Martes, 17 de enero de 2017

| 2003/04/07 00:00

"Me siento estigmatizado"

El nombramiento del historiador e investigador Marco Palacios como rector de la Universidad Nacional ha suscitado polémica en la Ciudad Blanca y protestas de los estudiantes. En entrevista con SEMANA habló sobre todo lo ocurrido con su elección, su plan de modernización, la reforma académica, la fusión universitaria y respondió a las afirmaciones en su contra.

La elección del nuevo rector de la Universidad Nacional se convirtió en toda una polémica que ha superado la famosa Ciudad Blanca, incrustada casi en el medio de Bogotá.

Los rumores y panfletos que corrieron en su interior, advirtiendo sobre los supuestos peligros de elegir al historiador e investigador Marco Palacios dentro de la terna de la que se escogería al nuevo rector, corrieron de mano en mano.

Dentro de las muchas afirmación, numerosas cocinadas en medio de un tinto o de un simple rumor, se decía que durante la primera rectoría de Palacios (1984-1988), este había impuesto un modelo neoliberal que acabó con el estado de bienestar que allí existía, como las residencias universitarias y la cafetería, y que incluso, frente a los numerosos problemas de orden público y anormalidad académica, había permitido la persecución de estudiantes. Y que ahora, casi 20 años después, como candidato designado por el presidente Uribe, llegaría con la misión de sepultar la universidad de pública.

Lo que no daba cuenta esta revisión forzada de la historia, que en últimas opacó en algunos sectores la propuesta de Palacios de modernizar la Nacional, es que durante esos años la Universidad vivía tiempos difíciles, de continuos paros e interrupciones, de fuerte presencia y militancia de grupos ilegales, y que la cafetería y las residencias, más que dar beneficios, aumentaban las diferencias y los conflictos.

Si bien la administración de Palacios les puso fin y trajo de nuevo la normalidad académica por medio de un ejercicio de la autoridad, criticada por algunos por imposición, también es cierto que durante su rectoría se le dio un vuelco a los programas académicos, se promovió la investigaciones y se creó, entre otras cosas, el IEPRI. Y lo más importante, la Universidad logró mantener un ciclo continuo de estudios.

Lo cierto, es que en la consulta Palacios ocupó el segundo lugar en la votación, y días después fue designado por el consejo Superior como rector de la Universidad, por encima del saliente rector, Víctor Manuel Moncayo, quien había obtenido más votos.

Ahora, Palacios ha dado por terminado todo lo ocurrido en las elecciones y ahora se apresta a sacar adelante su plan de modernización de la Universidad. Frente a todo lo que se dijo, advierte que se siente estigmatizado y que con el trabajo serio cambiará ese prejuicio que algunas minorías crearon sobre él. Advierte que defenderá la universidad pública, su autonomía, que políticamente no tiene ningún vinculo con el gobierno y que no comparte la idea de que se fusione a la Universidad Nacional con otras, como la Pedagógica, Distrital o UNAD, entro muchas otras cosas.

Antes de viajar para México, SEMANA habló con Palacios, un intelectual independiente, franco y hombre de palabra, sobre su elección y el futuro de la Universidad más importante de Colombia.

José Fernando Hoyos: Usted que es un investigador y un historiador reconocido en Colombia y que desde hace años vive y trabaja cómodamente en el exterior ¿qué lo motiva a dejar lo que tiene para ser el rector de la Universidad Nacional?

Marco Palacios Rozo: Básicamente es una decisión vital. Siento que a esta altura de mi vida debo volver a vivir en Colombia después de una especie de autoexilio, de vacaciones fuera del país, a mi juicio muy prolongadas. Me enfrentaba al dilema de que si no tomaba la decisión de regresar ahora, quizá ya nunca más lo haría, y decidí que este era un buen momento y una buena oportunidad.

J.F.: ¿No le preocupa que una vez coincida su elección los estudiantes se hubieran declarado en anormalidad académica y hagan manifestaciones en rechazo a su nombramiento?

M.P: Eso no me parece grave ni me alarma en lo más mínimo. Es más, me parece natural. Entiendo que algunos no me quieren por prejuicio, porque sobre mí se ha levantado una imagen construida. Pero mientras esa protesta se mantengan dentro de los límites de la no violencia es bienvenida.

Lo que pasa es que hay una idea en la Universidad según la cual la consulta es el todo, pero si uno ve las reglas de juego no lo es, es solo una parte de la elección. Las reglas dicen que la comunidad universitaria hace una consulta para escoger a tres candidatos, de los cuales, el Consejo superior, máxima autoridad de gobierno de la universidad, escogerá libremente.

