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| 2/5/2007 12:00:00 AM

Mancuso advierte sobre 5.000 nuevos paras dirigidos por miembros del Estado Mayor Negociador

La cifra del desmovilizado jefe paramilitar sobrepasa la contabilizada por la Policía Nacional que en sus archivos tiene unos 3 mil integrantes de las nuevas generaciones de autodefensa. ¿Qué pretende el líder paramilitar?

Desde que la Defensoría del Pueblo publicó un informe el año pasado en el que por primera vez advertía la aparición de nuevos grupos paramilitares, el tema viene amenazando el proceso de desmovilización de las AUC y la tranquilidad de los pobladores que hoy habitan las tierras que fueron de paramilitares. Desde ese entonces se viene hablando de las Águilas Negras, Doradas, Azules y Rojas; o de Los Machos, Los Rastrojos y Los Macheteros, a quienes se les atribuyen múltiples delitos ocurridos en el Valle, Nariño, Magdalena y los Santanderes.

Los cálculos oficiales fueron tímidos frente a la cifra que acaba de revelar Salvatore Mancuso, el ex comandante del Bloque Catatumbo desmovilizado hace tres años. Por un lado, la Policía Nacional no calcula en más de 3 mil los integrantes de nuevos ejércitos que han venido formando antiguas autodefensas, pero Mancuso, en un comunicado, acaba de decir que son más de 5.000 los hombres que se están rearmando.

“(...) es una cruda realidad que no podemos soslayar o minimizar. También los grupos de Autodefensas que no negociaron, siguen creciendo. Grupos armados emergentes los hay, como los hubo antes también, y han venido creciendo de forma exponencial, sólo que resultaba más cómodo para muchas personas calificarlos como pertenecientes a las autodefensas (...) El calificativo de ‘águilas negras´ tampoco puede ser ahora utilizado a la ligera sin ton ni son”, dice Mancuso desde la cárcel de Itagüí, quien atribuye a algunos miembros del Estado Mayor Negociador en Ralito la dirigencia de estas nuevas agrupaciones.

Dice el comunicado que la responsabilidad de estas bandas no es de los comandantes amparados bajo la ley de Justicia y Paz. Por el contrario, señala, muchos de ellos han sido víctimas de enemigos anónimos (como el atentado contra su hijo de once años) que vienen persiguiéndolo luego de rendir su versión libre ante un fiscal en Medellín.

Pero si es así, las amenazas han apuntado a todos lados. Aún no hay claridad de quién mató la semana pasada a Yolanda Izquierdo, una líder de víctimas de las AUC en Montería que venía reclamando las tierras que les arrebataron los hermanos Castaño y algunas de las masacres cometidas por Mancuso a finales de los 90. Tampoco se sabe quién ordenó el homicidio de otros dos líderes como ella en Córdoba y La Guajira, o quién incineró la sede de mujeres desplazadas de Bolívar en Cartagena. ¿Bandas criminales?, ¿nuevos ‘paras’?, ¿reinsertados desordenados?

Esta es una de las razones por las cuales no es claro de qué se trata las nuevas generaciones de los paramilitares. De hecho, la Policía Nacional y varios analistas del conflicto no hablan de la nueva saga paramilitar, sino de Bandas Criminales Emergentes (Bacrim), cuya naturaleza no muy clara.

“En Norte de Santander hay grupos organizados muy pequeños, de quienes se dice actúan bajo las órdenes de mandos medios de autodefensas. Algunos de ellos pertenecen a las Águilas Negras, pero otros tienen una mezcla de todo: ex guerrilleros, reinsertados, gente que trabaja en el negocio de la droga, etc.”, dice un oficial de la Policía que pidió la reserva de su nombre.

Mancuso señala en su comunicado que los nuevos ejércitos de autodefensa están siendo dirigidos por “destacados integrantes de lo que fuera en Ralito el Estado Mayor Negociador de las AUC”. Es decir que entre esos jefes podrían estar gente como ‘Don Berna’, ‘Jorge 40’ o Ernesto Báez que, para el caso, serían los directos responsables de los asesinatos atribuidos a estas bandas.

Sin embargo, vale la pena preguntarse qué hay detrás de las afirmaciones del antiguo comandante paramilitar. Quienes conocen algo de lo que está sucediendo adentro de la cárcel de Itagüí aseguran que Mancuso es un comandante venido a menos que no tiene el apoyo suficiente de sus colegas para actuar frente ante los tribunales de Justicia y Paz y ante la opinión pública. Tal vez eso explica el tono político que manejó en su comunicado, un discurso completo de las “injusticias” del Estado y de algunos enemigos contra los desmovilizados, y las preocupaciones que él tiene frente al seguimiento del proceso.

La otra duda es la cifra de 5.000 nuevos paramilitares. La precisión con que pretende manejar el tema puede ser un asomo de proselitismo político o una sugerencia que quiere que la vean como: “se los advertí”.

Independiente de cuántos sean, dónde estén y qué hacen, las nuevas organizaciones que dejó la desmovilización de las AUC son una realidad y, desde hace rato, el punto en contra más trascendental del proceso de paz.
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