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| 6/25/2005 12:00:00 AM

Maltrato en las aulas

Olga Lucía Hoyos, una sicóloga barranquillera, investigó por qué unos niños "se la montan" a otros. Silvia Camargo escribe sobre sus revelaciones. Foro con los lectores.

Hace un par de semanas los medios reportaron un incidente en las aulas del Colegio Distrital Guacamayas, en el sur de Bogotá, en donde un educador fue agredido por varios de sus estudiantes. El mismo informe citaba la cifra de 138 menores heridos en diferentes centros educativos, según Medicina Legal. También se relataban otros casos de agresión en la escuela, como el de un menor que fue obligado por un compañero a orinar acostado bajo la amenaza de que si no lo hacía lo chuzaban con una navaja. Los gritos del niño alertaron a una profesora del plantel y fue así como se conoció la historia.

Historias como las anteriores son frecuentes en Colombia. Pero la del niño que fue obligado a orinar en esas condiciones es especial pues se trata de un claro ejemplo de maltrato entre iguales, un fenómeno que se conoce en el mundo como 'bullying', por su nombre en inglés y que empieza a investigarse en el país. Este maltrato es preocupante cuando se da en niños debido a que se presenta en etapas del desarrollo que los hacen más vulnerables a ser afectados por este tipo de experiencias.

En la mayoría de casos, como sucedió en la noticia, las riñas, peleas entre pandillas, agresiones de profesores a alumnos o las de estos a sus superiores se tienden a mirar bajo la misma lupa, como si se tratara de un mismo tipo de violencia. Pero son fenómenos muy distintos. Las riñas y las peleas entre los estudiantes ocurren entre personas que tienen la misma capacidad de defenderse. En contraste, el maltrato entre iguales se da en personas que si bien comparten el mismo status en el plano horizontal -en este caso, niños de un mismo curso- uno de ellos tiene diferencias físicas o psicológicas que lo colocan en condiciones de desigualdad frente al agresor. "Un niño de más baja estatura, que usa gafas o que es emocionalmente más débil que otro podría ser una víctima", dice Olga Lucia Hoyos, psicóloga de la Universidad del Norte, una de las pioneras en el estudio del tema en el país.

Sin embargo, el que un niño presente esas características no es determinante, ya que al ser un problema de las relaciones interpersonales o de grupo, deben coincidir distintos factores. Identificar, por tanto, a una posible víctima no es tan fácil pues se creería que son los niños con algún defecto físico o un aspecto llamativo, quienes más propensos están a esta forma de agresión. Pero muchas veces son ellos quienes logran desarrollar defensas psicológicas fuertes y no se la dejan 'montar' tan fácilmente de los demás.

Un niño, víctima de 'bullying' con frecuencia presenta ausentismo e incluso llega a la deserción escolar. La víctima sufre de manera reiterada, de manera intencional y prolongada en el tiempo la persecución por parte del agresor: no es invitado a participar en actividades sociales, se burlan de él, le roban la comida, le crean rumores, le pegan o le someten a pruebas bajo amenaza como la del niño de la noticia.

Tanto los niños como las niñas son agresores. Ellos lo hacen más con golpes mientras que ellas acuden a las agresiones verbales y rumores o a la exclusión social. En secundaria, los casos aparecen con mayor frecuencia entre los 11 y los 14 años cuando cursan sexto y séptimo grado. En la primaria, se presentan desde los 9 años.

¿Qué lleva a un estudiante de escasos 11 años a perseguir y molestar a su compañerito en forma continua? Hay teorías que sugieren un componente biológico. Otras hablan de una necesidad de supervivencia y de lograr aceptación ejerciendo el poder sobre otros. Los científicos también creen que hay un componente cultural. Pero lo más probable es que sea una mezcla de estos elementos lo que determine dichos comportamientos.

