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| 11/30/2006 12:00:00 AM

¿Los nuevos escuderos del Presidente pueden protegerlo de la tormenta política que azota al país?

Cuando Álvaro Uribe asumió el mando en 2002 el país lo veía como un salvador, la gente confiaba en que él iba a acabar la corrupción y era rodeado por pesos pesados de la estrategia política. ¿Cómo es el círculo de poder que lo acompaña hoy cuando muchos empiezan a dudar de él y se vive un escándalo sin precedentes?

En la noche del pasado miércoles el presidente Álvaro Uribe Vélez hizo un llamado que contradice los discursos del Jefe del Estado cuando asumió el poder en 2002. En aquel año la palabra transparencia era pan de cada día y había una línea inflexible contra cualquier concesión al delito. Pero, al intervenir en el Congreso Nacional de Cafeteros tranquilamente dijo que no le preocupaba aprobar leyes con personas que están ad portas de ir a prisión. “Les voy a pedir a todos los congresistas que nos han apoyado que mientras no estén en la cárcel, a votar las transferencias, a votar la capitalización de Ecopetrol, a votar la reforma tributaria”, dijo textualmente.
 
Ese mismo día, su ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, levantó al país con la declaratoria de que era posible revocar el mandato del Congreso. Hecho que el propio Uribe tuvo que salir a enmendar llamando él mismo a dos de las principales cadenas de radio -Caracol y RCN-. En la noche, Luis Carlos Restrepo, su comisionado de Paz, exigió que se le dijera al país toda la verdad en una abierta contradicción con él mismo en una entrevista al periódico El Espectador hace unas semanas. Cuando menos se esperaba en la misma jornada el vicepresidente Francisco Santos salió a declarar que el escándalo era porque la política en este país se había “perratiado”. Y al día siguiente -jueves-, Carlos García,  director del Partido de La U -la colectividad creada para apoyar al presidente Uribe lanzó un dardo inesperado: sí la canciller María Consuel Araújo fuera de su partido él ya le había pedido la renuncia. Estas dudas y resbalones pueden ser un reflejo del estado de nerviosismo que se vive por estos días en la Casa de Nariño. Y también de la ausencia de una estrategia para tener una línea coherente de acción y enfrentar semejante crisis.

¿Por qué estos resbalones? Entre otras cosas porque es evidente que el equipo que acompaña al Uribe modelo 2006 dista mucho de ser el Uribe 2002. En aquella época había verdaderos pesos pesados de la estrategia política y de la negociación.

Y ahora que este escándalo se compara al proceso 8.000 que vivió el presidente Ernesto Samper -sobre la penetración de dineros del cartel de Cali en la campaña Samper Presidente- la pregunta es obvia: “¿Quién es el Serpa de Uribe?”. En referencia al entonces ministro de Gobierno que se batió como un león en todos los escenarios para salvar a su jefe al punto que aún hoy no se ha podido quitar ese peso de encima. Y definitivamente, Uribe no lo tiene.

Y es que tres meses después de iniciada su segunda administración el equipo de confianza del presidente Uribe tiene muchas caras nuevas respecto al de hace cuatro años. Sus escuderos más cercanos están en la diplomacia, en la empresa privada o envueltos en escándalos por manejos irregulares. Se trata de personas muy afectas al Jefe de Estado y que constituían el verdadero poder detrás del trono. Varios de ellos trabajaban casi en la sombra, desde cargos como asesores y con menos protagonismo mediático que los ministros pero, sin lugar a dudas, con más poder que aquellos.

Ante la salida de tanto hombre de confianza Uribe tuvo que recomponer su equipo principal ampliando las funciones a algunos de los que quedan de su primera campaña o con el ingreso de otros. Fabio Echeverry, Rudolf Hommes y José Roberto Arango son sólo algunos de los nombres que no aparecen en la segunda versión del gobierno Uribe y que cumplían funciones estratégicas en su equipo. ¿Cómo recompuso Uribe su dream team para el segundo mandato?

