Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/11/26 00:00

Los verdaderos propósitos de Chávez

El analista Rafael Guarín reflexiona acerca de las reales intenciones del presidente Hugo Chávez. “¿Usted ya conocía a los miembros de las Farc como lo había aceptado Raúl Reyes?, pregunta el articulista

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez. FOTO: AP

“Sus palabras, sus actitudes dan la impresión de que usted no está interesado en la paz de Colombia sino en que Colombia sea víctima de un gobierno terrorista de las Farc”, respondió Álvaro Uribe a la decisión de Hugo Chávez de congelar las relaciones en represalia a la decisión de finiquitar su papel en un acuerdo humanitario.
 
Como lo escribimos hace unos días en Semana.com, la verdad, presidente Chávez, es que su intervención siempre estuvo atravesada por la pretensión de expandir la revolución bolivariana y de una doble agenda que comprendía el apoyo al plan estratégico de las FARC. Era ingenuo pensar que se trataba de un acto de humanidad al margen de la construcción del “bloque regional de poder” que requiere el socialismo del siglo XXI. Más que la liberación de los secuestrados usted vio una oportunidad de construir las condiciones propicias para que su modelo se abriera paso en Colombia.
 
Desde un comienzo la puesta en escena se confeccionó con mentiras humanitarias. Una fue su encuentro en Miraflores con las FARC. ¡No fue un encuentro, fue un reencuentro! Raúl Reyes dijo al diario La Jornada de México el 3 de septiembre pasado que lo conocía y que habrían “muchas veces más para estar personalmente” con usted, además que es un hombre “afable”. Que bueno que le cuente al mundo ¿cuántas veces se han reunido? ¿Dónde? ¿Acaso en el campamento de las FARC en Venezuela del cual le informó el gobierno colombiano hace varios meses? ¿Con qué propósito? ¿Será todo esto resultado de su afabilidad?

Uribe no podía tomar una decisión distinta. Usted se dedicó a mostrarlo como el obstáculo para el acuerdo humanitario, desconoció su propia palabra al omitir informar sobre la reunión con el delegado de la guerrilla y violar la confidencialidad de las conversaciones. Pero el límite se cruzó al evidenciarse que con la senadora Piedad Córdoba se dedicó a tejer un cerco de presión internacional sobre Uribe, que a la postre significaría el quiebre de la política de seguridad democrática, una victoria para las FARC y un avance en su reconocimiento de beligerancia.

No hubo ni un solo progreso concreto a favor de los secuestrados, en cambio si muchos para las FARC. En vez de trabajar con prudencia y sigilo, presidente Chávez, se esmeraron por dar carácter político a ese grupo, al punto de pedir al mandatario francés su exclusión de la lista de organizaciones terroristas de la UE.

También consiguieron que éste se comprometiera a pedir a Bush que apoyara la exigencia de las FARC de una reunión entre Marulanda y usted, con la asistencia del mismo Sarkozy, posibilidad que había sido enfáticamente negada por el gobierno. Es decir, convirtieron la mediación humanitaria en el brazo diplomático de las FARC y en un instrumento con el que buscaban arrodillar a Uribe y a Colombia entera.

Además, trascendió que para las FARC el “intercambio tiene que confluir en un proceso de paz a través de una Asamblea Constituyente”, lo que patenta que el acuerdo no tiene nada de humanitario pero si mucha importancia dentro del plan estratégico de la guerrilla que incluye un gobierno transitorio, del cual su obsecuente mensajera habló con el guerrillero Simón Trinidad, preso en Estados Unidos.

Asimismo, presidente Chávez, las pruebas de supervivencia prometidas no llegaron, aunque con seguridad aparecerán “inocentemente” en manos de Córdoba cuando las FARC crean que son más efectivas para erosionar y constreñir al gobierno, incluso, en esa lógica, es predecible la liberación de algunos secuestrados, a lo que Uribe se anticipó con la bienvenida a gestos unilaterales.

Tampoco, teniente coronel, nada se adelantó en cuanto al despeje de Florida y Pradera. Las FARC lo exigen para negociar el acuerdo y reclamaran probablemente desmilitarizar nuevos territorios para efectuar la liberación. Igualmente, se conserva la demanda de excarcelar todos los guerrilleros para que vuelvan a delinquir, nada más ni nada menos que 1656 criminales, según datos del INPEC.

Uribe erró, o tal vez calculó mejor. Es factible que sabiendo que su participación tarde o temprano era inevitable, prefirió que se diera ahora y no como usted hubiera querido: 6 meses antes de la elección presidencial de 2010. La verdad, camarada Chávez, queda claro que no fue una “tonta” excusa ni una “traición” la que produjo su retiro como mediador, sino transformar un acto humanitario en una plataforma de guerra política de las FARC.

www.rafaelguarin.blogspot.com

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