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| 2/14/2008 12:00:00 AM

“Los narcos están buscando un patrón que les dé la cobertura para sobrevivir”

El director de la Policía de Colombia, el general Óscar Naranjo, analiza que está pasando con la mafia en el país tras la captura de ‘Don Diego’ y ‘Rasguño’, la muerte de Varela y los asesinatos recientes en Bogotá.

La guerra mafiosa que se ha desatado en las últimas semanas en Colombia tras la muerte de Wilber Varela, capo del cartel del Norte del Valle asesinado a finales de enero en Venezuela, dejará una estela de muertos hasta que el más fuerte imponga su ley con mano de hierro y cree una organización que les permita sobrevivir. Para dar un ejemplo, esto es lo que pasa con la llamada ‘Oficina’ de Envigado. Allí están en la búsqueda de un nuevo ‘patrón’ que le garantice su supervivencia y le permita sostener su organización delincuencial, que opera desde ese municipio del sur del Valle de Aburrá y que ha sido protagonista en el mundo del narcotráfico en los últimos 20 años en el país.

Esa es la apreciación que tiene el general Óscar Naranjo, director general de la Policía Nacional, al analizar los impactos que ha venido teniendo la reorganización de grupos de narcotraficantes en el país tras la muerte de Varela, conocido en el hampa con el alias de ‘Jabón’, y las sendas capturas de narcotraficantes con fines de extradición, entre ellos Diego León Montoya Sánchez, alias ‘don Diego’, y Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, todos ellos grandes capos del cartel del Norte del Valle.

“Esa operación sostenida ha implicado para el narcotráfico en Colombia una reestructuración constantemente y, en ese sentido, se empiezan a notar algunas tendencias”, precisa el alto oficial. La primera de esas tendencias relaciona a Miguel Ángel y Víctor Mejía Múnera, conocidos con los alias de ‘Los Mellizos’ y a Daniel Rendón Herrera, alias ‘don Mario’ tratando de generar una simbiosis con mucha influencia en el norte de Antioquia y Córdoba, con penetración en Cesar y Magdalena. La segunda tendencia es el bloque que vienen constituyendo Daniel Barrera, alias ‘el loco Barrera’, y Pedro Oliverio Guerra, alias ‘Cuchillo’, quienes pretenden llenar el vacío estructural en Meta y los Llanos Orientales dejado por las extradiciones y muerte de los capos del Norte del Valle.

Y un tercer fenómeno viene expresándose en los departamentos de Cauca, Nariño y Putumayo, donde, según el general Naranjo, “hay una convergencia criminal muy fuerte entre reductos de narcotraficantes que trabajaban para los narcotraficantes Wilber Varela, Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, y Diego León Montoya, han entrado en fase de reestructuración para tratar de constituir una alianza o un sistema operacional mafioso que no los lleve a más confrontaciones”.

Lo que causa extrañeza en este análisis es la pérdida de protagonismo de la llamada ‘Oficina’ de Envigado, que en el pasado determinó gran parte del accionar delictivo del Valle de Aburrá y el departamentode Antioquia. Con el pasar de los años, sus mandos fueron matándose entre sí y con la desmovilización como jefe paramilitar de uno de sus últimos capos, Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’, y su reclusión en la cárcel, su relevo, conocido como Carlos Mario Aguilar Echeverri, alias ‘Rogelio, fue perdiendo poder y ha tenido que buscar nuevas alianzas para sobrevivir. Para entender mejor este conflicto entre bandas de narcotraficantes, la Agencia de Prensa IPC conversó con el general Óscar Naranjo en el siguiente diálogo que Semana.com publica a continuación.

Pregunta: ¿En esas reestructuraciones constantes de las que usted habla, qué papel viene jugando la llamada ‘Oficina’ de Envigado?

Respuesta: Lo que podría decir es que después de nuestra denuncia pública en septiembre del año pasado, señalando a alias ‘Rogelio’ como responsable de una actividad criminal muy fuerte en Medellín, esa ‘oficina’ se ha replegado. De alguna manera está buscando una tabla de salvación, viendo a qué grupo se acoge para asegurar su supervivencia, pero no vemos que la ‘Oficina’ de Envigado esté jugando un papel protagónico en esta reestructuración.

P.: En las calles de Medellín se dice que alias ‘Rogelio’ estaría trabajando de manera conjunta con el ex comandante paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, hoy en prisión. ¿Qué sabe la Policía al respecto?
 
R.: Es evidente que la desmovilización del bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas, la prisión de alias ‘don Berna’ y la desmovilización de estructuras intermedias, hoy sometidas a la Ley de Justicia y Paz, han debilitado la cohesión de la ‘Oficina’ de Envigado y por ello creemos que está a la búsqueda de un patrón que le dé una sombrilla que le asegure su supervivencia. Para nosotros no es descartable esa alianza. Tenemos indicios que alias ‘Rogelio’, desde hace varios meses, empezó a tomar cierta distancia de las estructuras tradicionales de Medellín, orientadas por alias ‘don Berna’, y empezó un proceso de apertura con antiguos integrantes del bloque Central Bolívar, pero también con integrantes del cartel del Norte del Valle. En ello hay todo un proceso mafioso donde no hay lealtades, donde lo que conviene criminalmente es buscar un patrón, un capo, que les dé la cobertura necesaria para sobrevivir.

