sido víctimas de la desinformación generalizada y la falta de objetividad. Recientemente, la revista Semana publicó un artículo en el que caricaturescamente se mostraba el modus vivendi de los metaleros; ante lo cual, muchos no pudimos menos que sentirnos horrorizados y atacados.

"No es bueno ver sólo una cara de la moneda", reza el adagio; y es esta la otra cara, la desconocida.

Sería absurdo decir que hablo por todos los metaleros, pero al menos sí por unos pocos, aquellos para quienes el metal trasciende de ser sólo un estilo musical a ser una forma de vida, una ideología e incluso un sentimiento (...)

Muy cierto es que, la descripción que hizo la revista sobre los metaleros encaja a la perfección en la cotidianidad de más de uno de estos, drogadicto, degenerado y si se quiere, parásito de la sociedad. Es obvio, los ejemplos más denigrantes y desagradables se adhieren con más fuerza a la mente del ser humano; pero esto no es motivo suficiente para estereotipar a todos los que vivimos dentro de las lindes del metal. Semejante estigmatización debieron atravesar intérpretes y seguidores del rock and roll y el blues, que relucen como las raíces más primarias del metal.

Por no ser de un carácter musical muy accesible al oído de los menos entendidos, el metal aparece como un estilo (y aquí he de omitir la palabra 'refinado') que sólo se logra entender correctamente tras mucho tiempo de estudio y discernimiento; en otras palabras, para entenderlo como es debido se ha de escuchar y vivenciar durante un buen tiempo para poder captar su esencia.

El metal, entre sus subgéneros remarca un sinfín de emociones, y hago mella en que no es sólo "la muerte, el infierno y el sufrimiento del amor" como se mencionó en el artículo publicado con anterioridad. El heavy metal tiende a ser alegre, emotivo; el gothic, triste y melancólico, y su contraparte, el death, es crudo, fuerte tanto en sus líricas como en su posición.

El metal surge, musicalmente hablando, como progresión y experimentación de los sonidos ya propuestos a mediados de los años 60; e ideológicamente, como un grito de libertad para los jóvenes de la época. De haber nacido dos décadas después, James Dean habría sido metalero.

"Como verdaderos hijos de la naturaleza, nacimos para ser salvajes", fue una de las primeras consignas metaleras hecha por Steppenwolf en el año 1968. De eso se trató en un principio, de libertad, de rompimiento de esquemas. Sólo para hacernos una idea, contamos como precursores del metal a agrupaciones como The Yardbirds, The Who y The Sweet. Todo esto ha dado con los años paso a diferentes manifestaciones de la calidad humana en la iconografía y las líricas: la guerra, el amor, el odio y la dicha son algunos de los temas que una y otra vez llenan las páginas de los booklets de las bandas de metal.

El problema surge por la gran cantidad de seudometaleros que nunca lograron entender el verdadero significado del metal, y que más por apariencia que por convicción acaparan la atención de la sociedad con 'espectáculos' deplorables que nos hacen caer en el cliché de desadaptados satánicos. No todos los metaleros son satánicos, ni todos los satánicos son metaleros, aclaro vehementemente; ni todos los metaleros, por el sólo hecho de serlo, somos marihuaneros o incultos o violentos. Los individuos así pululan por doquier, mas no nos representan como unidad.

"Sexo, drogas y 'rock and roll' ", otra consigna ya bastante conocida, dejó de ser lema de los metaleros hace mucho tiempo; primero porque no encierra (ni se acerca a) la magnitud debida de lo que confluye en este género, y segundo porque este tipo de exclamaciones, más que ser emblemáticas, fueron 'gancho' de ventas, según han aceptado varios músicos representativos de la década del 80. Aunque cabe aclarar que miles de metaleros alrededor del mundo se tomaron este tipo de cosas muy a pecho.



El metal ha sido y será una fuerza que mueve el alma; en su individualidad, cada cual decide cómo tomarlo y vivirlo, no es una forma de vestir peculiar, ni el hecho de llevar el cabello largo. Los metaleros somos miembros como cualquier otro grupo de la sociedad, con cargos en las más diversas áreas, con vidas normales, con familias normales, pero que compartimos una misma pasión y afinidad. Dispersos alrededor del mundo y llevando una vida como la de cualquiera de los lectores, en la que quizás algún día nos tomemos un trago en compañía de nuestros amigos al salir del trabajo, llevemos a nuestros hijos a su primer día de colegio o nos detengamos a disfrutar de un buen libro, pero siempre en compañía de nuestra música.
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