Maltrato 101

En Colombia esta situación pasa inadvertida debido a que no se distingue claramente las distintas formas de agresión y los profesores no son siempre concientes del problema, reaccionando sólo ante los gritos y golpes de los niños, sin tener en cuenta que el maltrato entre iguales muchas veces es silencioso. Las víctimas no quieren denunciar al agresor por miedo a que ello conlleve más violencia. Durante su estudio de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, la psicóloga Hoyos participó en investigaciones sobre el tema. A su regreso a Colombia en 2001 quiso replicar esos estudios en el país y encontró que si bien la incidencia no es alarmante, los casos que se dan pasan desapercibidos y sin una adecuada intervención profesional.

Lo anterior es preocupante pues los casos que no se atienden a tiempo pueden generar ausentismo y deserción escolar. A largo plazo las consecuencias son mayores. Esta violencia interfiere en la estabilidad laboral futura, en las relaciones íntimas y en el desarrollo de una personalidad temerosa e insegura con muy baja autoestima.

Un segundo trabajo realizado por la experta se dedicó a indagar cómo percibían los niños este tipo de agresión. Los resultados fueron sorprendentes. A diferencia de lo que sucede en España, donde los niños de 9 años distinguen entre una pelea "normal" y el 'bullying', en Barranquilla solo los más grandes (13 años) lo detectan como tal. Una posible explicación de este resultado es que en Colombia existe una mayor tolerancia frente a la violencia. "Muchos soportan apodos agresivos y piropos insultantes, pero habría que corroborar la hipótesis", dice Hoyos. Indica que hay algunos profesores que, dependiendo de su contexto cultural, permiten o reprochan más las actitudes violentas.

La ignorancia frente al tema hace que no lo vean, lo cual constituye el peor escenario. Pero también es preocupante que cuando los profesores detectan un caso lo manejen en la forma menos adecuada, esto es, trivializándolo o sugiriéndole al niño agredido que "él se lo buscó". Se trata, como lo define Hoyos, de una doble victimización pues además de estar sufriendo por el maltrato al niño se le culpa por la situación. Otros piensan que estas conductas son formadoras de carácter y personalidad por eso las dejan pasar o sugieren que si les pegan devuelvan el golpe, lo cual "dificulta la cultura de la no violencia".

Curso remedial

Mucho se ha investigado sobre cómo intervenir en estos casos. Y lo más claro en el tema es lo que no se debe hacer: sancionar. "Esto no sirve porque solo apaga el fuego externo pero no soluciona el problema de raíz", dice Hoyos. Las investigaciones revelan que las víctimas buscan con más frecuencias a los amigos, antes que a los profesores o la familia, por tanto, estos datos sugieren que la intervención más efectiva es fomentar los procesos de conciliación en los cuales los mediadores sean compañeros que hayan sido previamente asesorados por un psicólogo especializado en el tema. Hay que comprender que el problema es del grupo social y no solo de los dos estudiantes involucrados en la relación de maltrato. Los testigos, por ejemplo, sufren repercusiones psicológicas del maltrato pues se consideran víctimas potenciales. Muchos de ellos no delatan al agresor por miedo o solo actúan cuando la víctima es un amigo. "Es necesario fomentar la solidaridad entre los alumnos para que ayuden también a los compañeros y no solo al alumno más cercano", afirma la investigadora.

Para lograr una buena terapia es preciso también combatir los mitos que hay sobre el tema de las peleas en clases. Entre ellos se encuentra pensar que éstas "son cosas de la edad", o que "solo suceden en los colegios públicos", o es "un problema de las clases bajas", que "no tiene nada que ver con la escuela" o que es culpa de la sociedad "porque el mundo está hecho un caos". Todas estas actitudes fomentan que la situación se generalice, que se quiten responsabilidades y que no se le de solución al problema.

Pero tal vez lo más importante es prevenir esta forma de maltrato y para ello la doctora Hoyos sugiere construir una cultura de la no violencia en las escuelas para que los niños resuelvan sus conflictos de manera pacifica sin necesidad de llegar a los golpes.

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