P.: ¿Es posible entonces que en esa lógica mafiosa hubiese también un acercamiento entre la ‘Oficina’ de Envigado y alias ‘don Mario’, quien ahora es identificado como el nuevo capo del narcotráfico en Antioquia, o tal vez una confrontación armada?

R.: Desde hace por lo menos ocho meses lo que se notó es que había esfuerzo desde Urabá por llegar a Medellín con un grupo sicarial a tratar de someter a la ‘Oficina’ de Envigado para quitarle espacios; eso significó el asesinato de por lo menos 12 personas, oriundas de Urabá, el año pasado, lo que nos indicaría que sí hubo una confrontación de sectores de Urabá con sectores criminales tradicionales de Medellín. Creería que con el tiempo la influencia de alias ‘don Mario’ ha ido penetrando otras organizaciones delincuenciales de la capital antioqueña.

P.: En Medellín, usted ha recibido críticas por denunciar las actividades de alias ‘Rogelio’ y hasta amenazas de demanda por parte de la Corporación Democracia, en la que aparece como su vicepresidente y que agrupa a por lo menos 4.000 desmovilizados de grupos paramilitares. ¿Qué opina al respecto?

R.: Tengo la noticia de que a partir de nuestra denuncia pública sobre alias ‘Rogelio’ y su actividad violenta en Medellín, ese señor dice, incluso con razón, que no tiene orden de captura, y que me denunciaría por esa afirmación. Lo que he dicho es que si es tan honorable debería presentarse a la justicia y hacer claridad de por qué ha entrado en un proceso de clandestinidad hace más de seis meses; por qué, a pesar de hacer parte de la Corporación no asiste a las reuniones; y de qué ha vivido todos estos meses. Cuando uno es honorable pone la cara y se presenta. Yo me baso en muchos testimonios, indicios, en una cadena investigativa que conducen a alias ‘Rogelio’ como responsable de movilizar, encubrir y participar de una actividad delincuencial vinculada a homicidios.

P.: Lo que no es claro en que pese a sus evidencias contra alias ‘Rogelio’, la Fiscalía General de la Nación aún no ha expedido orden de captura alguna. ¿Cómo se explica eso?
 
R.: Yo diría que la Fiscalía General de la Nación se está tomando el tiempo, buscando pruebas que realmente le den la certeza de que la orden de captura que imparta sea sólida; sin embargo, mi labor como policía es lanzar un mensaje claro de que no permitiremos que un individuo, con o sin orden de captura, movilice la gente para que sea víctima de asesinatos.

P.: Alias ‘don Mario’ y ‘Rogelio’ son los delincuentes más visibles hoy que son requeridos por las autoridades, ¿pero hay otros menos visibles que estén en la mira? 

R.: Como sucede en estos procesos, los delincuentes, por nuestros esfuerzos para localizarlos, por el programa de recompensas y la difusión de medios de comunicación terminan siendo unas figuras visibles de la delincuencia. ¿Dónde hay que tener cuidado? En no engolosinarnos sólo con aquellos más visibles, sino en avanzar en la investigación de los invisibles, que son los operadores mafiosos criminales que están en la base de la organización produciendo el daño. Pero lo claro es que alias ‘don Mario’ es una amenaza para el país que tenemos que contener y que alias ‘Rogelio’ debería presentarse a la justicia para hacer claridad sobre su actividad.

P.: ¿Dentro de esos personajes menos visibles aún está Alirio Rendón, conocido como ‘El cebollero’ y de quien se dice operó para la ‘Oficina’ de Envigado desde la Central Mayorista de Itagüí?

R.: Totalmente. El señor Alirio Rendón, es una prioridad, tiene orden de captura, está fugitivo, y tiene que caer.

P.: Lo que viene ocurriendo con alias ‘don Mario’ propicia una pregunta que ronda en el país y en el extranjero: ¿las bandas emergentes están creciendo en Colombia?

R.: Las bandas emergentes han decrecido en el país. En marzo de 2006 se tenía conocimiento de la existencia de 36 bandas y un poco más de 3.000 delincuentes; hoy, 12 de febrero de 2008, tenemos 23 bandas y 2.166 delincuentes con presencia en 16 departamentos y en 110 municipios; hay, por lo tanto, disminución de bandas como estructuras, disminución en sus componentes y hay menos departamentos y municipios afectados. Las acciones policiales contra estas bandas están centradas en tres ejes fundamentales: quitarles la logística armamentista, capturar a sus mandos medios y atacar los focos cocaleros. 
 
P.: No obstante, hay toda una discusión semántica alrededor de estos grupos: diversos sectores sociales y comunidades los siguen llamando paramilitares y las autoridades persisten en hablar de bandas emergentes ligadas al narcotráfico...