J.F.: Pero queda un poco el sabor de que las preferencias de los profesores, alumnos y empleados estaban con el actual rector y que el Consejo debía respetar eso.

M.P: No. Incluso quiero recordar que hace 6 años el actual rector Moncayo era como yo, estaba lejos del primer candidato en las preferencias, y a pesar de eso, el Consejo lo designó a él.

Además, hubo tasas de abstención altas, de 75 por ciento, 80 o más de estudiantes que no votaron, probablemente más por apatía o porque no están interesados en ese proceso, así que creo que las protestas vienen de unas minorías, que son importantes y que deben ser escuchadas.

J.F.:¿Cree que este rechazo se debe a que los medios no lo han presentado como el mejor de los candidatos, aparentemente por lo ocurrido en su primera rectoría?

M.P: No he encontrado una presentación mía negativa en los medios de comunicación, pues han sido muy parcos durante la consulta. Es dentro de la Universidad donde me siento estigmatizado, satanizado. Han dicho que soy el representante del Presidente Uribe, que soy un uribista de derecha, un neoliberal que viene a acabar la universidad pública y que incluso, contribuí para que se cometieran asesinatos dentro de mi primera rectoría.

Creo que algunos estudiantes, promovidos por ciertos grupos, han hecho una lectura muy simplista de mí al hilar una sería de afirmaciones como: el neoliberalismo quiere acabar la universidad pública, Alvaro Uribe es un neoliberal de derecha, Palacios se interesa por la rectoría en el momento en que la derecha gobierna al país; por lo tanto, Palacios es de derecha y viene a desarrollar todo un proyecto neoliberal, reaccionario y represivo. Eso es fácil de construir de alguien, sin importar que sea mentira. Mi tarea, muy delicada, cuidadosa, es ahora desmontar eso y demostrar que no soy eso, que soy una persona más compleja y que tengo una visión más compleja que esa.

Para mi tranquilidad cuento con el apoyo de verdaderos líderes y de grupos de profesora y estudiantes que entienden de que se trata mi proyecto.

J.F.: Todos saben que usted es una persona intelectual y académicamente independiente, pero cómo mantenerla cuando usted tuvo el voto del gobierno.

M.P:Hasta cierto punto es más fácil. Yo soy independiente por naturaleza y no pertenezco a ningún partido ni facción y eso me permite en un momento determinado hablar con una voz que está más allá de las coyunturas políticas. Me permite hablar con más autoridad moral frente al gobierno, porque no soy gobiernista ni tampoco antigobierno. Obviamente, como rector de la universidad, debo que ser muy prudente, porque cuando yo hablo hacia el público ya no estoy hablando con mis convicciones, si no que debo pensar en la responsabilidad que tengo. Por ejemplo, ahora estoy defendiendo el hospital universitario. La ley 100 de Seguridad Social eliminó los hospitales universitarios, y ese fue un gran error en términos de la formación del recurso humano. Ahora debemos trabajar muy fuerte con el gobierno y con el Congreso para que la universidad tenga de regreso el hospital.

J.F.: Algunos consideran que la alta votación que recibió el rector actual en la Consulta por parte de profesores y estudiantes, más que un rechazo a usted, muestra un voto para que se sigan algunas cosas que se están haciendo en la universidad. Va a continuar con algunos programas o va a hacer tabula rasa.

M.P: Hablar tabula rasa en la Universidad Nacional sería ridículo y completamente irresponsable. Hay muchas cosas de la actual rectoría con las que voy a proseguir, como la defensa de la universidad pública y de una serie de valores fundamentales de la Universidad Nacional. Voy a seguir peleando por el presupuesto y naturalmente por la estabilidad que se ha logrado en muchas cosas. Pero planteé una alternativa de cambio, porque sí siento que la universidad necesita en este momento una reforma académica de fondo, en los planes curriculares, de estudio, en el fortalecimiento de los programas investigativos?

J.F.:¿Cómo enfrentar ese rechazo en su contra?

M.P: Este es un escollo transitorio, no permanente. Les voy a escribir a sus direcciones electrónicas y, al igual que lo hice hace 20 años, a sus casas, explicándoles mi posición y la de la Universidad, invitándolos, dentro de la convivencia que debe haber en la universidad, al diálogo. Sé que los Estudiantes son muy razonables y saben dónde están sus intereses y los límites

J.F.: Usando un lenguaje político, la campaña ya terminó y ahora hay que tratar de trabajar en la comunidad universitaria. ¿Cómo va a manejar la divergencia o los grupos que no estén de acuerdo?

M.P: En esencia, y hablando en términos que a veces se usan en la política, lo que tengo que hacer en la Universidad Nacional es sumar.

