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| 6/12/2007 12:00:00 AM

"Mátame, pero no me entierres"

Sucre desentierra su historia pagando un alto costo con la detención de dirigentes políticos, empresarios y ganaderos. Así es la vida en este departamento, donde el desaparecido jefe paramilitar, Rodrigo Mercado,‘Cadena’, dejó enterradas miles de fosas

Cuentan que por las calles de Sincelejo circula un mototaxista que ha perdido el sueño por un muerto. Su nombre no importa, puede ser uno de los tantos desmovilizados del Bloque Héroes de los Montes de María que encontró empleo en ese oficio. Un buen día, como cualquier otro en la vida de un sicario, un joven gatillero al servicio de las AUC recibió la orden de pelar a un campesino de quien sospechaban era guerrillero o auxiliador de la subversión. Después de varios días de buscarlo lo encontró por una vereda y le dijo, prepárate que hoy es tu día. Cuando lo subieron a un carro para llevarlo a un sitio apartado, el campesino, supuesto guerrillero, imploraba por su vida -“no me mates le decía”-, pero el sicario estaba resuelto a tirarlo al piso. Ante la actitud del sicario, el campesino resignado a su suerte aceptó la condena pero le hizo una petición: “mátame, pero no me entierres para que mi madre me encuentre, recoja mi cuerpo y pueda enterrarme”. El paramilitar le prometió que así lo haría. Pero la orden que había recibido era matarlo y enterrarlo, por eso incumplió la promesa de dejar el cuerpo tirado en el camino para que lo encontraran y lo terminó enterrando en medio del monte. Después de varios años de haber cometido ese crimen, lo que no deja dormir al mototaxista es la promesa incumplida. En las noches se despierta aturdido y sudando, y dicen que le han escuchado decir que no descansará hasta que la vieja, la madre de la víctima, a quien no conoce, sepa dónde está enterrado su hijo.

En Sucre, durante los cerca de 10 años de control paramilitar de las AUC, la orden de Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, alias Cadena, comandante del Bloque Héroes de los Montes de María, era sepultar a sus víctimas, desaparecerlas para que no quedara rastro de ellas y del crimen. No serán muchos sicarios los que tendrán esa pesadumbre, pero sí son centenares las madres que no han podido sepultar el cadáver de sus hijos muertos. Como el caso de un par de jóvenes que están desaparecidas a las que un día invitaron a la playa unos foráneos que decían ser compradores de aceite de cerdo para fabricar jabón, pero que en realidad eran investigadores judiciales. Se conocieron siendo vecinos, ellas no vieron nada de malo en el par de muchachos. Un día las dos jóvenes fueron invitadas por los comerciantes de aceite a las playas de El Francés, en el golfo de Morrosquillo, cerca de San Onofre, donde se había concentrado el jefe paramilitar. Una vez allá los jóvenes se pusieron a preguntar por alias Cadena. Nunca regresaron, los sepultaron junto con el carro en el que se movilizaban. Los comerciantes de aceite eran los agentes del CTI Fabio Coley Coronado y Jorge De la Rosa, habrían sido asesinados por Cadena y Juancho Dique. Varios años después de la desaparición, la madre de una de las jóvenes reúne grupos de oración esperanzada en que así hará volver a su hija.

Si Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, alias Cadena, viviera, los días no le alcanzarían para responder ante los jueces de Sincelejo por las desapariciones, desplazamiento forzado, concierto para delinquir, hurto y homicidio agravado que le imputan. Sólo en este año, entre el mes de enero y mayo, han llegado al Juzgado Penal Único Especializado de Sincelejo una docena de procesos en su contra. El pasado 8 de junio ese despacho judicial lo condenó a 37 años y nueve meses de prisión por el asesinato de la fiscal Yolanda Paternina Negrete, ocurrido en agosto de 2001 en Sincelejo. Muchos de esos procesos no avanzaron mientras el temido jefe paramilitar vivía, pero una vez desapareció en julio de 2005, las víctimas se han animado y están contando.

Como ocurrió con una comunidad de parceleros de Pita, una vereda de San Onofre, donde alias Cadena tenía uno de sus centros de operación. Esos parceleros habían sido obligados a malvender sus tierras. Se ha venido a saber hoy, gracias a un dispendioso trabajo de recepción de testimonios de los fiscales, que en el desplazamiento y despojo de que fueron víctimas participaron funcionarios públicos y políticos, algunos de los cuales se encuentran detenidos por falsedad material en documento público y testaferrato. Como es el caso del ex diputado, Nelson Stamp Berrío, el notario de San Onofre y su secretaria. Cadena y los funcionarios cómplices de sus tropelías, corrían escrituras suplantando muertos y falsificando documentos. La mayoría de los declarantes manifestó haber recibido el dinero por la venta de sus tierras de manos de Cadena. Las parcelas las englobaron en una sola propiedad en una finca a la que todos conocieron como la 70, a nombre de Comercializadora de la Sabana, cuyo representante legal es Eduard Ayala Bertel, cuñado del jefe paramilitar. Esas tierras, 400 hectáreas, la Fiscalía ordenó devolverlas a sus antiguos propietarios, aproximadamente entre 20 y 25 parceleros. En cada pedazo de tierra vivían varias familias.