R.: Yo creo que no debería haber discusión semántica al respecto, porque el asunto es claro: una fuerza paramilitar es una fuerza que tiene vocación contrainsurgente, así la entendimos aquí en los orígenes de la creación de esos grupos ilegales, motivados, estimulados, por un accionar desbordado de la guerrilla y un Estado ineficiente en ese combate. El propósito contrainsurgente hoy no se nota en ninguna banda criminal, no tenemos noticias de enfrentamientos con ningún grupo guerrillero; al contrario, tenemos noticias sobre acuerdos de no agresión o de colaboración en algunas zonas como el departamento de Nariño, donde el grupo ilegal emergente Organización Nueva Generación se entiende con el ELN para traficar; en una amplia zona del cañón de Las Garrapatas, en el Valle del Cauca, la banda de Los Machos tenía relación con las Farc.

P.: Pero en los barrios de Medellín aún persiste el control social por parte de grupos armados supuestamente ligados a los desmovilizados de grupos paramilitares, lo que podría entenderse como una operación contrainsurgente preventiva. ¿Cómo entonces podría entenderse este asunto?

R.: El tema de los desmovilizados permite tener el siguiente cuadro: del total de capturados por nosotros de bandas criminales, solamente el 12 por ciento son desmovilizados reincidentes, es decir, de una población total de 3.000 capturados, el 12 por ciento son reincidentes; eso es un número muy pequeño cuando uno lo confronta con los 46.000 desmovilizados. Eso indica que las bandas criminales están integradas por una generación de reclutamiento distinto. Además, el número de desmovilizados vinculados a programas asistenciales del gobierno sigue siendo muy alto, lo que nos permite medir que no están en actividades preventivas contrainsurgentes en las ciudades. Hay, incluso, disposiciones del Ministerio de Defensa para que los desmovilizados no hagan parte de la red de cooperantes y evitar esa zona gris que podría ser mal interpretada en algunos sectores.

P.: ¿Y cómo es ese nuevo reclutamiento del que usted habla?
R.: Ese reclutamiento se está dando por motivación económica en áreas de alta confrontación por el aseguramiento de los centros de producción, los corredores de movilidad y el envío de droga al exterior. Dentro de las bandas criminales emergentes ese reclutamiento hoy es más rural y me atrevería a decir que el reclutamiento urbano es mínimo, tiende a cero.

P.: Con el recrudecimiento de la actividad sicarial en algunas ciudades del país parecería que algo se pelea en ellas, ¿su control tal vez?

R.: Yo creo que hay una apreciación fundada en percepciones que deben explicarse claramente. Estos grupos delincuenciales, narcotraficantes, mafiosos, se concentran en territorios que tengan tres características: centros de producción de drogas, corredores de movilidad o puntos de lanzamiento de la droga al exterior. Ahí es donde se da la confrontación territorial. Hoy, con la nueva fisonomía del país, para la Policía Nacional no hay posibilidades de que grupos mafiosos se peleen las capitales de departamento, menos Medellín o Bogotá. Lo que sucede en ciudades como Medellín, Cali y Bogotá es que la confrontación entre las bandas de grupos delincuenciales, cuando utiliza la modalidad del sicariato, produce víctimas, pero cuando se estudia quiénes son las víctimas de esa modalidad, casi que llega a la conclusión de que no son residentes ni oriundos de la ciudad donde murieron. El caso lo estamos viendo en Bogotá, donde esta ola de asesinatos lo que está marcando es una constante, que tanto víctima como victimario no son de aquí y han llegado en plan de refugio, tratando de huir de la confrontación en los territorios dominados por los narcotraficantes. Creo que en Medellín la situación es similar.

P.: Finalmente, ¿en este momento, que papel debe cumplir la ciudadanía?
R.: La ciudadanía no debe recurrir a ninguna estructura por fuera de la institucionalidad para expresar sus inquietudes, sus preocupaciones y su defensa frente a cualquier agresión o amenaza; le solicito que no acuda a los armados ilegales.  Es necesario que la gente recurra siempre a la institucionalidad, que está representada no solamente por los organismos del Estado, sino por la prensa libre y las organizaciones no gubernamentales. Además, las comunidades deben ser muy exigentes con la autoridad en el cumplimiento de su deber. Como Director General espero que el ciudadano me ayude a auditar el desempeño profesional de la Policía con la seguridad de que habrá siempre una respuesta correctiva si estamos fallando. Considero también que la ciudadanía no debe crear mitos alrededor de la delincuencia. En Colombia creamos mitos alrededor de los delincuentes, y termina siendo más popular un narcotraficante que un cardenal. Es muy importante que el delincuente sea valorado en su realidad, y no sea exaltado en función del mito. Por último, espero que las comunidades trabajen en el tema de convivencia. La inseguridad se puede combatir cuando hay un colectivo de personas que se comunica, que se entiende, que utiliza el respeto como medio de defensa, y cierra espacios al delincuente.

Agencia de Prensa IPC
Medellín, Colombia
(57 4) 284 90 35
www.ipc.org.co




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