J.F.:¿Hay mucha diferencia entre el Marco Palacios de 1984, cuando fue rector y el de ahora? ¿Qué ha aprendido en este tiempo?

M.P: Han pasado 20 años que sin dudas marcan una diferencia notable en la vida de uno, supongo que para bien, en el sentido de que uno madura mucho. Tengo la convicción de que puedo hacer una buena rectoría, de que ahora soy mucho más maduro en mi trabajo académico, creo que tengo más humildad, y más sentido de lo relativo y lo efímero que son muchas de las cosas que uno se plantea. Pero también sé lo importante que en este momento es para el país hacer cosas.

J.F.: Realmente, ¿qué es lo que usted quiere hacer en la universidad? ¿Cuál es su plan de gobierno?

M.P:Como tengo una experiencia internacional, vengo con un plan más fresco que busca ponerla a tono con las universidades en el mundo. La Universidad Nacional de Colombia es lo que más se parece en este país a una gran universidad moderna, pero creo que en términos de la estructura académica está unos 50 años atrás y es muy conservadora en su organización. Está en mora de actualizarse, en modificar sus programas, en pensar más en la investigación y en los posgrados. Es una universidad que tiene que pensar más en la jornadas nocturnas, en los sectores populares, en establecerse fuera de la ciudad universitaria y mirar el mapa de Bogotá y ver el servicio de educación superior con calidad que podría prestar en los barrios populares, para gente que tiene que trabajar en el día? en fin, la Nacional tiene que actualizarse.

J.F.:¿Qué significa ponerla a tono con la tendencia mundial?

M.P: Ponerla a tono es que, por ejemplo, el corazón de las universidades del mundo está en unas grandes bibliotecas que trabajan todos los días de la semana, muchísimas horas, con muchísimos libros e integradas a redes informáticas que les permiten a los estudiantes bajar muchísima información y procesarla.

J.F.:¿Lo que usted plantea de abrir nuevas sedes va de la mano de abrir una línea tecnológica o de pronto carreras más prácticas?

M.P: Puede ser, pero todo tiene que estudiarse con mucha tranquilidad y con mucha serenidad. En general tienen que ser carreras que no sean muy costosas, que se puedan enseñar de noche, sin detrimento de la calidad. Es obvio que nadie está pretendiendo que física o matemáticas se enseñe a las 9 de la noche, pero hay muchísimas cosas que sí se pueden aprender a esa hora.

J.F.:¿Pero esa reducción de los semestres en algunas carreras y la extensión de la jornada no van en detrimento de la calidad de la educación, que es un tema que le ha preocupado mucho a la Universidad Nacional?

M.P: Yo creo que hay un sofisma en pensar que si uno se demora 7 años en lugar de 5 para hacer una carrera va a salir más calificado. Eso no es cierto. Sencillamente los estudiantes de la Nacional en promedio gastan de 50 a 70 por ciento más tiempo del que debería ser si cumplieran con todas las cosas. Esa prolongación es muy costosa socialmente, para los estudiantes y para todo el mundo. De modo que no creo que ese sea el problema de la calidad. Y por el contrario, lo que creo es que hay que fortalecer los posgrados y la investigación, y al hacerlo, se fortalece en general la calidad de la docencia.

J.F.:¿Qué opina usted de la posibilidad de que se fusionen la Nacional con la Distrital, la Pedagógica y la Unda?

M.P: Es muy difícil. Creo que otra de las lecciones que debemos aprender del mundo es que estas megauniversidades terminan siendo tan complejas que no tiene sentido. Incluso ese un tema dentro del aumento de la cobertura que el gobierno nacional tiene que estudiar cuidadosamente, porque al seguir creciendo se llega un momento en que el número mismo de estudiantes no deja gobernar, ni ser eficiente y se burocratiza demasiado.

En lo que sí debería haber integración es en hacer una serie de convalidaciones en materias, en ciertos procesos administrativos compartidos. Voy a poner un ejemplo: la Universidad Nacional acaba de adquirir y esta ensayando unos programas informáticos muy importantes para poder hacer matrículas por internet. Ese tipo de cosas se podrían compartir.

J.F.: Usted ha hablado de devolverle la autoridad o por lo menos un orden a la Universidad. ¿Cuál esa autoridad, y en qué se parece o diferencia de la que plantea el presidente Uribe?

M.P: Pues se diferencia en que el Presidente es el Presidente de la República, de la Polis, mientras que la ciudad universitaria es un campo de saber, de conocimiento. En la ciudad universitaria obviamente la autoridad tiene que basarse en el consenso en la convivencia, en una serie de pactos y de reglas que tienen que ver con el respeto al otro y con la libertad de cada cual, dentro de una concepción de responsabilidad social. La gente que conoce y puede saber en este país es privilegiada y tiene que devolverle a la sociedad ese privilegio del conocimiento.

