Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2007/04/04 00:00

Los nuevos sonidos de la música independiente en Bogotá

Como en el resto del mundo, en la capital la venta de discos físicos sigue en caída libre. Un fenómeno surgido por Internet, nuevos aparatos de copiado y CD grabables. En este panorama, los artistas independientes redoblan esfuerzos para presentar su trabajo.

Imagen de un concierto del grupo Asdrúbal. FOTO: JULIÁN COTES / ESPECIAL PARA SEMANA.COM

La noche del martes 28 de noviembre de 2006, en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional en Bogotá, el sexteto Asdrúbal iba a lanzar su segundo disco independiente, ‘Habichuela’. Alejandro Forero, el guitarrista, llamó en la mañana a ‘Papeto’, el ingeniero de sonido, para confirmar la hora de la prueba. ‘Papeto’, le dijo que su hijo estaba enfermo y que no podría ayudarlos. Ante la emergencia, Alejandro llamó a Ernesto Santos, el ingeniero que les grabó el disco, pero él estaba ocupado con otra grabación, por lo que lo contactó con otros 10 colegas. Sin embargo, nadie estaba libre esa noche.

Sin ingeniero, el sonido de la banda no sería el mismo, pero María Angélica Valencia, la saxofonista, Daniel Restrepo, el bajista, Jorge Sepúlveda, el baterista, Marco Fajardo, en el clarinete, Carlos Tabares en la trompeta, además de Alejandro, estaban dispuestos a tocar. Siete meses de trabajo tambaleaban, pero cancelar el concierto era imposible.

Esta es la vida de los músicos independientes. Asdrúbal, ni siquiera consideró grabar con una disquera. Su trabajo nunca lo hubiesen tenido en cuenta porque su música se centra en la experimentación y las disqueras han perdido interés en abrirse a nuevas propuestas, manteniendo estereotipos comerciales que garantizan ventas. Estas dos perspectivas abren un nuevo mercado.

La venta de discos físicos ha bajado en Bogotá como en el resto del mundo. Esto se ha dado por el fácil acceso a la música a través de Internet, la aparición de los aparatos de copiado y de los CD grabables, el crecimiento de la piratería y la situación económica del país. El mercado musical no ha sido el único afectado por estos cambios, sino todos los productos de las industrias culturales.

Tiendas ‘on-line’

La comercialización musical de los últimos años ha cambiado debido a los avances tecnológicos. Ahora los sitios en la red se han convertido en el lugar de los músicos. Asdrúbal, al igual que otras bandas de diferentes géneros y países, tiene su página en Internet y pertenece a La Distritofónica, una iniciativa de nueve músicos bogotanos que decidieron unirse para apoyarse en sus proyectos independientes.

La aparición de sitios en la red que permiten la venta de canciones y álbumes como “itunes”, “cdbaby” y “calabashmusic”, han cambiado los parámetros del mercado, permitiendo al público tener acceso solamente a las canciones o a los álbumes que le interesan. La música se vende a bajos precios, ya que se simplifica la cadena de intermediarios.

Gracias a esto, las personas de todo el mundo que tienen acceso a Internet, pueden ampliar sus gustos musicales por lo fácil que resulta escuchar cualquier tipo de música. Además, este nuevo fenómeno de comercialización es conveniente para los artistas, los propietarios de las páginas web y los compradores.

Los músicos independientes, deben negociar su disco directamente con la distribuidora. Ésta hace una prueba para evaluar su calidad musical y su aceptación en el mercado del momento, para determinar si el álbum es rentable. En el caso de Asdrúbal, esta prueba no fue necesaria, ya que la mayoría de los músicos que pertenecen a esta banda, son integrantes de otro grupo llamado Primero mi tía que también hace parte de La Distritofónica.
 
Primero mi tía, ya terminó de vender las 500 copias que sacó de su primera producción independiente, y ya había sido evaluado por Millenium, la única empresa de distribución fonográfica independiente que existe en Bogotá y por esto la negociación con Asdrúbal no se sometió a la prueba de calidad.

En los principales almacenes de la ciudad, la diferencia de precios entre los discos independientes y aquellos producidos por disqueras es grande. Por ejemplo, en la tienda Prodiscos, el último álbum de Andrés Cepeda bajo el sello Univision music group vale 33.000 pesos, mientras que uno de Pacho Dávila (producción independiente), cuesta 25.000 pesos.