Enemigo de las crisis políticas y la recomposición de equipos Uribe ha remplazado sólo algunos de los cargos que dejaron sus aliados ausentes. Algunos de sus amigos en el Congreso creen que dicha estrategia es riesgosa, especialmente después de la reelección, que es cuando los presidentes a los que les prorrogan el mandato dejan de hacer campaña y tienen que preocuparse más por sus ejecutorias que durante la primera administración. Uribe, sin embargo, parece decidido a jugársela a su estilo, sin titubeos y en ocasiones con terquedad así los hechos le demuestren que es necesario ampliar un equipo o retirar a un funcionario.

En el Uribe modelo 2006 José Obdulio Gaviria continuará como el ‘ideólogo’ del uribismo y su principal defensor ante las críticas de la oposición. Le escribe los discursos (antes lo hacía en compañía con Tulio Chinchilla) y es una especie de conector con aquellos sectores que no tienen acceso directo al Presidente. Es uno de los hombres que mejor conoce a Uribe, de quien es amigo hace más de 20 años. Alicia Arango, secretaria privada, y Bernardo Moreno, secretario general, también son de los pocos sobrevivientes de la primera administración.

Entre las nuevas figuras de Palacio se destacan los ministros consejeros Cecilia Álvarez y Óscar Iván Zuluaga y el asesor de Comunicaciones, Jorge Mario Eatsman.

Cecilia Álvarez es asesora en temas económicos mientras que el ex senador Zuluaga -una de las fichas del gobierno para suceder a Uribe- tuvo que conformarse con su actual cargo ante la imposibilidad de llegar al gabinete como ministro de Protección Social. Ocupa el puesto que tenía el hoy ministro Juan Lozano.

Los dos ministros consejeros son, en realidad, asesores presidenciales que deberían cumplir con algunas de las funciones antes encomendadas a pesos pesados como Rudolf Hommes y Fabio Echeverry, quienes le hablaban al oído al Presidente y hasta se daban el lujo de tener iniciativa en el diseño de estrategias sobre el rumbo del gobierno. Sin embargo, la dinámica del día a día y el estilo del presidente convirtieron a Álvarez y Zuluaga en funcionarios encargados de temas logísticos más que de aspectos de fondo ya que Uribe no sólo ejerce como Presidente sino que gusta de manejar directamente los temas de la minucia política.

Eatsman es una de las caras jóvenes del gobierno aunque lleva mucho tiempo en política. Es hijo del destacado dirigente del mismo nombre, fue uno de los promotores de la disidencia liberal que respaldó la candidatura presidencial de Andrés Pastrana e hizo parte de su gobierno como viceministro del Interior. Luego fue nombrado por Uribe como viceministro de Defensa y adquirió tanta cercanía con el primer mandatario que recibió el encargo de reemplazar a Jaime Bermúdez en la dirección de comunicaciones.

Su misión conlleva el reto de mantener la imagen favorable del Presidente en el preciso momento en que ésta parece descender ante los sonados escándalos de la ‘para-política’ que vinculan directamente a funcionarios gubernamentales y a la bancada uribista en el Congreso.

La diferencia con el equipo de comunicaciones de 2002 es que Bermúdez y Galán frenaban al Presidente cuando éste se metía tercamente en algún tema que no le convenía. Ambos con absoluta tranquilidad le decían que se calmara y que mirara otros puntos de vista. El Jefe del Estado los escuchaba y en ocasiones rectificaba. Ahora esto no parece ocurrir. O ¿alguien en Palacio le ha dicho de frente al Presidente del riesgo que significa para su gobierno la tozudez de mantener a la Canciller en el cargo? Y no porque ella no sea una persona honesta y transparente -hecho que ni siquiera la más radical oposición ha puesto en duda- sino porque es muy posible que el caso de sus hermanos aumente lo que tendría un efecto directo contra el Ejecutivo. Probablemente nadie.

Y es que en el Uribe 2002 había hombres que, al margen de cómo fueran los acontecimientos, tomaban los toros por los cuernos. A continuación la lista de los hombres que ya no están en Palacio y que es seguro muchos están hoy añorando para que le sirvan de paraguas al Presidente en una tormenta que cada vez se vuelve peor.

