Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/10/26 00:00

Los partidos, de la teoría a la práctica

Los partidos, de la teoría a la práctica

En la teoría política los partidos son piezas fundamentales del juego democrático. A través de ellos se definen las tendencias ideológicas con las que se identifican los ciudadanos y se representan sus intereses. Se supone que el marco ideológico y de intereses de un partido define su plataforma programática y ésta las propuestas que pone en consideración de sus miembros y en general de los electores. Por ello los partidos son considerados pilar de la democracia.

En la realidad colombiana, sin embargo, los partidos y sus candidatos no necesariamente cumplen el papel que la teoría indica. Para empezar casi ninguno tiene una plataforma ideológica y programática que cumpla; ni sus promesas electorales, ni sus votaciones en las corporaciones públicas, ni las alianzas que hacen para ganar nuevos cargos obedecen o son coherentes con los documentos a los que llaman plataformas programáticas, que son más un adorno en sus páginas web, que un elemento determinante de su comportamiento político.

De otro lado, los partidos y candidatos que en teoría deberían representar el interés público, han sido vehículo de penetración privilegiada no sólo de intereses privados, sino incluso criminales. Por cuenta de eso Colombia ha vivido múltiples escándalos como el 8.000 y la parapolitica. Pero lo grave no son los escándalos, sino que si se mira el panorama de los últimos 25 años la conclusión es que al quiste de corrupción y politiquería se le agregó luego el de la plata de la mafia y más luego el de las armas paramilitares, hasta conformar una metástasis cancerigena para la que no logramos encontrar un remedio eficaz. Veamos.

En marzo de 1982 el capo Pablo Escobar fue elegido suplente a la Cámara de Representantes de Jairo Ortega por Antioquia con 16.650 votos. La lista del capo fue inscrita entonces como una de las tantas del Partido Liberal, pero su votación no equivalía ni siquiera al 1% del total de votación a Senado de ese año. A los dos años de ser electo Escobar estaba en la mira de las autoridades. A los cuatro años estaba en la clandestinidad. A los 11 años fue derrotado, en medio de la guerra narcoterrorista que desató.

Otros carteles, optaron por una estrategia menos sanguinaria y más conciliadora. El Cartel de Cali decidió ayudarles al Estado Colombiano y Estadounidense a capturar a Escobar y usar su dinero para mantener una red de agradecidos militares, policías y políticos. Esa red fue la que se descubrió con el proceso 8.000. Según registros de la Fiscalía, en las campañas del 90 al 94 el Cartel de Cali giró unos 42.000 cheques para hacer el módico aporte de $233.000 millones. Los políticos condenados dentro del proceso 8.000 sumaban cerca de 500.000 votos, equivalentes al 8% del total de la votación a Senado en 1994. Aunque si se suma a aquellos con presuntos vínculos que no fueron completamente probados en los estrados judiciales, la suma llegaría a cerca de 900.000 votos equivalentes al 16% del total de la votación de Senado en el 94.

La inversión en la campaña nacional fue mayor. Cálculos comprobados judicialmente, indican que los de Cali le donaron a Samper 6 millones de dólares. Confesiones recientes de otros capos del Norte del Valle indican que aportaron varios millones de dolares más para la campaña y que además hicieron otra vaca posterior para lograr que la extradición no fuera retroactiva. Samper finalmente resultó electo presidente con 3´733.336 votos. Con Samper las cuentas electorales de la mafia crecieron notablemente, primero porque coronaron la presidencia de Colombia y segundo porque pasaron de cientos de miles a varios millones de votos.

Cuando termino el gobierno Samper, el país no solamente tenía crecida a la mafia y la guerrilla sino que otra pata le había nacido a esta coja Nación: los paramilitares. Con el argumento inicial de defenderse de la guerrilla, crecieron de mano de hacendados y narcotraficantes hasta volverse estructuras mafiosas y criminales de gran calibre. La lucha contrainsurgente quedó sólo en el discurso histórico porque, al igual que la guerrilla, descubrieron que el acaparamiento de tierras, activos y coca era mejor negocio.

Los paras y la mafia no sólo sumaron fuerzas en los negocios sino que decidieron incursionar de lleno en lo electoral, optando además de la financiación, por la presión armada, el fraude electoral y la infiltración política e institucional. Esa combinación de formas de lucha se propuso apropiarse de una tajada importante de poder local, regional y nacional. Y lo lograron. En su marcha borraron el bipartidismo y le abrieron paso a nuevos partidos y figuras que ganaron unos dos millones de votos, el 35% de las curules de Senado en el 2002. En el 2003 lograron trasladar las tres cuartas partes de ese caudal electoral a las elecciones locales y se quedaron con 7 gobernaciones, 271 alcaldías, 3.916 concejales y 135 diputados.

Dado que sólo el esfuerzo solitario de la Corte Suprema de Justicia ha sido un obstáculo, pero que ni las instituciones, ni el Gobierno, ni los partidos los atajan, para estas elecciones del 2007 esos movimientos inscribieron 26.000 candidatos. ¿Los atajaran los electores? Eso es lo que está por verse este 28 de Octubre.



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