Con ‘Habichuela’, ‘Asdrúbal’ entregó a Millenium 100 copias de las 500 que prensó, vendiéndolas a 10.000 pesos cada una. En el lanzamiento, Asdrúbal vendió el disco directamente a 25.000 pesos.

El complicado manejo en la distribución de discos independientes, unido a la poca rentabilidad que estos producen en los almacenes, ha hecho que las opciones que ofrece la red, se conviertan en alternativas prioritarias de comercialización en el nivel mundial.

Avances tecnológicos

Los equipos de grabación de audio ahora son asequibles, y conservan las condiciones mínimas para una producción. Existen muchos programas para grabación y edición musical, que permiten hacer discos sin necesidad de acudir a estudios profesionales. En Bogotá, se han creado nuevos espacios de grabación y producción musical, respondiendo a esta tendencia.

Asdrúbal, grabó su segunda producción en Audivisión, un estudio profesional. Sin embargo, la mezcla final quedó muy limpia y no representaba el sonido que la banda quería registrar, ya que son un grupo de Free Jazz en donde lo que importa es la experimentación de sonidos y la interacción entre los músicos, por lo que un sonido limpio hace que la música pierda naturalidad.
 
La superposición de instrumentos, así como la improvisación colectiva, son características fundamentales de Asdrúbal. Si la mezcla de sonidos en la edición no concuerda con la forma en que se grabó naturalmente, la identidad musical del grupo cambia. Por esta razón, ‘Habichuela’ volvió a grabarse en el estudio de la Universidad Javeriana, en donde los equipos no son tan avanzados, pero ayudan a reflejar el color de la banda.

Sin embargo, aunque la grabación de un disco ha dejado de ser una utopía para los músicos, el uso indiscriminado de la tecnología, además de los altos precios de los discos producidos por disqueras, ha generado un aumento en la reproducción ilegal: la piratería.

La banda Asdrúbal está tranquila, sabe que su música no está siendo pirateada porque su sonido no es comercial. Sin embargo, los puntos de vista frente a la piratería de discos independientes difieren. Algunos músicos bogotanos que están sonando en radio y que hicieron una producción independiente, se alegran de ver su disco en las ventas piratas, como es el caso de la orquesta de salsa La 33. Aunque están perdiendo sus derechos cuando alguien quema su disco y lo vende, ellos sienten que es una forma de reconocimiento porque son más populares.

Hay otros músicos que no quieren que sus discos se pirateen, como es el caso de la Real Charanga, un nuevo grupo de salsa bogotano que ya ha vendido 2.000 copias independientes de su primer trabajo. Con el primer tiraje de 1.000 ejemplares recuperaron la inversión que hicieron para la producción del disco, y el segundo tiraje, correspondiente a las otras 1.000 copias, representó ganancia.

A pesar de esto, los discos físicos ya no son la principal fuente de ingresos para los músicos ni para las disqueras. Son la forma de mostrar la música y la imagen del grupo o del solista, porque lo que realmente representa ventas son los conciertos. “Los discos son un mal necesario”, afirma Camilo Salazar, lider del grupo Wamba, próximo en lanzar su primera producción bajo el sello Universal Music.

La venta de productos fonográficos tiene una relación directa con el ingreso de los compradores. En una tienda de discos en Bogotá, el último álbum de Shakira, ‘Fijación Oral’, cuesta 39.900 pesos, valor que corresponde aproximadamente al 10 por ciento del salario mínimo colombiano que es de 432.000 pesos. Mientras que, una grabación pirata puede costar entre 2.000 y 5.000 pesos.

El índice de la piratería en Colombia es muy alto. Aunque las cifras entre el IFPI (The International Federation of the Phonographic Industry) y Asincol (Asociación de Productores e Industriales Fonográficos de Colombia) difieren, es claro que en Colombia, de cada dos discos que se venden, uno es pirata. Esta proporción va en ascenso, razón por la que Colombia está incluida dentro de la Priority Watch List, lista de países con mayor registro de piratería en el nivel mundial.

