Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/07/16 00:00

Los restos invisibles

En Medellín la Fiscalía entregó esta semana 32 restos óseos de víctimas de los paramilitares y las Farc. Cinco de ellos fueron de manera simbólica porque los cuerpos fueron arrojados al Río Cauca según narró en versión libre el ex jefe paramilitar Éver Veloza, alias “H.H.”

Los restos invisibles

La escena fue surrealista: más de treinta familias enlutadas salieron de las instalaciones de la Universidad de Medellín con arreglos florales y un ataúd miniatura en sus brazos. Dentro de él, la osamenta de sus hijos, padres, tíos o hermanas. A pesar del ambiente funerario, a todos se les notó un aire de tranquilidad: daban por terminada una etapa de angustia y desespero por no saber nada de sus seres queridos desaparecidos hace tantos años.

Los restos pertenecen, en su mayoría, a hombres (estaban los de cinco mujeres y dos menores) asesinados en los municipios antioqueños de Segovia, Granada, San Carlos, Olaya, San Vicente y Urabá. En todo el departamento se han recuperado 182 restos y aunque la Fiscalía no tiene el dato exacto de cuántas personas hay enterradas en fosas, sí tiene claro que el trabajo de las exhumaciones da para largo: hoy hay 14 mil registros de personas desaparecidas en todo el país.

Tal vez una de las familias más afortunadas en todo este proceso de búsqueda sin descanso ha sido la de Maria Elena Toro quien estuvo presente en la ceremonia del martes. Ella recibió los restos de su sobrina, Claudia Elena Orrego y completa tres ataúdes con los huesos de sus desaparecidos. Aún le restan los de su hijo, Franklin Barón Toro: “Poco a poco, poco a poco vamos terminando este duelo” dijo Maria Elena.

Pero no todas son historia con suerte. Cinco madres del barrio Pablo Escobar de Medellín: Lilian Alzate, Aura Guisao, Gilma Guerra, Elizabeth Duarte e Irene Valencia se enteraron tan sólo hace una semana que sus hijos fueron asesinados y arrojados al Río Cauca por hombres al mando del ex jefe del bloque Bananeros de las Autodefensas, Éver Veloza, alias “H.H.”. Fue él quien se los confesó el jueves pasado mientras asistía a la versión libre en la Fiscalía.

Sus hijos estaban desaparecidos desde el 28 de marzo de 2000 cuando una camioneta blanca llegó al barrio en las laderas del Valle de Aburrá y se llevó a la fuerza a varios muchachos que jugaban fútbol en la calle. Uno de ellos pudo escapar y antes de ser asesinado, logró contarle a un familiar que la camioneta había llegado hasta la Mojana, Sucre, donde un “tal señor Ramón Isaza”. Esa era toda la información con la que contaban sus familiares.

Estas mujeres, pertenecientes a las Madres de la Candelaria Línea Fundadora, en su intento por saber la verdad lograron visitar en la Cárcel de Itagüí al comandante paramilitar, Ramón Isaza, y le preguntaron por la suerte de sus hijos. Él dijo no saber nada y las despachó al rato.

Luego, llegó el rumor que era Carlos Mario Jiménez, alias “Macaco”, quién sabía del paradero de los muchachos. En una versión libre ante la Fiscalía, él negó que tuviera cualquier información. Para ese momento la noticia de que estas cinco mujeres andaban buscando a sus hijos se había regado hasta por los pabellones de máxima seguridad de la Cárcel de Itagüí y Salvatore Mancuso se pronunció diciendo que alias “H.H.” debía tener esos datos.

Ellas, entonces, decidieron llevarle las fotos de sus hijos a Éver Veloza. Él los reconoció y manifestó que habían sido asesinados por ordenes de Vicente Castaño. El jueves pasado Lilian, Aura, Elizabeth, Gilma e Irene pudieron tener acceso directo a él. “Yo me había preparado mucho para preguntarle cosas sobre mi hijo pero la rabia no me dejó hablar” le contó Irene a Semana. Esa tarde alias “H.H.” Les confesó que sus hombres los tiraron al río, que lo sentía pero que estábamos en una guerra.

Las mamás quedaron desconsoladas. Se retiraron del edificio de la Fiscalía y este mismo fin de semana fueron informadas de que tendrían un acto simbólico en la Universidad de Medellín junto con las otras 27 familias a quienes se les entregarían los restos óseos.

“Yo no me siento tranquila –dijo Irene- a mi me falta verdad. Nadie me ha dicho por qué me lo mataron”. Las cinco mujeres salieron con flores en vez de huesos. Tal vez eran las únicas que en la mañana del martes en Medellín al salir de la Universidad seguían con una larga amargura.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.