Los que se fueron

-Tulio, el catedrático

Una de las primeras bajas en el equipo asesor de Uribe fue el catedrático Tulio Elí Chinchilla, respetado intelectual antioqueño y quien durante mucho tiempo le escribió los discursos al primer mandatario. Chinchilla nunca se pudo acoplar al clima bogotano y prefirió volver a sus clases en la Universidad de Antioquia viviendo en el anonimato feliz de los cafés y las tertulias académicas, a las cuales llega en carro con chofer, único lujo que se permite en la vida. Su automóvil es bastante viejo y al conductor tuvo que contratarlo por obligación ante la imposibilidad de manejar debido a sus limitantes visuales. Eso sí, se siente con licencia para ser feliz en su tierra, lejos del frío bogotano desde el que “Álvaro” -así llama al Presidente- se cansó de rogarle que volviera al gobierno.

-Londoño, el ministro estrella

Después de Chinchilla salió del gobierno Fernando Londoño, el ministro estrella del gabinete. Tenía a su cargo las carteras de Interior y Justicia, dos de las más apetecidas en un país en el que los problemas de orden público son tema prioritario de la agenda interna. Locuaz, brillante jurista y representante de la clase alta cafetera, fue considerado en algún momento como el sucesor de Uribe por sus coincidencias respecto a temas como la mano dura contra la guerrilla. Pero el mismo liderazgo que lo catapultó como figura nacional terminó enfrentándolo con un Presidente acostumbrado a ser a la vez el ministro de todas las carteras. Su ascenso pareció llegar al ocaso cuando, ya renunciado, la Procuraduría lo inhabilitó para ejercer cargos públicos durante 15 años tras comprobar que (siendo ministro) intervino ante el Ministerio de Transporte y el Invías para favorecer a una empresa, firma de la que había sido apoderado. Eso sin contar el escándalo por las acciones de Invercolsa, que la justicia le ordenó devolver.

- José Roberto, el de mayor confianza

José Roberto Arango también se fue en medio de escándalos al quedar al descubierto que una empresa de su familia se ganó cuatro licitaciones (con el Ejército, la Policía, la Armada y la Fuerza Aérea) por más de 1.800 millones de pesos. En su momento Arango alegó que no había hechos irregulares en dichas transacciones, pero que dejaba el cargo para no afectar la imagen del Uribe, su ex compañero de colegio y amigo personal. Desde que dejó el puesto regresó a sus negocios personales, en los cuales se mueve exitosamente y con bajo perfil.

-Ruddy, peso pesado

El turno le correspondió entonces al ex ministro Rudolf Hommes, reconocido economista y consultor internacional, quien también dejó su asesoría al presidente Uribe tras reconocer que asesoraba profesionalmente a empresas que tenían pleitos pendientes con el Estado. Tras su salida del gobierno, Hommes siguió escribiendo en la prensa nacional, desde la cual cuestionó al Ejecutivo por el elevado déficit del gobierno central y la poca efectividad de carteras como las de Medio Ambiente y Transporte. Hasta escribió, que “hace cuatro años el Presidente electo había asumido serios compromisos con su electorado y no tenía compromisos con la clase política tradicional. Ahora la situación es más o menos al revés. Está comprometido hasta las narices con la clase política, pero le ha hecho muy pocas promesas a la opinión pública, que le ha extendido un cheque en blanco”.

-Echeverry, como un padre

Cuando Fabio Echeverri renunció a su asesoría al Presidente se especuló mucho sobre supuestas diferencias entre ambos. El ex director de la Andi es de las pocas personas que se dan el lujo de regañar al Presidente, de cuyo padre fue amigo entrañable. Frentero y malgeniado, Echeverry se hizo célebre promoviendo la reelección presidencial a través de lo que él consideraba una reforma “a un articulito”. Fue luego gerente de la campaña que le permitió a Uribe mantenerse en el cargo hasta 2010.


-Los otros bastiones

Alberto Velásquez, otro hombre de confianza de Uribe dejó la secretaría general de palacio en 2004, cuando la oposición lo acusó de manejos irregulares en el proceso para la compra del avión presidencial. Anny Vásquez, quien trabajó con Uribe desde que éste era gobernador de Antioquia, fue nombrada cónsul en Londres. Y Camilo Ospina, el ex ministro y ex secretario jurídico de Palacio es ahora embajador ante la OEA. Jaime Bermúdez, el creador de la exitosa estrategia de comunicaciones de Palacio también se fue para la diplomacia y en los próximos días Ricardo Galán, el escudero del Presidente desde la secretaría de prensa, pasará a la Comisión Nacional de Televisión.




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