El papel de las disqueras

La principal razón por la que Asdrúbal no fue a las disqueras, es porque éstas mantienen estrictos patrones a la hora de seleccionar artistas. Justifican su actitud frente a las nuevas propuestas musicales, en la incidencia que la situación económica del país tiene sobre la industria y sus consumidores, por lo que están obligadas a reducir presupuestos y a enrolar a menos músicos.

En ocasiones, cuando se hacen propuestas a las disqueras las cosas salen bien. Cuando Carlos Vives firmó con Sony Music, de entrada le ofrecieron un contrato donde se preestablecía un valor fijo por su trabajo, en el que la empresa asumiría cualquier riesgo vendiera o no. El resultado fue exitoso para las partes, la disquera recuperó su inversión con creces y el artista se consolidó como un ícono de la música colombiana contemporánea. Sin embargo, éxitos como el de Carlos Vives, subsidian otros tipos de fenómenos no tan rentables, donde por cada diez artistas que salen al mercado sólo uno alcanza la fama.

A Wuamba también le fue bien. Aunque por distintas razones, la relación entre los músicos y las disqueras está polarizada, Camilo Salazar, líder de este grupo bogotano de música tropipop, asume su contrato con Universal Music como aporte fundamental al desarrollo creativo, técnico y musical que la banda quiere proyectar.
“Somos como una familia, no hay limitaciones y nos alimentan musicalmente.”

Pero The Hall Effect no lo piensa así. Siendo una banda bogotana de rock que compone sus canciones en inglés, al negociar su posible ingreso a una disquera, se les insinuó enfáticamente que cantaran en español, cambiando el concepto esencial del grupo, ante lo que se negaron y decidieron sacar un disco independiente.

Indiscutiblemente, producir discos a través de disqueras o de forma independiente tiene sus ventajas y desventajas. Las grandes disqueras (majors) como EMI Music, Universal Music y Sony Music; y las independientes (indies) como ECM y Silent Sound, se encargan de la logística y promoción del material que producen, liberando a los artistas de estos papeles, para que solamente se enfoquen en la música. Mientras que, los artistas independientes, como Asdrúbal, tienen que asumir diversas funciones, además de desenvolverse como músicos.

El principal problema de los músicos en general, se centra en el desconocimiento del proceso de distribución y comercialización de discos. “No hay una estrategia completa”, afirma, el periodista cultural Juan Carlos Garay. La mayoría tiende a pensar que una vez el disco esté listo ya el trabajo finalizó. Sin embargo, el proceso apenas comienza, todas las producciones musicales independientes o por disqueras deben ser negociadas por una distribuidora que las ubique en los almacenes. La dificultad se hace mayor en Bogotá, ya que si la única distribuidora independiente (Millenium), considera que un álbum determinado no cumple con las condiciones de calidad y comercialización por ella previstos, al artista se le hace casi imposible poder ubicar su trabajo en las tiendas.

Por otra parte, una vez el músico logra colocar su producto en los almacenes, la rentabilidad que su venta le produce es desproporcional a la inversión económica y humana que le inyectó durante su elaboración.

Asdrúbal, firmó con Millenium la asignación de 100 copias de su primer disco. El valor que la distribuidora le pagó al grupo por cada álbum fue de 10.000 pesos. Esta cifra coincide con el costo de producción de cada ejemplar, sin dejar ganancias. El precio con el que se comercializa ese trabajo en las tiendas es de 25.000 pesos, el monto excedente se reparte entre la distribuidora que lo ubica y el almacén que lo vende.

Sin embargo, el mercado del disco está cambiando, y así mismo está cambiando la relación de las disqueras con los músicos. Las majors se están comprando entre ellas, como en el caso de Sony Music que compró a BMG. Esa “antropofagia” va a existir mientras las majors no reaccionen frente a los nuevos mercados, como el del Internet, porque el negocio de los discos físicos ya no es rentable.

Los músicos ya no sueñan con ir a una disquera para poder hacer su producción. La prioridad de los artistas es su autenticidad, mientras que la prioridad de las majors es la rentabilidad. Esto genera más grabaciones independientes que luego las disqueras deciden adoptar, una vez la banda o el solista han hecho la primera inversión y tienen algún tipo de reconocimiento. Este es el caso de la Mojarra Eléctrica, un grupo de fusión que grabó su primer disco independiente y que su segunda producción: “Raza”, la hizo bajo el sello MTM. 

