Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/03/14 00:00

Los secretos del concierto por la paz

Los detalles desconocidos de cómo se montó el concierto de Juanes y otros artistas que se celebrará el domingo en el puente Simón Bolívar en la frontera con Venezuela.

Los secretos del concierto por la paz

“Para allá voy, hermano”. Con esa frase, Alejandro Sánz le confirmó a Juanes, a través de un correo electrónico recibido en el blackberry del artista, que se le medía a viajar como fuera y a la hora que fuera para apoyar el concierto en la frontera. Miguel Bosé fue el segundo en confirmar, minutos después, y Juan Luis Guerra completó el trío de ases antes de media hora. No había vuelta de hoja. Había que hacer el evento. El único problema era que quedaba apenas una semana para montarlo en un sitio inadecuado y sin nada concreto, salvo un grupo de artistas convencidos de la idea.

Esta había nacido apenas un día antes, cuando Juanes y Fernán Martínez, su representante, se reunieron en Connecticut, durante un concierto de ensayo, para hablar de la tensión que había en las fronteras. Entonces se les ocurrió que la mejor manera de buscar la paz era haciendo dos conciertos simultáneos en las fronteras con Ecuador y Venezuela. En sus planes cada artista cantaría en un lado y luego un avión lo trasladaría al otro.
 
Lo que era aún un proyecto en crudo tomó forma al día siguiente, cuando se reunieron en Nueva York en un almuerzo con el periodista Julio Sánchez y este los apoyó. A Juanes le rondó tanto la idea que esa noche, en el primer concierto oficial de su gira Mi vida, en Nueva York, decidió pedirles a los colombianos que tomaran de las manos a ecuatorianos y venezolanos para formar la bandera de la paz. La reacción del público del Madison Square Garden fue tan positiva que esa misma noche, entre tragos, la idea se volvió real.

Fanáticos del blackberry, Fernán Martínez y Juanes comenzaron a enviar correos a sus amigos y fue ahí cuando comenzaron a confirmar a los grandes. “Esto fue el típico ejemplo de unos tipos que tomando trago se ponen a soñar y luego no se pueden devolver del sueño”, recuerda Julio Sánchez.

La noticia comienza a rodar

El periodista radial de La W publicitó al día siguiente en la radio el concierto y lo convirtió en un hecho. Los teléfonos repicaron y Juanes y Fernán Martínez recibieron hasta 80 mensajes de gente que les ofrecía apoyo, muchos de ellos pidiendo anonimato. A las 10 a.m. del viernes era tan claro que tenían un concierto que convocaron a una rueda de prensa en Nueva York. Cuando llegaron al hotel, quince medios los esperaban.
 
En ese momento, por la TV, vieron el apretón de manos que se daban los presidentes de Colombia, Venezuela y Ecuador en la cumbre de Santo Domingo, y se preguntaron si todavía tenía sentido montar el evento. “Ahora más que nunca”, se dijeron. En ese momento decidieron que primero harían un concierto en la frontera con Venezuela aunque Juanes se comprometió con el presidente Correa a realizar un segundo evento en Ecuador.

Ricardo Montaner ya había confirmado y Carlos Vives tardó solo segundos en responder que sí. Luis Fernando Velasco se sumó al grupo.

Para poder tener control del evento, Fernán sumó un tercer blackberry a su colección. Con uno atendía a su familia, con el otro la gira de Juanes y con el tercero el concierto improvisado. Juanes dedicaba su tiempo libre a ultimar detalles también por teléfono y no dejaba de mandar mensajes desde su aparato.

La logística

Fernán Martínez tenía claro que el lugar más simbólico era el puente Simón Bolívar que une a los dos países. Por eso viajó a Cúcuta a revisar el lugar donde se haría el concierto, mientras Juanes seguía su gira por Nueva Jersey. El representante había dicho ante los medios, de una forma lírica, que el concierto se haría en las riberas del río, bajo el puente Simón Bolívar, de 315 metros de largo y 8 metros de ancho, con público ubicado a 15 metros bajo el puente. Pero cuando llegó comprobó algo más grave que el hecho de que fuera en un lugar en medio de una frontera o de que allí no hubiera baños, luz ni agua.

“Esto es un mierdero”, dijo Martínez, asombrado, cuando el 10 de marzo se asomó al puente ubicado sobre el río Táchira. Era su primer viaje, de tres que haría en una semana a Cúcuta, para estudiar el lugar en el que se realizaría el evento. El coronel Jorge Iván Flórez, comandante de la policía, se lo confirmó: “Esto siempre ha sido un basurero histórico”.
 
Cuando bajaron al lecho, cubierto de matorrales, y encontraron 20 gallinazos muertos, el oficial estuvo convencido de que el representante de Juanes se arrepentiría. Pero Martínez pidió que siguieran adelante. “Ahí me di cuenta de que la cosa iba en serio”, dijo Flórez. Cuando Giovanni Lanzoni, el productor del evento, se dio cuenta de la magnitud del espectáculo y lo poco apto del lugar dijo: “Esto es tan atípico como hacer un concierto en un ascensor”.

La comitiva oficial de Cúcuta se comprometió a arreglar el lugar, podar los matorrales y poner arena para facilitar el ingreso de la gente. Mientras tanto, los artistas comenzaban a enviar mensajes para aclarar cuestiones como la seguridad, los mosquitos y las condiciones del hotel. “Tranquilos, que todo está bien allá, y hay mujeres lindas”, les respondían. Pero la verdad era que tranquilo no estaba nadie.