J.F.: Nuevamente, ¿cómo definiría la autoridad que usted quiere poner en la universidad?

M.P: La autoridad es una convicción de cada cual. Cada quien obedece o acata una autoridad determinada. Cuando yo tengo autoridad como profesor, es porque estoy convencido de que los estudiantes han visto el gran trabajo que hago al preparar una clase, dominando los temas, abriéndoles horizontes. La autoridad de un rector es algo parecido, es algo que tiene que venir de la convicción de los estudiantes de que uno está allí genuinamente, sirviéndole a la institución. Eso se construye lentamente, no se puede imponer.

J.F.:¿Qué tiene que ver la seguridad democrática del gobierno con la autonomía universitaria? ¿Cómo la afecta?

M.P: Al igual que mi primera rectoría digo que la Nacional no es extraterritorial, es autónoma. Es decir, hace parte del territorio nacional, que a su vez tiene unas autoridades legítimas, que como dicen la Constitución Política deben proteger la vida, honra y bienes de colombianos. Cuando jure como rector, me comprometeré a obedecer la Constitución y las Leyes, y deberé buscar la máxima armonía con las autoridades del estado

Entendido esto, la función del rector y de las autoridades de la universidad no es la de realizar inteligencia ni reprimir a los grupas armados, para eso están las autoridades de la República. A las autoridades de la Universidad les corresponde defender un valor básico, que es el de las libertades individuales, de pensar, de expresarse, sin la cual no existiríamos como proyecto de sociedad civilizada.

Sin dudas, creo que la Universidad debe mejorar su sistema de vigilancia para proteger sus recursos, como laboratorios que valen miles de millones de pesos o redes informáticas, y para protegerse de la delincuencia común, de la distribución de drogas.

J.F.: Se ha hablado sobre la infiltración y presencia en la U. de grupos armados ilegales. ¿Cómo afrontar ese fenómeno?

M.P: la Infiltración no es evidente, es probable. Excepto casos aislados, como cuando fue usado su campus para disparar unos cohetes contra la fiscalía o de unas estudiantes de medicina, lo demás es verificable. Es más, esto comprueba la vulnerabilidad del campus como la de cualquier lugar de Bogotá a este tipo de acciones. La ciudad universitaria tiene 130 hectáreas, más 150 edificaciones y un entramado urbano complejo dentro de la ciudad. Es evidente su vulnerabilidad como la de la ciudad a las acciones de estos grupos armados, hasta ahí la evidencia, pero que este infiltrada, no.

No se debe estigmatizar a la universidad y a su comunidad. Estos grupos no tienen cabida, pues la mayoría abrumadora de profesores y estudiantes los rechazan y tienen unas actividades pacíficas.

J.F.:¿Pero no creo que los casos demuestran que sí hay una presencia de estos grupos?

M.P: Esa fama tiene que ver con los medios. Yo creo que a veces sobre la Universidad Nacional, aquí en Bogotá, pesa un estigma similar al de los colombianos en el exterior, que yo mismo lo he sufrido con mi pasaporte. La gente tiene que comprender que es un predio inmenso, con mucha tradición para muchos grupos dada la libertad que hay ahí y que no hay un control estricto, pero que se debe mejorar..

J.F.: Claro que este estigma va más allá y se juzga a la gente por leer ciertos autores o por expresar ciertas opiniones.

M.P: Yo entiendo que cuando hay secuestros y todo lo que ha habido en Colombia en los últimos 20 ó 30 años, la opinión se endurece, más aún después del 11 de septiembre que cambio el clima mundial y endureció los discursos. Basta mirar la guerra en Irak que es tan ilegal y tan injusta. Pero hay que contrarrestar eso, pues eso no es saludable para la democracia del país.

En el momento en que empiecen a haber cortapisas para la libertad de expresión, entonces ya la cosa se pone preocupante. Lo que uno debe condenar desde todo punto de vista y sobretodo en un campus universitario es la violencia, porque es una manera de intimidar a todos los que deberían estar ahí, trabajando tranquila y racionalmente.

J.F.:¿Qué es para usted la U. Nacional?

M.P: Es el espacio de conocimiento más avanzado, más desarrollado y más pluralista que tiene Colombia. Pluralista en los social, lo económico y lo étnico, y en esa vocación que tiene la Universidad Nacional de ser laica, de respetar todas las creencias y de tener una idea crítica que a veces se vuelve un asunto de rutina contestataria muy empobrecedor.

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