Las perspectivas

A pesar de las enormes dificultades para distribuir, promocionar y vender un disco, además del poco lucro que da, la producción de discos independientes va en ascenso. A simple vista, resulta inexplicable este fenómeno, ya que nadie que busque constituir un negocio, emplearía capital humano y económico para una actividad, que de antemano no le generará ganancias. Sin embargo, en la percepción de los músicos, la producción de un álbum va más allá de su venta.

Los músicos materializan en el disco sus propuestas creativas. Es la forma de reunir y promocionar su trabajo.

La producción de un disco no se resume a la grabación, sino que implica una logística previa y posterior a este proceso. Los músicos deben tener listas las composiciones y ensayarlas muchas veces antes de llegar al estudio. Por lo general, los ensayaderos ofrecen espacios en alquiler para esta actividad. El costo promedio por cada dos horas de práctica es de 25.000 pesos, aunque Asdrúbal ensaya en un salón de la Universidad Javeriana en donde no les cobran.

Asimismo, una hora de grabación, mezcla y/o masterización en un estudio profesional oscila entre 60.000 y 80.000 pesos, mientras que en un estudio independiente con alta tecnología oscila entre 30.000 y 50.000 pesos. El promedio en horas para la grabación de un disco es relativo. Depende del género musical, de la cantidad de músicos que participan en la producción, de los instrumentos que se usen, de las horas que han ensayado, del presupuesto, y de la labor diligente del ingeniero de sonido y del productor. En muchos casos, el productor de los discos independientes es un miembro de la banda o el mismo artista solista.

Por ejemplo, el disco de la Real Charanga, se grabó en 60 horas. La grabación más corta hecha en Audiovisión (Estudio profesional). Esto se logró porque la banda llevaba dos años tocando y el ingeniero de sonido fue muy eficiente, al igual que Daniel Díaz, el director de la banda, que en este caso fue también el productor.

Una producción como la de esta orquesta de salsa, cuesta aproximadamente 13 millones de pesos con un prensaje (los discos que se imprimen) de 1.000 copias, mientras que una producción como la de Asdrúbal, cuesta aproximadamente cinco millones de pesos con un prensaje de 500 ejemplares.

Con tal de tener un registro de sus proyectos, los músicos hacen el esfuerzo de grabar, sin pensar racionalmente en las implicaciones ni las dificultades que representa una producción independiente. Para los artistas, grabar un disco es su carta de presentación al mundo, así como un espejo de ellos mismos. “Así sonamos”, cuenta Ernesto Santos, baterista e ingeniero de sonido. “Uno hace el CD para vender la imagen”, afirma Camilo Salazar que está grabando para Universal Music en el estudio Sonido Comercial.

Las presentaciones en vivo son el incentivo de los músicos. Aunque es lo que más les gusta hacer, también es lo que más ingresos les da. Los lanzamientos de discos son los conciertos más importantes, la mayoría de gente interesada en la banda paga por verlos y, en los casos de las producciones independientes, es posible vender discos sin intermediarios, por lo que todas las ganancias van para la banda.

El martes 28 de noviembre en el León de Greiff, Asdrúbal tuvo suerte. Mientras Alejandro Forero estaba desesperado llamando a los ingenieros que posiblemente podrían ayudarlos, a Ernesto Santos le cancelaban la grabación que tenía programada para esa noche. Estaba disponible para hacer el sonido del lanzamiento de ‘Habichuela’. A las 7:20 de la noche empezó el concierto, todo el primer piso del teatro estaba lleno. Al salir al escenario y notar la cantidad de espectadores, los músicos no salían de su asombro. La euforia se adueñó del lugar, en cada oportunidad de improvisación, los integrantes daban lo mejor de sí, para que su participación fuera única. El público respondía con aplausos y chiflidos que se intensificaron, cuando hacia el final del concierto se subió a la tarima “la comparsa de los músicos”. Había más de 30 personas en escena y lo que se vivía era una fiesta musical. Bailarines, músicos y público unidos bajo una misma causa: el lanzamiento de ‘Habichuela’. Sin duda, aquella noche sería inolvidable.

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