Por esa posibilidad que tienen hoy las víctimas de contar los hechos, Sincelejo vive días de pánico, pues se está desenterrando no sólo a centenares de personas sepultadas en fosas comunes, también se están conociendo las razones que tuvieron muchas personas para ser sus cómplices. Durante los años de dominio de Cadena, nadie era capaz de desobedecer una orden suya. Incluso, las bandas de delincuentes comunes que lo desobedecieron fueron exterminadas. En Sincelejo y el Golfo de Morrosquillo no se disparaba un tiro sin su permiso. Y aunque la zona de influencia de Cadena eran los municipios de Coveñas, Tolú, Toluviejo, San Onofre y Palmito, en Sincelejo las clases altas, los políticos y quienes desempeñaban cargos importantes en el gobierno, el poder judicial y los órganos de control compartían con él en fiestas, reunionesy paseos a fincas. Cadena impuso sus condiciones. Muchos recuerdan las romerías al “palo de caucho” en la finca El Palmar en San Onofre, de propiedad de la familia Rhenals, a la que había desterrado, eran permanentes y apetecidas. Dicen que el senador Álvaro ‘el gordo’ García era uno de los cocineros de cabecera de Cadena, aunque al final, antes de la desaparición de Cadena, dicen que estaban muy distanciados porque ‘el gordo’ no quería atender sus pretensiones. Cadena y García vivían frente a frente en el barrio Venecia. Otro lugar de encuentro de las élites sucreñas con el jefe paramilitar era en las galleras, Cadena era propietario de una cuerda de más de 500 gallos finos.

Fue tan fuerte y dominante su presencia que hay quienes creen que si Cadena viviera y estuviera declarando, a Sincelejo y a los municipios del Golfo de Morrosquillo habría que cercarlos como una sola cárcel. Pero así como mucha gente compartía gustosa con él, pues llegó a ser bien visto estar en su compañía, también es cierto que la mayoría de las personas fueron obligadas a colaborarle. Desde el más pequeño comerciante del mercado, hasta el más grande de los almacenes del comercio pagó vacuna y muy pocos se enriquecieron, pero lo que sí es inocultable es que la tierra se apreció y las actividades ganaderas y agrícolas se reactivaron.
 
En los años de resplandor de su dominio fue elegido Salvador Arana Sus, gobernador 2000 - 2003, que se encuentra prófugo y quien después de haber terminado su período era quien coordinaba y consultaba con Cadena cada movimiento político y contractual que se hacía en el departamento. Arana militaba en el movimiento del ‘gordo’ García. Otras dos personas que tuvieron gran influencia, hoy desaparecidos, fueron Whiler Cobo López y Humberto Frasser. Cobo era el político, se encargaba de cobrar a los municipios las comisiones que se pagaban a las AUC por los contratos. Después de la desaparición de Cadena terminó al servicio de don Antonio y fue asesinado en Barranquilla en 2006. Frasser se encargaba de la ejecución de los contratos. Cadena, con los años, se volvió un individuo áspero y de pocos amigos.
 
Según fuentes que han declarado ante los organismos judiciales, Cadena tenía una nómina de funcionarios que le colaboraban y esa información la tenía en un computador que desapareció el día que lo mataron, pero eso no ha impedido que poco a poco se conozca con quiénes tenía relaciones y quiénes le colaboraban. A medida que declaran ante la Fiscalía los implicados, algunos detenidos, que fueron sicarios que seguían sus órdenes como ‘el Oso’, ‘el Cocha’, ‘Chaflan’, ‘el Flaco’, ‘Caliche’, ‘Mono loco’ ‘el Águila’, ‘el Chino’ y ‘el Diablo’, los cómplices de testaferrato y de concierto que se han acogido a sentencia anticipada, así como también las víctimas, Sucre comienza a desenterrar lo que todos saben que ocurrió en vida de Cadena.

Por eso es que por estos días, después de la detención de los cuatro diputados, de los congresistas García, Merlano y Morris, de un notario y sus funcionarios, de abogados y seis particulares y hace quince días la orden de captura contra cuatro alcaldes del Golfo de Morrosquillo (Palmito, San Onofre, Colosó y Toluviejo), otros funcionarios, políticos y particulares creen que pueden correr la misma suerte. Se conjetura que en los próximos días saldrán más de 30 detenciones. Una de las fuentes importantes ha sido la información hallada en el computador de ‘Jorge 40’ encontrado en manos de alias ‘don Antonio’, en especial las carpetas de los contratos relacionados con Coveñas. Los dos últimos alcaldes de este municipio otorgaron contratos a Coopsabana provenientes de regalías y nunca se ejecutaron, como la construcción del alcantarillado del municipio. Los representantes legales de esta empresa, los hermanos Chávez, uno fue asesinado y el otro está desaparecido.

Era tal el control que ejercía Cadena sobre la sociedad sucreña, que quienes decían no conocerlo eran considerados como “mierda de perro”, una expresión que quiere significar que es muy poca cosa socialmente. La sociedad sincelejana estaba a sus pies y esos encuentros ocurrían en medio de desplazamientos permanentes, masacres y despojo de tierras. Pero también es cierto que mucha gente lo hizo obligada e indefensa. Durante todos estos años ha habido guerra de pasquines donde se mencionan a todos los paras y sus testaferros. Hoy hay mucha gente indignada con la estigmatización. “Explíquenos usted, dice un hombre mayor en el parque Santander de Sincelejo: nos manteníamos entre dos frentes, guerrilla y paramilitares. En Chalán, municipio en los Montes de María, la guerrilla mató al cura, sacaron al médico, mataron al rector y atentaron contra la Policía. Hoy, después de todo lo malo que hicieron Cadena y Vecino, regresó el médico, ya hay cura, volvieron los policías y hay actividad en las fincas. Los políticos fueron por sus votos, pero no eran asesinos”.

La última semana de mayo terminó con orden de captura contra cuatro alcaldes, dos de los cuales está en libertad por un habeas corpus, y junio comenzó con especulaciones de más capturas. Miedo y nerviosismo es lo que despiertan los testimonios que se están desenterrando de lo que muchos aún consideran fue un mal necesario.
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