La movilización de artistas

Casi todos los artistas cantaban el sábado y viajar un domingo en aviones comerciales era imposible por tiempo. En una movilización sin precedentes los organizadores consiguieron cinco jet privados G5para trasladar a los artistas. A través de una amiga de Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, este ofreció un jet para que Alejandro Sánz viajara desde Miami. Avianca ofreció un avión charter para llevar al grupo base de Juanes, con sus 25 personas y sus 20 toneladas, dos horas después de terminar su concierto en Puerto Rico. Colombina se ofreció a dar otro avión.
 
Así fueron coordinando en menos de cuatro días la forma en que los cantantes saldrían de sus países acompañados solo por dos o tres de sus músicos: Ricardo Montaner desde Baja California, en Los Cabos, en México, en avión privado hasta Caracas y de allí a Cúcuta. Juan Luis Guerra, desde Santo Domingo. Miguel Bosé, desde España. Juan Fernando Velasco, desde Quito.

Las empresas se vincularon con rapidez y donaron cerca de 500 mil dólares en menos de siete días. Juanes estaba nervioso: llamó varias veces a Martínez en la madrugada para preguntarle si había micrófonos, si el sonido se había conseguido -preocupación real debido a que la mayoría de equipos se había alquilado para los 92 eventos del Festival de Teatro. No podía dormir. A Fernán Martínez se le olvidó, por primera vez en su vida, consultar los listados de taquilla y ventas de su artista y seguir con la planeación de los otros 30 conciertos de Juanes en Estados Unidos.

Finalmente Giovanni Lanzoni dio el parte de tranquilidad: habían cancelado un concierto en Bogotá y junto con consolas traídas desde Barranquilla y otras ciudades había ya sonido para hacer el concierto.

Entre más de una veintena de patrocinadores pusieron lo necesario para la locura: las tres pantallas de leds; las señales viales; los 30 camiones de transporte con equipos de sonido, plantas eléctricas, muros y vallas y separaciones para cerrar carreteras; las dos tractomulas que llevaron la instalación de las tarimas; los tres buses para movilizar a los técnicos desde Bogotá; el Hotel Casino Internacional donde dormiría la gente; la empresa de logística que coordinaría la entrada del público; los 200 metros de tela blanca y los 4.000 pañuelos de Pat Primo para forrar la escenografía y el puente de blanco, y los 400 mil claveles del mismo color de Alpes Flowers. Caracol y RCN acordaron transmitir juntos el evento con una sola unidad móvil, diez cámaras y lentes de largo alcance debido a la complicación dada por la altura del puente, y Terra anunció que haría lo mismo por Internet. Hasta el ministerio de Cultura se unió al proyecto con 25 niños de grupos musicales de ambos países que abrirían la jornada.

Entre los que aportaron dinero y recursos estuvieron Cemex, Grupo Aval, Bancolombia, Comcel, Mazda, Águila, Colombina, Caracol, RCN TV, Servientrega, DHL, Expreso Bolivariano, People Sound, Logística 9 11 y Publiseñales, entre otros.

Los últimos detalles

La rapidez era clave. Para que todo resultara perfecto, resolvieron cerrar el puente, por el que cada hora transitan unas 30 tractomulas de entre 40 y 50 toneladas, en la madrugada del sábado y hacer un concierto de tres horas, desde el mediodía del domingo hasta las 3 de la tarde, para evitar el problema de las luces y para que la noche no causara problemas de seguridad.
 
Confiados en la experiencia de todos los artistas, se decidió también que la banda de Juanes tocara para todos. No habría tiempo de ensayar. Tampoco un programa previo. El mismo día, antes de salir al escenario, los artistas decidirían qué orden llevarían y qué canciones interpretarían. Acústico, sin libretos y al aire libre. Y vestidos de blanco, en la mitad entre Villa del Rosario y San Antonio del Táchira.

Cada artista, por su trayectoria y peso, cobraría de 400 mil a 500 mil dólares por presentarse. Con montaje y escenario, un concierto de esta magnitud no se habría hecho por menos de 4 o 5 millones de dólares, asegura Fernán Martínez.

El puente Simón Bolívar, que lleva 60 años sin ninguna mejora, fue dispuesto para albergar a 4.000 personas del barrio La Parada, de Colombia, y de San Antonio del Táchira. El resto del público se ubicaría en el lecho, sobre una especie de playa que se reacomodó con cuatro bulldozers, que arrasaron con piedras, maleza y basura.
 
Por el lugar en el que mensualmente transitan 495 mil vehículos se montaría de emergencia una tarima de seis metros de fondo, 14 de ancho y 1,70 de altura. Para evitar las congestiones se decidió obligar a la gente que viene de Colombia a dejar su vehículo a 850 metros del lugar. Para el control de la zona se dispusieron 200 personas de logística, 100 miembros de la Escuela de Cadetes, 500 de otras escuelas del país, 50 binomios de carabineros y 60 policías distribuidos desde Cúcuta hasta Villa del Rosario, por parte de Colombia. Un helicóptero apoyaría la transmisión.

Todo, en menos de una semana. Y todo por ayudar a un amigo que quiso, con la música, limar asperezas en la frontera.

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